Para el visitante no iniciado, la casa resulta a primera vista difícil de clasificar. Nada más entrar se topa con equipos informáticos antiguos de todo pelaje, apilados por doquier. Podría ser la trastienda de un imposible Museo de la Historia Reciente de la Computadora, o el depósito de una tienda cerrada en 1993 y que alguien olvidó vaciar. Súbitamente, desde una de las habitaciones llegan los sonidos, intensos y evocadores: suena la música de Golden Axe, Ghosts'n Goblins y otros videojuegos clásicos de los salones de "maquinitas" de los años 80. Al asomarse, se da con un sitio que podría describirse como el laboratorio de un doctor Frankenstein especializado en ordenadores retro, o la guarida de unos pioneros del espionaje informático conservada tal como estaba en tiempos de la caída del Muro de Berlín.

La casa de Sebastián Blanco es uno de los puntos de reunión de La "Hermandad del Spectrum", una comunidad de apasionados por los viejos ordenadores, un amor que -como veremos- va más allá del mero pasatiempo y tiene motivos, afectivos, lúdicos, de coleccionismo y hasta filosóficos.

Los próximos 8 y 9 de junio, la Hermandad del Spectrum llevará a cabo la ZXHackathon Montevideo, un evento digno de ser agendado por todos aquellos que sientan interés por los equipos informáticos de antaño, sus programas y juegos, así como para cualquiera que, en su niñez o adolescencia, esperó con mal contenida ansiedad la carga de un casete de audio para darse palizas de videojuegos que hoy pueden parecer harto rudimentarios.

Principio quieren las cosas

La original Hackathon surgió un poco por casualidad.

"Hace tiempo que tengo la idea de crear un museo de 8 bits, donde tener máquinas en exhibición y que también funcione como club", cuenta Antonio Vázquez, un programador de 46 años que en su adolescencia se formó con ese tipo de ordenadores, y que es un miembro reciente de la Hermandad.

"Era la 'computadora del pobre': el que tenía suerte podía hacerse con una Spectrum, o un clon brasileño de una Spectrum"

En el lenguaje de los videojuegos, 8 bits se refiere a la popular generación de videoconsolas y computadores domésticos que aparecieron a comienzos de los 80.

Para lograr ese objetivo, Vázquez pensó que lo mejor sería "organizar algunos eventos que permitieran crear una comunidad", y entonces descubrió "que esa comunidad ya existía".

En cuanto ingresó al grupo de Facebook de la Hermandad supo que no se trataba de un páramo, como sucede con algunas comunidades temáticas en esa red social.

"Entré pensando que iba a ser un grupo de compraventa, pero resultó ser mucho más. Todos los días se habla de Spectrum y otras máquinas, surgen novedades, hay gente que repara, etc , y pensé que con esa gente mi idea podía resultar, así que la planteé al grupo", explica.

"La verdad es que Antonio tiró una buena idea y nosotros se la desarmamos y la armamos de nuevo", comenta con humor Sebastián Racedo, otro miembro de la hermandad. Se acordó entonces entre todos que "un evento así no podía ser sólo de programación, tenía que abarcar más cosas".

Para todos los gustos

"Va a haber una sección de programación porque es la prioridad de la ZXHackathon", confirma Racedo, añadiendo que "también habrá instancias para mostrar diferentes ordenadores y que se están haciendo juegos actuales para ellos", porque "hoy, en 2019, hay gente programando para estos equipos".

En el evento, "también se va a hacer un taller sobre reparación, porque para tener una computadora de estas hay que saber repararlas", ya que "por más que son muy resistentes, tienen muchos años". Sobre este ítem, Racedo aclara que no se venderá pescado, sino que enseñará a pescar. "No va a ser para que traigan el equipo abajo del brazo a que se lo arreglemos, sino que se van a brindar informaciones acerca de los problemas que pueden tener estas computadoras y cómo repararlas.

Además de reunir programadores o gente interesada en ese tema en particular, el evento pretende también ser una entretenida opción para aquellos que sólo quieren curiosear o jugar a los juegos con los que se divertían hace décadas, e incluso probar sus versiones mejoradas. Quienes concurran podrán usar las máquinas para jugar, y habrá campeonatos que incluirán premios.
La oferta la completa una pantalla gigante con demos, tutoriales, y proyecciones temáticas, y se prevé entablar comunicación vía Skype con colegas españoles del mundillo de la Spectrum y afines. Y, last but not least, habrá cantina, venta de souvenirs y área de descanso, ya que el evento dura dos días.

Las razones locas

A la hora de explicar su apego a estas computadoras retro y al lenguaje Basic, cada uno de los miembros de la hermandad tiene -parafraseando a Echo & The Bunnymen, "su propia buena razón". O sus diversas sinrazones. Sin embargo, para todos ellos la Spectrum tiene algo en común, y lo resume Santiago Contrera, otro de los miembros de la tribu. "La Spectrum fue el primer amor de todos", asegura.

"Cuando uno se sienta ante una Spectrum y juega a un juego que jugó a los 10 u 11 años (. . . ) se genera en el cerebro la misma química orgánica que entonces, y de alguna forma rejuvenece la mente y se siente más joven"

Algo en lo que también coinciden es que, hoy en día, no existe la necesidad de manejar esos equipos antiguos, material que para Sebastián Blanco, el dueño de casa, es "un hobby, un fetiche", al que dedica mucho tiempo y energía, al menos a juzgar por el porcentaje de espacio que estos aparatos ocupan en su morada.

"Es algo que yo me cuestioné", relata a su turno Sebastián Abreu, también programador y experto en sonido. En cuanto a la elección de la Spectrum, coincide con Santiago. "Todos pasamos por ella, aunque hayamos manejado otras computadoras".

Luego, aporta su explicación personal: "Cuando uno se sienta ante una Spectrum y juega a un juego que jugó a los 10 u 11 años, cuando empezó a programar, se genera en el cerebro la misma química orgánica que entonces, y de alguna forma rejuvenece la mente y se siente más joven", dice.

En este punto, Blanco traza un esbozo de lo que significó en el mundo de la informática y, para toda una generación, ese aparatito con botones de goma lanzado en el Reino Unido allá por 1982.

"Era la 'computadora del pobre': el que tenía suerte podía hacerse con una Spectrum, o un clon brasileño de una Spectrum", como las TK 90 y TK 95. Y ese fenómeno no se dio sólo en Uruguay. Por aquel entonces, una computadora podía costar en el primer mundo cerca de 1.000 dólares, algo prohibitivo para la mayoría de la gente, y más si se tenía en cuenta que para muchas familias aquello no pasaba de un juguete caro que sus hijos deseaban.

Pero la Spectrum lo cambió todo: además de ser fácil de usar, costaba unos 250 dólares. Por ello, además de venderse como pan caliente, fue rápidamente clonada -a veces de modo legal y en ocasiones mejor ni preguntar- a lo largo y ancho del planeta.

En ese sentido, Blanco recuerda que "en el bloque soviético lo que había al alcance de la gente común eran clones de Spectrum", situación que se mantuvo hasta finales de los años 90.

"Los rusos siguieron avanzando, le agregaron disco duro, memoria RAM, le hicieron mil cambios, y hasta ahora siguen generando clones", una cultura que caló hondo en el país porque en aquellos tiempos "cada uno se hacía su computadora", afirma, señalando en sus estanterías una Spectrum de origen ruso.

Creatividad versus consumo

Luis Vázquez dio sus primeros pasos informáticos en lenguaje Basic y ha trabajado toda su vida como programador. Y como el resto de la hermandad, tiene sus propias motivaciones para estar interesado en la "computación vintage"

"Tengo hijos que ya son grandes y veo que carecen de algo que nosotros sí tuvimos: la pasión por las computadoras. Ellos ya nacieron con computadoras y las usan, pero no les despiertan nada", expresa.

"Estas computadoras -dice, haciendo un gesto envolvente hacia las decenas de equipos en la habitación- tenían limitaciones", pero en esas mismas limitaciones se encontraba la magia de su estímulo.

"Uno veía que podía crear ese juego que le gustaba: quizá no quedara igual, pero tampoco tan distinto. Las propias limitaciones creaban un ambiente accesible y cómodo" que invitaba a crear, explica. " Despertaba la fantasía, te decías que si ellos (los programadores del juego original) lo podían hacer, vos también podías. Hoy se perdió eso de que el consumidor también puede ser un creador", lamenta.

"La máquina venía con Basic; la prendías y resultaba más fácil ponerse a programar que cargar un juego. Podías hacerlo o no, pero estaba ahí, y hoy en día eso no existe"

En los tiempos en que surgieron las computadoras Spectrum y similares, " la máquina venía con Basic; la prendías y resultaba más fácil ponerse a programar que cargar un juego. Podías hacerlo o no, pero estaba ahí, y hoy en día eso no existe".

En ese sentido, Vázquez señala que un joven que se plante hoy día ante un moderno PC, se encontrará con algo pensado para facilitarle el uso y consumo, pero no la creatividad, y mucho menos la programación. Por no mencionar a la gran cantidad de personas cuyo primer contacto -y a veces único- con el mundo informático y digital es mediante un teléfono, donde todo está dispuesto para el consumo.

"Hoy en día, si un pibe se sienta frente a una computadora y quiere programar, choca de frente con mil complejidades que no lo estimulan", refiere.

"Se le puede echar la culpa a Microsoft, a IBM, los 6 bits, o a lo que sea, pero la verdad es que comercialmente no sirve que todo el mundo sea productor: la idea es que hoy todos seamos consumidores", reflexiona.

Vigencia del pasado

A la hora de explicar su propio "gancho" con el tema, Santiago Contrera apunta que el evento que organiza junto a sus compañeros "no es necesariamente nostálgico, de exhibir cosas de antes: vamos a mostrar máquinas viejas con juegos nuevos, a demostrar que ahora mismo en todo el mundo hay mucha gente desarrollando juegos para estos equipos, y que son juegos que tienen una calidad muy superior a los de antes, porque hay otras herramientas", se entusiasma.

"Eso nos hace sentir que esto no murió, que no es el pasado sino algo actual", prosigue, y los números parecen darle la razón. Si bien su dominio del mercado ya es historia, la Spectrum parece estar en su mejor momento desde el punto de vista creativo. "Sólo en el último año se desarrollaron más de cien juegos, y todos de excelente calidad", añade Contrera, una cifra superior a la que se generaba en el siglo pasado. Por otra parte, hay gente que ha seguido fabricando esas computadoras. Tal es el caso de la novísima Spectrum Next, en cuyo desarrollo intervino uno de los creadores originales.

Todos para uno y uno para todos

Más allá de todo lo expuesto, Contrera apunta algo que no se puede cuantificar en bits ni almacenar en cintas magnéticas.

"Un tema para nada menor es la amistad que hemos hecho entre nosotros", un vínculo que contradice el estereotipo del adicto a los videojuegos que se pasa las horas encerrado solo ante una pantalla. Incluso a la hora de jugar, las viejas computadoras de 8 bits ofrecen oportunidades de experiencia grupal, ya que no se pude jugar online con gente que está en la otra punta del mundo. Por el contrario, para hacer una partida en red tienen que estar todos en el mismo lugar físico y ante el mismo monitor.

"Un tema para nada menor es la amistad que hemos hecho entre nosotros"

Parados de izq. a der: Sebastián Abreu, Nicolás Abreu, Sebastián Racedo, Santiago Contrera y Antonio Vázquez. Agachado: Sebastián Blanco.


Asimismo, destaca que en la comunidad de adeptos a la Spectrum encontró un grupo humano donde reinan la generosidad y la buena disposición: nadie oculta el dato sobre dónde pueden conseguirse computadoras o repuestos, aunque eso pueda implicar que otro les gane de mano, y no es raro que entre camaradas se obsequien elementos que pueden costar buen dinero, sólo porque el otro lo necesita más o le dará mejor uso.

La cita

Quienes quieran participar de la ZXHackathon deberán llenar el formulario disponible en el evento creado en Facebook por los organizadores. Quienes deseen programar deberán llevar un notebook con un emulador. En cualquier caso, el mismo formulario contempla preguntas que tienden a "perfilar" al participante para asesorarlo mejor acerca de qué llevar y qué esperar del evento, dependiendo de lo que pretenda hacer.