Ni el hambre ni las ganas de comer.
En 1898 los felinos atacaron repetidamente a los trabajadores de una línea férrea en Kenia, devorando a decenas de ellos.
Los trabajadores dedicados a la construcción de la línea ferroviaria en Tsavo, Kenia, hace más de un siglo, vivían aterrorizados hasta el punto de que se negaban a ponerse manos a la obra. Dos leones que merodeaban el campamento encontraron entre los obreros del Imperio Británico y los lugareños de la etnia Taita un bocado aparentemente irresistible del que dieron buena cuenta durante nueve meses.
Bautizados como los "devoradores de hombres", se les llegó a atribuir la muerte de 135 personas, aunque entonces la compañía de ferrocarril solo reconoció 28. Estudios posteriores ajustaron la cifra de víctimas en 35.
Estos animales fueron considerados por los nativos como la encarnación de los espíritus del mal, hasta que el militar británico John H. Patterson, contratado para abatirlos, logró su propósito. El episodio se transformó en leyenda e inspiró tres películas de Hollywood. La última y más famosa fue The Ghost and the Darkness , traducida como "Garras", protagonizada por Val Kilmer y Michael Douglas y estrenada en 1996.
Pero los motivos que llevaron a estos leones, ambos machos, a una depredación humana tan insistente, intrigaron siempre a los científicos. ¿Fue el hambre, la falta de presas habituales provocada quizás por la sequía? Una nueva investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Vanderbilt en Nashville (EE.UU.) revela que, en realidad, a estos "demonios" no les empujó la desesperación sino algo tan prosaico como una enfermedad dental.
Según informa el periódico ABC, un nuevo estudio realizado en EEUU analizó el desgaste microscópico en los dientes de los legendarios depredadores, que en la actualidad se muestran disecados en el Museo Field de Historia Natural de Chicago. "Nuestros resultados sugieren que los humanos no eran el último recurso de los leones, sino la solución más fácil a un problema", explica Larisa DeSantis, profesora de Vanderbilt, en la revista Scientific Reports.
"Es difícil de comprender las motivaciones de unos animales que vivieron hace más de cien años, pero los avances científicos nos permiten hacer precisamente eso", apunta Bruce Patterson, del Museo Field. "Como el museo conserva restos de estos leones, podemos estudiarlos utilizando técnicas que habrían sido inimaginables hace cien años", añade.
La dieta antes de morir
Con el fin de arrojar luz sobre las motivaciones de los leones, el equipo empleó una técnica de análisis microdental en los tres leones devoradores de hombres de la colección del museo: los dos leones de Tsavo y uno de Mfuwe, Zambia, que mató al menos a seis personas en 1991. El análisis pudo proporcionar información valiosa acerca de la naturaleza de la dieta de los animales en los días y semanas antes de su muerte.
DeSantis y Patterson querían comprobar si la escasez de presas pudo haber impulsado a los leones a atacar a los hombres. En ese momento, la región de Tsavo estaba en medio de una sequía de dos años y una epidemia de peste bovina que habían devastado la fauna local. Si los leones estaban desesperados por la comida y se alimentaban de carroña, debían mostrar un microdesgaste dental similar al de las hienas, que habitualmente mastican y digieren los huesos de sus presas.
"A pesar de los informes de la época que se referían al sonido del león crujiendo los huesos de sus víctimas en los alrededores del campamento, los dientes del león de Tsavo no muestran patrones de desgaste en consonancia con la alimentación de huesos", subraya DeSantis. "De hecho, los patrones de desgaste en los dientes son sorprendentemente similares a los de los leones de zoológico que normalmente se aprovisionan de alimentos blandos como carne de res y de caballo".
Infección en un colmillo
El estudio propone que una enfermedad dental y una lesión transformaron a los leones de Tsavo en devoradores habituales de hombres. El león que comió más carne humana, 24 personas según lo establecido por un estudio previo mediante el análisis químico de los huesos y la piel, sufría una enfermedad dental severa. Tenía un absceso en la raíz de un colmillo, una infección dolorosa que le impedía la caza normal.
"Normalmente, los leones utilizan sus mandíbulas para atrapar presas como cebras y búfalos y asfixiarlos. Para este león hubiera sido un reto someter y matar grandes presas que luchan; los seres humanos son mucho más fáciles de atrapar", explica Patterson, según recoge el citado periódico.
El compañero del león enfermo, por el contrario, tenía lesiones menos pronunciadas en sus dientes y la mandíbula, lesiones que son bastante comunes en los leones que no son devoradores de hombres. De acuerdo con el mismo análisis químico, consumía muchas más cebras y búfalos, y mucha menos gente -once, en total-, que su compañero de caza.
El hecho de que el león de Mfuwe también tuviera graves daños estructurales en su mandíbula proporcionó un apoyo adicional para la teoría de que los problemas dentales provocaron los ataques a seres humanos, al igual que una serie de informes de incidentes de tigres y leopardos "devorahombres" en la India colonial, que citan enfermedades similares.
Carne humana, plato habitual
"Nuestros datos sugieren que estos leones devoradores de hombres no consumían por completo los cadáveres de sus presas humanas o animales", dice DeSantis. "En cambio, las personas parecen haber sido un complemento de su dieta ya diversa. Los seres humanos han sido un plato habitual en el menú no sólo de los leones, sino también de leopardos y otros grandes felinos. Hoy en día, los leones rara vez cazan personas, pero como las poblaciones humanas continúan creciendo y el número de especies de presa declina, el comer carne humana puede llegar a ser una opción cada vez más viable para muchos leones".
Los leones de Tsavo, que no tienen melena, cazaban en pareja, algo curioso para ser ejemplares con gustos gastronómicos tan distintos. Se escondían entre los matorrales para después abalanzarse sobre sus víctimas como fantasmas salidos de las sombras. Al teniente coronel e ingeniero Patterson le dieron muchísimos dolores de cabeza, hasta que logró matarlos a tiros. Quizás fue su orgullo de cazador lo que hizo que elevara la cifra de víctimas humanas a más del centenar, o quizás lo creía realmente. El primer ejemplar murió el 9 de noviembre de 1898 y el segundo lo acompañó veinte días después. De inmediato, los ataques cesaron, y los dos leones fallecidos comenzaron a transformarse en leyenda.


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