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Tecnología

Por The New York Times

Las aplicaciones de Facebook se cayeron. El mundo lo resintió mucho

El apagón del lunes fue una demostración a escala planetaria de lo esenciales que se han vuelto los servicios de la compañía.

06.10.2021 13:18

Lectura: 11'

2021-10-06T13:18:00-03:00
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Por The New York Times | Raymond Zhong and Adam Satariano

La sede de Facebook en Menlo Park, California. El apagón del lunes fue una demostración a escala planetaria de lo esenciales que se han vuelto los servicios de la compañía para la vida cotidiana. (Kelsey McClellan/The New York Times) Antigone Davis, directora y responsable global de seguridad de Facebook, en su comparecencia virtual ante un subcomité del Senado en el Capitolio, en Washington, la semana pasada. (Tom Brenner/The New York Times) Social Media Instant Messaging Computer Network Outages Computers and the Internet Antitrust Laws and Competition Issues Mobile Applications Regulation and Deregulation of Industry Facebook Inc Instagram Inc WhatsApp Inc Bogota (Colombia) Brazil Colombia Latin America Manitoba (Canada) Mexico Mexico City (Mexico) Rio de Janeiro (Brazil) El apagón perjudicó la vida digital de pequeños empresarios, políticos, trabajadores humanitarios y millones más. Pero para otros, fue un respiro bienvenido.

El lunes, durante más de cinco horas, el mundo probó la vida sin Facebook y sus aplicaciones.

En México, los políticos quedaron aislados de sus electores. En Turquía y Kenia, los comerciantes no podían vender sus productos. Y en Colombia, una organización sin fines de lucro que utiliza WhatsApp para poner en contacto a las víctimas de la violencia de género con los servicios que les salvan la vida se encontró con que sus esfuerzos se veían perjudicados.

“Gracias a que tenemos un equipo de campo, pudimos mitigar algunos de los riesgos más graves que presentaba la interrupción de hoy”, dijo Alex Berryhill, directora de operaciones digitales de la organización, Cosas de Mujeres. “Pero ese podría no haber sido el caso de otros cientos de líneas telefónicas en todo el mundo. Hoy ha sido un gran recordatorio: las tecnologías son herramientas, no soluciones”.

El apagón de Facebook del lunes fue una demostración a escala planetaria de lo esenciales que se han vuelto los servicios de la compañía para la vida cotidiana. Facebook, Instagram, WhatsApp y Messenger son desde hace tiempo algo más que herramientas prácticas para chatear y compartir fotos. Son plataformas fundamentales para hacer negocios, coordinar atención médica, impartir clases virtuales, llevar a cabo campañas políticas, responder a emergencias y mucho, mucho más.

En zonas del mundo en desarrollo, el costo de la interrupción de Facebook fue particularmente pronunciado. En India, América Latina y África, sus servicios son, para muchas personas, básicamente todo internet, casi un servicio público, a menudo más barato que una llamada telefónica y base para gran parte de la comunicación y el comercio en la vida diaria.

El malestar por el hecho de que una sola empresa medie en tanta actividad humana motiva gran parte del escrutinio que rodea a Facebook.

En Estados Unidos, la Comisión Federal de Comercio ha presentado una demanda antimonopolio contra la empresa, acusándola de ser un monopolio que adquirió Instagram y WhatsApp para asegurar su dominio. Los responsables políticos de la Unión Europea están elaborando una amplia normativa para reducir el poder de la empresa.

En las últimas semanas, Facebook ha estado bajo los reflectores después de que una denunciante, Frances Haugen, compartió documentos internos que indicaban, entre otras cosas, que la empresa sabía que Instagram estaba empeorando los problemas de imagen corporal de las adolescentes aún a pesar de que los ejecutivos de la empresa intentaban minimizar las desventajas de la aplicación.

Las revelaciones han suscitado críticas de los reguladores y del público. El martes, el Congreso escucha el testimonio de Haugen sobre el impacto de Facebook en los usuarios jóvenes.

Gran parte de las críticas recientes a Facebook se han centrado en las decisiones que los dirigentes de la empresa toman —o dejan de tomar— sobre el control, la gestión y la rentabilidad de sus plataformas. Pero otra consecuencia del tamaño de Facebook es que muchas más personas se ven afectadas cuando se producen fallas técnicas como las que, según la compañía, ocasionaron la interrupción del lunes.

En Bruselas, el corazón de la Unión Europea —donde muchos trabajadores del gobierno se han cambiado al servicio de mensajería rival Signal para comunicarse debido a la preocupación por el alcance de Facebook— la interrupción dio lugar a una nueva ronda de convocatorias para una mayor supervisión de las mayores plataformas tecnológicas.

“En el espacio digital global, todo el mundo podría sufrir un apagón”, dijo en Twitter Thierry Breton, el comisario europeo que está redactando la nueva normativa tecnológica. “Los europeos merecen una mayor resiliencia digital a través de la regulación, la competencia justa, una mayor conectividad y la ciberseguridad”.

En India, Brasil y otros países, WhatsApp se ha convertido en algo tan importante para el funcionamiento de la sociedad que los reguladores deberían tratarlo como una “empresa de servicio público”, dijo Parminder Jeet Singh, director ejecutivo de IT for Change, una organización sin ánimo de lucro centrada en la tecnología en Bangalore, India.

Los habitantes de India y de otros países asiáticos en los que las aplicaciones de Facebook son muy populares estaban dormidos durante la interrupción, que para ellos se produjo durante la noche. Sin embargo, Singh afirmó que la caída demuestra por qué los reguladores deben supervisar más a los gigantes de internet.

En todo el mundo, 2760 millones de personas utilizaron en promedio al menos un producto de Facebook cada día de este mes de junio, según las estadísticas de la compañía. WhatsApp se utiliza para enviar más de 100.000 millones de mensajes al día y se ha descargado casi 6000 millones de veces desde que Facebook la compró en 2014, según cálculos de la empresa de datos Sensor Tower.

India representó alrededor de una cuarta parte de esas descargas, mientras que otra cuarta parte fue en América Latina, según Sensor Tower. Solo el cuatro por ciento, es decir, 238 millones de descargas, ocurrieron en Estados Unidos.

En América Latina, las aplicaciones de Facebook pueden ser auténticos salvavidas en lugares rurales a los que aún no ha llegado el servicio de telefonía celular, pero sí internet, y en comunidades pobres en las que la gente no puede permitirse el lujo de pagar datos celulares, pero puede encontrar una conexión gratuita a internet.

Cosas de Mujeres, la organización sin fines de lucro en Colombia, tiene cientos de interacciones cada mes con mujeres colombianas y venezolanas migrantes que enfrentan violencia doméstica y emocional o corren el riesgo de ser víctimas de la trata o la explotación sexual, dijo Berryhill, directora de operaciones digitales de la organización.

“Normalmente tenemos operadores de telefonía que reciben mensajes de mujeres todo el día por WhatsApp, pero eso no era posible y las mujeres no podían contactarse con nosotros”.

María Elena Divas, una migrante venezolana de 51 años en Bogotá, Colombia, utiliza WhatsApp para recibir pedidos de tentempiés como empanadas.

“Hoy no vendí nada”, dijo Divas. “Para todo el mundo, todos como yo, fue un día pésimo”.

En toda África, las aplicaciones de Facebook son tan populares que para muchos son sinónimo de internet. WhatsApp, sin duda la aplicación de mensajería más popular del continente, se ha convertido en un eficaz servicio centralizado para que la gente se comunique con amigos, colegas, empresas, compañeros de culto y vecinos.

En Nairobi, la capital de Kenia, se puede ordenar desde Facebook, Instagram y WhatsApp la entrega de cualquier cosa, desde zapatos y joyas hasta plantas y electrodomésticos. En Johannesburgo, Sudáfrica, los vendedores se quedaron sin acceso a Facebook Marketplace, que se usa para vender de todo, desde carros usados hasta pelucas e incluso barracas de hierro corrugado, conocidas coloquialmente como zozos.

El uso de WhatsApp ha crecido tanto que en un momento dado representó casi la mitad de todo el tráfico de internet en Zimbabue. Durante el apagón del lunes, el principal portavoz del gobierno en Tanzania usó Twitter para instar al público a “mantener la calma”.

“Nuestro negocio se paró”, dijo Lydia Mutune, dueña de una tienda de macetas y plantas en Nairobi que vende exclusivamente a través de Facebook e Instagram. “Fue una llamada de atención. Me mostró que mi negocio y nuestras vidas dependen totalmente de las plataformas de redes sociales”.

En algunos lugares, la gente dijo que la desaparición de las aplicaciones de Facebook dificultaba su trabajo en algunos aspectos, pero que también eliminaba una distracción ruidosa, lo que les hacía sentirse mejor y más productivos.

James Chambers sintió al principio pánico por Chez Angela, la panadería canadiense que él y su esposa poseen en Brandon, Manitoba. Suelen publicar cuatro o cinco veces al día en Facebook e Instagram para atraer a los clientes a la tienda. Pero el lunes comentó que “a medida que avanzaba el día, realmente encontramos más gente que venía y decía que era bueno estar desconectado”, dijo.

“Cerramos el día un 30 por ciento por encima de nuestra venta normal del lunes”.

Drogasmil, una cadena de farmacias en Brasil, ahora toma muchos de sus pedidos de recetas a través de WhatsApp, dijo Rafael Silva, un farmacéutico de Drogasmil en Río de Janeiro.

El lunes no hubo ninguno, pero como él y sus colegas no pudieron chatear por WhatsApp, el día se sintió “más sereno”, dijo.

Jan Böhmermann, un comediante alemán, tuiteó que deseaba que Facebook, Instagram y WhatsApp permanecieran desconectados para siempre. Su post recibió casi 30.000 me gusta.

En Brasil, las encuestas muestran que WhatsApp está instalado en casi todos los teléfonos inteligentes del país y que la mayoría de los brasileños con teléfono consultan la aplicación al menos una vez por hora.

En “zap”, como se conoce a WhatsApp en Brasil, los restaurantes toman pedidos, los supermercados coordinan las entregas y los médicos, peluqueros y limpiadores reservan citas. Durante la pandemia, la aplicación se convirtió en una herramienta crucial para que los profesores dieran clases particulares a los alumnos de zonas remotas del país. También ha sido fundamental para la difusión de desinformación.

En Rusia, las autoridades indicaron que la interrupción era una prueba a favor de tomar medidas severas contra las empresas digitales occidentales.

Los apagones “responden a la pregunta de si necesitamos nuestras propias redes sociales y plataformas de internet”, dijo Maria Zakharova, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Sin embargo, en muchos lugares, las personas afectadas por el apagón dieron a conocer su dependencia en las herramientas de Facebook y en su vulnerabilidad cuando el servicio no está disponible.

Selen Bayrak, propietaria de una pequeña tienda en Estambul que vende mermeladas y salsas picantes, dijo que el 80 por ciento de sus ventas se hacían normalmente a través de Instagram. Calculó que solo consiguió vender una cuarta parte de lo que podría haber vendido ayer si Instagram no hubiera estado caído.

En México, muchos periódicos de ciudades pequeñas no pueden permitirse ediciones impresas, por lo que publican en Facebook. Esto ha dejado a los gobiernos locales sin una salida física para emitir anuncios importantes, por lo que también han recurrido a Facebook, dijo Adrián Pascoe, un consultor político.

Un municipio para el que Pascoe trabaja como consultor no pudo lanzar sus nuevos servicios el lunes porque el sitio estaba caído. El anuncio tendrá lugar el miércoles, dijo.

Las dos empresas de León David Pérez, entre las que se encuentra Polimatía, que ofrece cursos de aprendizaje electrónico, se apoyan en Facebook e Instagram para comercializar sus productos. El servicio de atención al cliente funciona por WhatsApp.

“La forma en la que funcionan las empresas ha tenido un cambio loco en los últimos 20 años”, dijo Pérez. “Entonces, no teníamos comunidad en línea. Ahora estamos hiperconectados, pero dependemos de unas pocas empresas tecnológicas para todo. Cuando WhatsApp o Facebook se caen, nos caemos todos”.

Maria Abi-Habib, Ian Austen, Lynsey Chutel, Abdi Latif Dahir, Steven Grattan, Valerie Hopkins, Jack Nicas, Adam Satariano, Christopher F. Schuetze y Julie Turkewitz colaboraron con la reportería.

Raymond Zhong es un reportero de tecnología. Antes de unirse al Times en 2017, cubrió para The Wall Street Journal la vertiginosa economía india desde Nueva Delhi. @zhonggg

Maria Abi-Habib, Ian Austen, Lynsey Chutel, Abdi Latif Dahir, Steven Grattan, Valerie Hopkins, Jack Nicas, Adam Satariano, Christopher F. Schuetze y Julie Turkewitz colaboraron con la reportería. Raymond Zhong es un reportero de tecnología. Antes de unirse al Times en 2017, cubrió para The Wall Street Journal la vertiginosa economía india desde Nueva Delhi. @zhonggg