Los “tokens” se convirtieron en el nuevo lenguaje de la inteligencia artificial. Pero ahora, además, empiezan a perfilarse como una posible moneda del futuro.
Durante su conferencia en el GTC 2026, el CEO de Nvidia, Jensen Huang, planteó que estos tokens ya forman parte de las estrategias de contratación en Silicon Valley. Incluso sugirió que podrían integrarse directamente en los paquetes de compensación de los ingenieros.
“Ahora es una de las herramientas de reclutamiento: ¿cuántos tokens incluye el trabajo?”, afirmó. La lógica es clara: quien tiene acceso a más capacidad de procesamiento de inteligencia artificial —medida en tokens— puede ser más productivo.
Qué son los tokens y por qué importan
En términos técnicos, los tokens son unidades en las que los modelos de inteligencia artificial descomponen el lenguaje. Cada token equivale aproximadamente a tres cuartos de palabra y es la base sobre la que operan los modelos.
Pero en la práctica, se transformaron en una unidad económica: las empresas cobran por el uso de inteligencia artificial según la cantidad de tokens consumidos o generados.
Esto convierte al acceso a tokens en algo cada vez más estratégico, tanto para empresas como para trabajadores.
De salario a renta universal
El CEO de OpenAI, Sam Altman, fue más allá y planteó un escenario todavía más disruptivo.
Altman sugirió que en el futuro podría existir algo parecido a una “renta básica universal”, pero basada en capacidad de cómputo en lugar de dinero.
La idea es que cada persona reciba una porción de capacidad de inteligencia artificial —una “cuota” de tokens— que podría usar, vender o donar. En ese modelo, lo que se distribuye no es dinero, sino acceso a productividad.
También comparó el futuro de la IA con servicios esenciales como el agua o la electricidad, anticipando que el negocio de las empresas tecnológicas estará centrado en vender tokens.
Las “fábricas de tokens” y el desafío energético
Para que ese escenario sea viable, la infraestructura debe escalar. Huang definió a los centros de datos como “fábricas de tokens”, capaces de producir la materia prima de la nueva economía digital.
Pero ese crecimiento tiene límites.
El CEO de Microsoft, Satya Nadella, advirtió que la inteligencia artificial deberá demostrar su valor social para justificar el enorme consumo energético que implica.
Si los tokens no mejoran áreas clave como la salud, la educación o la productividad, dijo, podría perderse la “licencia social” para sostener ese modelo.
Un costo que también crece
Mientras tanto, no todos celebran esta economía emergente.
El inversor Chamath Palihapitiya alertó que los costos asociados a la inteligencia artificial se están disparando. Su empresa multiplicó por más de tres sus gastos en pocos meses, sin un crecimiento equivalente en ingresos.
Entre servicios de infraestructura, herramientas de desarrollo y modelos avanzados, las compañías están gastando millones de dólares en tokens.
Una nueva economía en formación
La discusión ya no es solo técnica. Los tokens están dejando de ser una unidad invisible dentro de los sistemas de IA para convertirse en un activo económico con implicancias laborales, productivas y sociales.
Desde salarios hasta una posible renta básica basada en inteligencia artificial, el debate apenas empieza.
Y plantea una pregunta de fondo: si el futuro se mide en tokens, ¿quién controla el acceso a esa nueva forma de riqueza?
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