La vida empezó en el planeta Tierra hace unos 4.500 millones de años. El Universo había iniciado su existencia hace unos 14.000 millones de años. Se nos vuelve imposible pensar cómo será todo dentro de 4.500 millones de años. Aún es imposible imaginar cómo será el planeta Tierra dentro de un millón de años. ¿Existirá nuestra especie? ¿Seguirán discutiendo de política y fútbol nuestros archi tátara nietos, dentro de mil años? ¿Cómo será el mundo en el año 2100?
Para alguna gente esto no es importante. No estarán vivos y por lo tanto, que sea lo que sea. Para otros la tarea de "dejar un mundo mejor" da sentido a la vida. Aumentar las libertades, terminar con la pobreza y la injusticia, prolongar la esperanza de vida, bajar los niveles de violencia y delito, inventar nuevos chiches tecnológicos que nos generen nuevas diversiones y placeres. Evolucionar hacia algún tipo de utopía y eludir las diferentes distopías sobre las que escritores como Aldous Huxley, George Orwell, o películas como Matrix nos han advertido.
Mientras aquí pensamos que intentar crear el mejor futuro posible, evitar los riesgos para nuestra supervivencia y mejorar sustentablemente la calidad de vida, podría considerarse uno de los aspectos característicos de nuestra especie, como también es la capacidad de organizarnos y pensar en el futuro deseable y realizarlo. En tiempos antiguos pensar el futuro era tal vez cazar un elefante y tener abundancia de alimentos por un par de semanas. Requería de la cooperación de un equipo de cazadores, constructores de redes, trozadores, y requería compartir no ya por puro altruismo sino para que la carne no se pudriera en manos de unos pocos que habían participado directamente de la caza. Debía compartirse con las mujeres y los niños. No ya por un mero altruismo puro, sino para que la generación siguiente creciera fuerte, y las mujeres bien nutridas fueran capaces de engendrar y criar más hijos.
Luego planificar fue para algunos pueblos preparar la tierra, sembrar, cuidar los cultivos y cosechar. Un invento logrado en Turquía, Medio Oriente y la Mesopotamia por un lado, en China e India y en América por otro. Que requería una planificación a plazos mucho mayores. Sacrificar tiempo que podía dedicarse a la caza para cuidar durante meses un cultivo que podía perderse, almacenarlo, cuidarlo de bandoleros y alimañas para asegurarse el sustento todo el año sin la incertidumbre del cazar o no cazar. El trigo, el maíz o el arroz estaban a buen resguardo hasta que llegara la siguiente cosecha.
E incluso se podría comerciar con los cazadores que tendrían excedentes de carne o pescado, la energía de los glúcidos a cambio de la proteína. Surgieron así las ciudades, el comercio, los precios, la moneda, la industria que elaboraría harina.
Darwin descubrió que las especies evolucionan, cambian con el tiempo, innovando a través de mutaciones al azar y recombinaciones de su genética. Otros pensadores han reflexionado sobre cómo evolucionan también las sociedades, la tecnología, todo lo que vemos a nuestro alrededor. Cómo evolucionan y cómo queremos que evolucionen.
Ciertamente extrapolar la evolución biológica a lo que puede ser la evolución social es altamente riesgoso y ciertamente debe ser lo opuesto a una "ley de la selva" o a una "supervivencia del más apto", aunque sí nos debe recordar la importancia de la educación y del desarrollar "aptitudes" sean estas del tipo que sean, desde construir puentes, saber desarrollar cultivos o tocar con maestría la guitarra eléctrica, ser capaces de disfrutar agregando valor y logrando una remuneración por ello, haciendo una sociedad mejor.
La evolución es la idea que nos permite saber quiénes somos, porqué estamos aquí y también puede darnos pautas sobre hacia dónde queremos ir. Tras ser un proceso de mutaciones azarosas, de ensayo y error, como especie tenemos el timón de nuestro propio destino. Si seguimos agrediendo al planeta que habitamos, naufragaremos, si guerreamos con armas cada vez más potentes, nos aniquilaremos. Pero la evolución nos ha dado poderosos cerebros y la capacidad de soñar con un futuro mejor. Está en nosotros construirlo.
Por Eduardo Blasina*
*Es Ingeniero agrónomo, escritor y autor de "El descubrimiento de la evolución" y analista de mercados de materias primas. Actualmente Director del Museo del Cannabis de Montevideo, es un férreo defensor de la cultura cannábica y de lo que esta nos puede aportar como especie.
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