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Por The New York Times

La criptoindustria se une a la conversación sobre el aborto

Activistas están presentando una organización autónoma descentralizada, usada para diversos temas, que estará enfocada en el aborto.

16.05.2022 09:59

Lectura: 9'

2022-05-16T09:59:00
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Por The New York Times | Anna P. Kambhampaty, Alisha Haridasani Gupta and Valeriya Safronova

En el estridente y confuso mundo de las criptomonedas, se forman iniciativas de recaudación de fondos en torno a todo tipo de causas. Los grupos conocidos como organizaciones autónomas descentralizadas, o DAO por su sigla en inglés, han enviado ayuda a ucranianos cuyas vidas han sido trastornadas por la guerra, han trabajado para compensar las emisiones de carbono, han adquirido tierras y han coleccionado tókenes no fungibles (NFT, por su sigla en inglés).

Ahora, tras la filtración de un proyecto de dictamen de la Corte Suprema que podría revocar el fallo del caso Roe contra Wade, empresarios y activistas están presentando ideas para crear una DAO enfocada en el aborto. Lo ven como una manera de brindar dinero a mujeres en más de una veintena de estados donde los servicios de aborto pronto podrían estar gravemente restringidos o prohibidos, algo así como un “Ferrocarril Subterráneo para el aborto”, según explicó en una entrevista Reshma Saujani, la fundadora de Girls Who Code y conductora del pódcast “De-Broing Crypto”.

La soberbia de los idealistas de las criptomonedas suele suscitar la ira de los críticos de internet y con justa razón. Los adeptos han promocionado la tecnología de la cadena de bloques como una solución para prácticamente todos los problemas globales y, al mismo tiempo, las criptomonedas han creado varios problemas nuevos —regulatorios, ambientales y de otro tipo— y han ayudado a algunas de las personas más ricas del mundo a generar aún más riqueza.

Y aunque muchos entusiastas de la criptoindustria juegan con el atractivo del anonimato —un asunto que sería de particular importancia si se revoca el fallo Roe— dada la precisión con la que la cadena de bloques rastrea las transacciones, pagar abortos por medio de criptomonedas podría tener el efecto contrario: exponer tanto a las mujeres que se practican abortos como a las personas que los financian. Sin mencionar que el mercado de las criptomonedas acaba de experimentar un desplome tremendo y suele tener fluctuaciones vertiginosas de precios.

Sin embargo, los activistas del derecho al aborto y los líderes de organizaciones sin fines de lucro consideran esta una oportunidad para recaudar fondos (varios grupos antiaborto ya aceptan donativos en criptomonedas).

Así es como creemos que funcionaría una DAO centrada en el derecho al aborto: los miembros reunirían fondos que se usarían para pagar viajes fuera del estado, procedimientos clínicos y las píldoras que representan el 54 por ciento de los abortos en Estados Unidos. Los fondos comunitarios a favor del aborto han realizado labores similares durante décadas y empresas multinacionales como Amazon y Citigroup han accedido a ayudar a su personal con gastos de viaje. (En muchos estados, el apoyo financiero para facilitar servicios de aborto pronto podría tener consecuencias legales). Las DAO han recaudado enormes cantidades de divisas digitales en periodos muy breves; los grupos defensores del derecho al aborto se están movilizando para hacer lo mismo. Dados los retos del criptomundo, lo que podría ser el aspecto más emocionante de su presencia en el debate sobre el aborto —en ambos lados— es el problema que los recaudadores de fondos siempre han enfrentado: cómo conseguir financiamiento rápido.

Criptomonedas por una causa

El año pasado, miles de personas recaudaron más de 40 millones de dólares en ether, una de las principales criptomonedas, mediante una DAO en tan solo una semana con la esperanza de comprar un documento original de la Constitución de Estados Unidos. Después, la DAO perdió la subasta ante Ken Griffin, el fundador multimillonario del fondo de cobertura Citadel, y el grupo empezó a desintegrarse.

Jonah Erlich, un contribuyente importante, aún cree que ConstitutionDAO fue un experimento valioso. “La velocidad con que logramos movilizarnos, así como la cantidad de personas que contribuyeron, fue un gran éxito”, afirmó (el proceso de rembolso a los contribuyentes ha sido mucho más difícil; el grupo tuvo que cubrir las elevadas comisiones de transacción de la cadena de bloques de Ethereum, por lo que cuenta con menos dinero del que recaudó. “Seguimos trabajando para resolver ese problema”, comentó Erlich).

Por otro lado, UkraineDAO, organizada en parte por Nadya Tolokonnikova de Pussy Riot, recaudó más de 7 millones de dólares en unos cuantos días con la venta de varios NFT con una bandera ucraniana. En marzo, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, convirtió en ley un proyecto que legalizó las casas de cambio de criptomonedas en el país. Según Alex Bornyakov, el viceministro de transformación digital de Ucrania, hasta el mes actual, el país ha recibido casi 100 millones de dólares en donaciones de criptomonedas.

No obstante, estos son ejemplos aislados en el que para muchos sigue siendo un ámbito financiero impenetrable. Solo el 16 por ciento de los estadounidenses tiene experiencia en el uso de criptomonedas —por medio de inversiones, compraventas o pagos de cosas— de acuerdo con una encuesta reciente del Centro de Investigaciones Pew y más de la mitad de ellos son hombres. Hombres adinerados. Esos datos demográficos pueden significar que los proyectos extravagantes que han propuesto algunos criptoempresarios no siempre reflejan los intereses públicos y pueden parecer impulsivos.

“Siempre que hay un problema, la gente dice que las criptomonedas o la web3 serán la solución sin pensarlo bien”, comentó Molly White, desarrolladora de software que lleva un registro de los colapsos y los tropiezos del criptomercado en un sitio web llamado Web3 Is Going Just Great.

White señaló el criptoproyecto Nemus, que busca conseguir financiamiento para la selva amazónica. “La gente habla de proteger partes de la selva amazónica, pero usa cadenas de bloques que perjudican el medioambiente”, destacó, en referencia al proceso de alto consumo energético que se requiere para poner las criptomonedas en circulación. “Es como si no pudieran ver el daño que causan con las soluciones que proponen”.

Ha habido intentos para hacer más accesibles las donaciones con criptomonedas para las organizaciones caritativas. Hace poco, Change, una empresa que vende un interfaz para donaciones en línea, creó una rama sin fines de lucro que gestiona carteras de criptodivisas para organizaciones benéficas. El objetivo es evitarles “la abrumadora carga técnica, de seguridad y de contabilidad”, indicó la directora ejecutiva de Change, Sonia Nigam. Los donativos llegan a esas organizaciones —entre ellas, Girls Who Code, Make-A-Wish Foundation y One Tree Planted— en forma de subvenciones.

La mayoría de las organizaciones sin fines de lucro a favor del aborto y proveedores de salud a nivel nacional aún no aceptan pagos con criptomonedas. Elliott Kozuch, estratega jefe de comunicaciones en la organización sin fines de lucro NARAL Pro-Choice America, escribió en un correo electrónico que “no se ha hablado de criptomonedas en NARAL, ni siquiera en relación con la filtración de la Corte Suprema”. La cuestión de la privacidad

La tecnología de la cadena de bloques, que forma la base de todas las casas de cambio de criptomonedas, genera un libro de contabilidad público donde se registran todas las transacciones. En ese caso, ¿las criptomonedas en realidad son más privadas que otros métodos de pago?

Pueden serlo. Por ejemplo, Monero y Zcash son conocidas como “monedas privadas”. A diferencia de Bitcoin o Ethereum, el libro mayor público de Monero no muestra las direcciones ni los montos de cada transacción, lo cual dificulta el rastreo de los movimientos de fondos.

Justin Ehrenhofer, vicepresidente de operaciones de Cake Wallet, que les permite a las personas almacenar Monero, declaró que la criptomoneda podía usarse para comprar píldoras abortivas con discreción en los casos en que pueda volverse ilegal. (En este momento, comentó, algunos de los usos más comunes son compras en el mercado negro y pagos por cibersecuestros de datos). Pero aclaró que se requiere más experiencia técnica para usar Monero que Bitcoin o Ethereum.

En parte debido a Silk Road, un mercado negro digital donde miles de comerciantes vendieron drogas y otros bienes ilegales de 2011 a 2013, las criptomonedas suelen considerarse una manera de realizar pagos privados. Sin embargo, Sarah Meiklejohn, profesora de Criptografía y Seguridad en University College de Londres, dijo que la mayoría de los pagos con monedas digitales eran bastante fáciles de rastrear.

“Las transacciones que haces están menos vinculadas a tu nombre”, explicó Meiklejohn, porque la gente suele usar seudónimos, pero todos pueden verlas en un libro de contabilidad digital. “Literalmente cualquier persona en el mundo puede ver las transacciones que se están realizando”.

Los seudónimos, añadió, “brindan un nivel muy débil de anonimato”. Chainalysis, que se ha convertido en el socio predilecto del gobierno de Estados Unidos para la vigilancia de cadenas de bloques, puede identificar patrones en las transacciones que se realizan mediante ciertas carteras, aunque un representante de la empresa comentó en un correo electrónico que el objetivo de Chainalysis es proteger la privacidad individual. Asimismo, Coinbase, una de las casas de cambio de criptomonedas más conocidas, declara en su sitio web que lleva un registro de transacciones y que podría compartir esa información con las autoridades.

“En términos de privacidad, una vez que se da a conocer, no hay vuelta atrás”, concluyó Meiklejohn. Activistas y organizaciones sin fines de lucro consideran las monedas digitales como medio para recaudar fondos, pero ¿de verdad pueden hacer todo lo que otros métodos de pago no pueden? (Mark Pernice/The New York Times) Activistas y organizaciones sin fines de lucro consideran las monedas digitales como medio para recaudar fondos, pero ¿de verdad pueden hacer todo lo que otros métodos de pago no pueden? (Mark Pernice/The New York Times)