Las grandes plataformas digitales —como TikTok, Instagram, Spotify y Pinterest— han comenzado a ofrecer a los usuarios nuevas herramientas para ajustar sus recomendaciones, en un intento por responder a críticas sobre la falta de control real frente a los algoritmos que dominan los contenidos que vemos a diario. Sin embargo, expertos advierten que estas opciones aún son limitadas y no abordan el problema de fondo: el diseño algorítmico pensado para retenerte, no para comprenderte.
El algoritmo de recomendación, basado en inteligencia artificial, rastrea cada acción del usuario —clics, likes, tiempo de visualización— para predecir qué contenido le podría gustar. Si bien estas recomendaciones buscan mejorar la experiencia, su verdadero objetivo es maximizar el tiempo de uso y, por ende, los ingresos de las plataformas.
¿Qué opciones nuevas ofrece cada plataforma?
Varias empresas han implementado o anunciado funciones para que los usuarios puedan personalizar lo que ven:
- Instagram y Threads permitirán elegir manualmente temas para ver más o menos contenido, incluso usando el comando Dear Algo.
- TikTok ofrece una barra para reducir o aumentar la aparición de ciertos contenidos, incluidos los generados por IA.
- Pinterest habilitó un control exclusivo para gestionar la aparición de imágenes creadas con inteligencia artificial.
- Spotify prueba una playlist interactiva que se adapta a comandos directos del usuario y permite modificar su “perfil de gusto”.
Aun así, estas configuraciones siguen siendo superficiales. Un solo clic o un par de segundos viendo un contenido fuera de tus intereses puede resetear el algoritmo, y el usuario queda nuevamente atrapado en un bucle de recomendaciones que no pidió.
¿Por qué el algoritmo es un problema estructural?
Las plataformas se basan en sistemas de scroll infinito y en el llamado doomscrolling, ese consumo compulsivo de contenidos que puede generar ansiedad, fatiga o sentimientos de culpa. El diseño está hecho para que el usuario no se detenga, y cada gesto es traducido en datos que refinan las recomendaciones… no siempre a favor del bienestar.
Este efecto es especialmente grave entre adolescentes, según múltiples estudios. La exposición prolongada a contenidos sobre estética, éxito o consumo puede derivar en trastornos de imagen corporal, baja autoestima, falta de concentración y problemas de socialización.
¿Hay control real sobre lo que vemos?
Aunque existen opciones para limitar el tiempo de uso o activar cuentas especiales para menores y controles parentales, lo cierto es que el sistema sigue operando sobre criterios opacos. Diversos estudios denuncian que los algoritmos pueden amplificar desinformación o contenido dañino, incluso si va contra las normas de la propia plataforma.
Además, se han detectado sesgos raciales, ideológicos y sociales en los algoritmos, producto de entrenamientos basados en datos que no fueron filtrados adecuadamente. Esto puede afectar negativamente a comunidades enteras o reforzar estereotipos.
Con información de Europa Press
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