El hombre lleva junto al perro unos 40 mil años. Sin embargo, la ciencia no se ha interesado por el estudio del comportamiento de las mascotas hasta hace poco tiempo. La etología (disciplina que estudia el comportamiento animal) lleva menos de un siglo trabajando y tan solo hace un par de años que los científicos decidieron dar un paso más en la observación de la conducta animal.
Diferentes neurobiólogos, en Europa y Estados Unidos, realizaron estudios con resonancia magnética para saber qué es lo que ocurre en el cerebro de los perros. Los resultados validan lo que los amantes de las mascotas afirman desde hace mucho tiempo: los animales poseen emociones tan complejas al punto de parecerse a las de los humanos.
Gregory Berns, neurocientífico de la Universidad de Emory en Atlanta, es el líder de The Dog Project: la primera investigación en aplicar la resonancia magnética a los perros. Para ello se utilizó, entre otros, el procedimiento de imagen por resonancia magnética funcional, que mide la actividad cerebral mediante la detección de cambios asociados en el flujo sanguíneo. Berns expuso a diferentes perros a los olores de personas familiares y desconocidas: el olfato es el sentido más desarrollado en los caninos. El resultado arrojó que el núcleo caudado (una especie de "centro de recompensa" del cerebro canino, lo que sería en los humanos algo así como la experiencia de la belleza y lo romántico) se activaba ante los aromas de familiares, pero no ante los de personas no conocidas.
Con la base en las investigaciones de Berns, un equipo de la Universidad Eotvos Lorand (Budapest) aplicó la misma técnica para observar la respuesta de los perros pero ante los sonidos. Los animales puestos a prueba fueron expuestos a casi doscientos sonidos de voces humanas y ladridos, teniendo en cuenta un variado margen de emociones y sentimientos. Un grupo de personas también fue expuesto a los mismos sonidos, con intención de comparar los resultados. Se trató del primer estudio comparativo de neuroimágenes entre el hombre y otra especie, sin contar a los primates. El análisis reveló que la corteza auditiva (la región del cerebro encargada de procesar los sonidos) en los humanos y en los perros responde de igual manera. Esto significa que, ante un quejido, una risa o un llanto, la reacción del perro es análoga a la de los seres humanos.
Attila Andics, líder del proyecto, dijo al diario Clarín que sus "estudios demuestran que los perros son muy sensibles a las señales vocales humanas: para ellos, una recompensa social (un elogio, una caricia) puede ser algo tan motivador o confirmador como una recompensa física (como un alimento)".
Pero decir que los animales poseen el mismo esquema de sentimientos que los seres humanos sería un comentario apresurado. Andics afirma que "Simplemente hemos encontrado áreas homólogas en los cerebros de perros y humanos que reaccionan a la emocionalidad en el sonido. Sabemos que hay similitudes acústicas en la expresión de felicidad y tristeza entre las especies, y argumentamos que tanto perros como hombres hacen uso de estas similitudes cuando tratan de decodificar señales emocionales de otras especies". Hay diferencias, entonces, pero muchas menos de las que los científicos han afirmado durante años.
¿Y con los gatos?
Un equipo de la Universidad de Tokio analizó el modo en que los gatos responden al llamado de su nombre. Solamente al sonido, sin la presencia de la persona. El resultado mostró que ningún gato se molestó en acudir. Cada felino fue llamado por voces de diferentes personas, incluido su dueño. Ante la voz familiar, los gatos exhibieron patrones de reconocimiento (mover la cabeza y las orejas, emitir sonido, estirarse), pero no se desplazaron. Los investigadores destacaron dos factores que podrían estar justificar esta conducta: la relativa reciente domesticación del gato (unos 9.500 años) y el hecho de que no fueron domesticados para obedecer a los humanos.
John Bradshaw, de la Universidad de Bristol, da un paso más y afirma que los gatos no distinguen a los humanos como una especie distinta de la propia: "Los gatos actúan hacia nosotros de una forma que es indistinguible de cómo actúan hacia otros gatos. Levantar la cola, refregarse alrededor de nuestras piernas y sentarse a nuestro lado y asearnos es exactamente lo que los gatos se hacen unos a otros."
Un estudio de la Universidad de Viena examinó el vínculo entre 40 gatos y sus dueños y encontró que los humanos con personalidades más extrovertidas o concienzudas propiciaron un patrón de conducta más complejo en los gatos. Otro estudio, de la Universidad de Mesina (Italia), confirmó lo anterior, afirmando que los gatos imitan a sus dueños. El experimento consistió en formar dos grupos de gatos: un grupo se mantuvo en el interior de la casa, en contacto cercano con sus dueños. El otro permaneció tanto dentro como fuera de la casa, y los gatos quedaban afuera por la noche. El resultado fue que el primer grupo adaptó su alimentación y sus patrones de sueño a los de sus dueños. Sus niveles de actividad se asemejaron a los de los seres humanos que los rodeaban.
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