Contenido creado por Gerardo Carrasco
Tecnología

Héroes del whisky

Nada se tira: investigadores encuentran un inédito uso para restos del destilado de whisky

Los residuos de la elaboración de la bebida se reutilizan con el fin de almacenar energía.

25.03.2026 15:27

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2026-03-25T15:27:00-03:00
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Un equipo de investigadores de la Universidad de Kentucky, Estados Unidos, desarrolló un método para transformar residuos de la producción de bourbon en materiales capaces de almacenar energía, con resultados comparables —e incluso superiores— a los dispositivos comerciales actuales.

La técnica se basa en la carbonización hidrotermal, un proceso que permite convertir la vinaza —subproducto húmedo y poco denso de la destilación— en carbón duro o activado, dos materiales clave para aplicaciones energéticas.

El bourbon, un whisky característico de Estados Unidos cuyo mosto debe contener al menos 51% de maíz, genera grandes volúmenes de residuos durante su elaboración. Aunque parte de estos desechos se reutiliza como alimento animal o fertilizante, su manejo implica costos elevados por secado y transporte.

El proyecto fue presentado en una reunión de la Sociedad Química Estadounidense en Atlanta. Allí, en declaraciones recogidas por la web especializada Ars Technica el investigador Josiel Barrios Cossio explicó que por cada barril de bourbon producido se generan entre seis y diez barriles de residuos de destilación.

Junto a Marcelo Guzmán, el equipo sometió estos desechos a altas temperaturas y presión en un reactor, obteniendo un polvo negro que luego fue procesado para generar distintos tipos de carbono. En algunos casos, se utilizó hidróxido de potasio y temperaturas de hasta 800 °C para producir carbón activado.

Con estos materiales, los científicos fabricaron electrodos y construyeron supercondensadores. Los prototipos iniciales alcanzaron capacidades de hasta 48 vatios por kilogramo. Posteriormente, desarrollaron un dispositivo híbrido que combinó carbón activado y carbón duro con iones de litio, logrando almacenar hasta 25 veces más energía por kilogramo que un supercondensador convencional.

Aunque los resultados son prometedores, los investigadores señalan que aún es necesario avanzar en el escalado de la tecnología y evaluar su viabilidad económica y ambiental antes de una posible aplicación industrial.