Por The New York Times | Carol Pogash

Samantha Rae Garcia mantuvo cuatro años su empleo en un restaurante en Midland, Texas, antes de decidir el año pasado que ya no podía tolerar las críticas de su jefe. Garcia, quien estudió psicología en la Universidad de Texas Permian Basin, les pidió consejo a sus papás. Grabó su decisión antes de renunciar. Y luego hizo un video de TikTok sobre ello.

En el video, que se grabó de improviso, Garcia, que entonces tenía 23 años, mueve las pestañas, sonríe y hace un gesto satírico con el pulgar hacia arriba. Su jefa, fuera de cámara, dice que está harta de mimar a Garcia. El texto del video dice: “Mi jefa no sabía que estaba aquí mientras hablaba de mí”.

Garcia, le responde a su jefa al susurrar una palabra que no se puede imprimir, y la llama “mala gerente”.

Desde que publicó el video en febrero de 2022, este ha acumulado 3,7 millones de vistas. TikTok está lleno de consejos sobre qué hacer después de dejar un trabajo. Garcia forma parte de otra tendencia, anterior a TikTok, en la que los jóvenes publican minidramas que atraen a millones de espectadores. Y, en algunos casos, estos videos tan públicos pueden traducirse en nuevas oportunidades profesionales, ya que ayudan a quienes los publican a forjar su personalidad en internet.

Los videos de renuncia —o QuitToks, como se les llama a veces— reflejan “una ruptura del contrato social según el cual si trabajas duro y cumples las reglas, el sueño americano está ahí para ti”, explicó Ann Swidler, profesora de sociología de la Universidad de California en Berkeley, cuyos cursos incluyen la sociología de la cultura. La lealtad a la empresa ya no es como antes, sostuvo Swidler. Hay “una desilusión cultural con las promesas que subyacen en el mundo del trabajo”.

Los trabajadores de servicios con empleos mal remunerados proclaman públicamente que la compensación implícita de trabajar por dinero ya no es un trato justo. Y con 1,9 ofertas de empleo por cada persona que busca trabajo, pueden darse el lujo de quejarse en público.

El tema común de los videos son las “expectativas frustradas”, indicó Joseph Fuller, profesor de Práctica de la Gestión en la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. “Nadie acepta un trabajo pensando: ‘Esto va a ser terrible; no puedo creer que tenga que hacer esto’”, dijo.

“En general, las personas no dejan el trabajo”, añadió. “Dejan a sus jefes”.

Bandas marciales y danzas interpretativas

Antes de que aparecieran los videos de renuncias en TikTok, los usuarios compartían este tipo de historias en YouTube y Facebook.

En 2011, Joey La Neve DeFrancesco, que entonces tenía 23 años, publicó un video en YouTube en el que dejaba su trabajo en un hotel con el apoyo de su banda marcial. En una entrevista reciente, dijo que se había sentido frustrado por las largas horas, el salario bajo, las propinas compartidas y la oposición a sindicarse. “Quería enviar a los directivos un último mensaje y hacer algo que hiciera gracia a los compañeros y que tal vez inspirara la lucha contra los directivos que se oponen al sindicalismo”, afirmó.

En el video, un sonriente DeFrancesco y los miembros de su banda se enfrentan a uno de sus gerentes que, al ver a los músicos, intenta ordenarles que se vayan. “¡Vengo a decirte que renuncio!”, responde DeFrancesco. Quiere entregar su carta de renuncia al gerente, pero esta cae al suelo. Luego levanta los brazos en señal de triunfo y la banda toca una melodía de celebración. El video tiene 8,5 millones de vistas.

El video de tres minutos le valió a DeFrancesco apariciones en “Good Morning America”, “Access Hollywood” y “Anderson Cooper 360”. Me “cambió la vida”, confesó, aunque no cambió sus valores: DeFrancesco trabaja principalmente como organizador sindical.

Muchos de los últimos videos de renuncias son fruto del impulso del momento. Al igual que el video de DeFrancesco, el de Marina Shifrin fue planeado. En septiembre de 2013, tenía 26 años y trabajaba en Taiwán escribiendo los textos de “videos sin importancia sobre celebridades”, como ella los llamaba. Tras sufrir “un acoso constante por parte de mi jefe”, relató, “me estaba desmoronando”.

Se sentía atrapada en un sistema que abusaba de las mujeres jóvenes. “Sentí que no tenía recursos para salir de la situación, así que recurrí al internet porque era donde pasaba la mayor parte del tiempo”.

Shifrin adoptó una actitud metódica. “Probablemente sea la única persona que ha publicado un video viral que ha escrito una lista de pros y contras”, dijo. Sus contras incluían “no tendré seguro médico” y “nunca me contratarán en el mundo empresarial”. Shifrin decidió que los pros superaban a los contras.

En el video, titulado “An Interpretive Dance for My Boss Set to Kanye West’s ‘Gone’”, Shifrin escribe que está en el trabajo a las 4:30 a. m. Es la única persona en una sala llena de cubículos. Con un saco verde y su tarjeta de empleada, baila la danza interpretativa del título, en un baño, en un estudio de grabación, en un escritorio y en los pasillos, mientras un texto superpuesto enumera sus motivos para marcharse. Cuando sale de un cubículo, el texto dice: “¡RENUNCIO!”. Cuando sale de la oficina, apaga las luces. El texto dice: “Me fui”.

El trabajo que dejaba se centraba en conseguir el mayor número posible de vistas; su video de respuesta tuvo éxito, piensa, porque se centraba “en el contenido en lugar de preocuparse por las vistas”. Que su video se hiciera viral, dijo, fue una “dulce justicia”.

En menos de 24 horas, mientras Shifrin volaba de Taiwán a Los Ángeles para aparecer en el programa “The Queen Latifah Show”, ganó unos 2,6 millones de vistas adicionales. Los agentes de Hollywood la llamaron. Latifah le ofreció un trabajo en el programa. Durante siete años trabajó en televisión y publicó un libro titulado “30 Before 30: How I Made a Mess of My 20s, and You Can Too”. Los videos de DeFrancesco y Shifrin fueron una especie de arte performativo. Los actuales videos de renuncias tienen menos que ver con la presentación y más con quejas concretas. Muchos están protagonizados por trabajadores con salario mínimo, a menudo mujeres jóvenes.

El toque emotivo

En febrero de 2020, Maria Kukulak registró su decisión de dejar su trabajo en Wendy’s porque dijo que sus nuevos gerentes se estaban portando “muy mala onda”. Kukulak dice que renunciará después de terminar su turno: “Voy a barrer y luego saltaré por la ventana”. A mitad del video de TikTok, se entera de que un gerente la calificó como “una causa perdida”. Salta por la ventana como había prometido. “No soy una causa perdida, y renuncio”, le dijo a su jefe. “Adiós”.

Su video tiene más de 15 millones de vistas. Kukulak trabaja ahora como entrenadora personal y no se gana la vida con TikTok, pero le gustaría hacerlo. “Me encanta grabar videos de mí”, comentó en una entrevista reciente. Con 227.000 seguidores, sueña con convertirse en creadora de contenidos a tiempo completo. “Creo que tengo talento”, afirmó. En TikTok y YouTube, los trabajadores comparten sus historias de cómo renunciaron a su trabajo, lo que les da una sensación de poder sobre situaciones a menudo insoportables. (Álvaro Bernis/The New York Times) En TikTok y YouTube, los trabajadores comparten sus historias de cómo renunciaron a su trabajo, lo que les da una sensación de poder sobre situaciones a menudo insoportables. (Álvaro Bernis/The New York Times) Atención editores: Debido a un error de edición, en la versión anterior de este artículo se cometió un error al indicar la edad que tenía Samantha Rae Garcia cuando grabó un video justo antes de renunciar a su trabajo. Tenía 26 años, no 25.

Atención editores: En la versión anterior de este artículo se mencionó erróneamente el tipo de trabajo que Marina Shifrin realizaba en Taiwán antes de renunciar. Ella hacía textos para videos, no la animación.