Contenido creado por Gerardo Carrasco
Tecnología

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La IA en la música: cronología de una relación conflictiva

¿Es arte o simplemente un producto? El uso de la herramienta platea dilemas.

31.03.2026 12:26

Lectura: 5'

2026-03-31T12:26:00-03:00
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El uso de la Inteligencia Artificial ha impactado en la gran mayoría de las actividades humanas. Lejos de ser una excepción, la industria musical se vio afectada de lleno y lidia actualmente con un difícil proceso de adaptación.

Desde la obtención de samples y la grabación de demos hasta la generación de notas digitales y la creación de listas de reproducción, la IA atraviesa todos los procesos, y plantea desafíos técnicos y legales, así como intensos debates éticos.

Recientemente, la publicación tecnológica The Verge publicó una extensa retrospectiva con el material de sus columnistas, material que resumimos a continuación

2026: una industria desbordada por su propia innovación

En los desarrollos más recientes recogidos por The Verge, se describe un escenario en el que la música generada por IA ya no es marginal, sino ubicua. Distintos artículos coinciden en que las plataformas enfrentan una sobreoferta de contenido, con implicancias tanto económicas como culturales.

El enfoque dominante en esta etapa no es ya la novedad tecnológica, sino sus consecuencias: pérdida de control sobre los catálogos, dificultad para monetizar y creciente ambigüedad sobre la autoría. La narrativa general sugiere que la industria empieza a asumir que la IA no puede ser contenida únicamente por la vía judicial.

2025: el caso legal se vuelve técnico

En una de las piezas citadas, el periodista Ashley Carman detalla cómo las demandas contra Suno y Udio evolucionan hacia una discusión más específica: el origen de los datos de entrenamiento.

El artículo subraya acusaciones concretas, como el uso de técnicas de extracción de audio desde plataformas como YouTube, lo que refuerza la idea de que no se trata solo de un debate abstracto sobre “uso justo”, sino de posibles prácticas sistemáticas de apropiación de contenido.

En paralelo, otros textos citados en la cronología muestran un cambio de tono: algunas discográficas comienzan a explorar acuerdos. La cobertura sugiere una tensión interna en la industria entre la defensa del copyright y la necesidad de no quedar fuera de la innovación.

Finales de 2024: la defensa de las startups

El periodista James Vincent, uno de los principales autores que The Verge recupera en esta cronología, recoge la respuesta de las empresas de IA.

Su cobertura enfatiza el argumento central de Suno y Udio:
la IA no copia canciones, sino que aprende patrones y genera contenido nuevo. Desde esa lógica, el entrenamiento con obras protegidas sería transformativo y, por lo tanto, defendible bajo el “fair use”.

Vincent también destaca el contraste entre el discurso tecnológico —centrado en creatividad y democratización— y el de la industria musical, que interpreta ese mismo proceso como una forma de explotación no autorizada.

Junio de 2024: el estallido del conflicto

En otro de los artículos citados, también firmado por James Vincent, se documenta el momento en que las principales discográficas (Universal, Sony y Warner) inician acciones legales.

El texto describe las demandas como una reacción contundente frente a lo que la industria considera una “infracción masiva”. Se menciona el potencial alcance económico de las sanciones y se establece un paralelismo implícito con crisis anteriores, como la del intercambio ilegal de música.

La cobertura pone énfasis en el carácter histórico del litigio: no se trata solo de un caso más, sino de un punto de inflexión en la relación entre tecnología y propiedad intelectual.

2024 (primer semestre): la viralización y el desconcierto

En artículos previos, The Verge —a través de firmas como Elizabeth Lopatto— describe el momento en que herramientas como Suno y Udio comienzan a circular masivamente.

El foco está en la experiencia del usuario: personas sin formación musical pueden generar canciones completas en segundos, muchas veces con resultados sorprendentemente convincentes.

Lopatto pone el acento en el desconcierto cultural que esto genera: la capacidad de replicar estilos artísticos abre interrogantes sobre originalidad, autenticidad y valor creativo.

2023: el salto cualitativo

La cronología recupera también notas que documentan el punto en que la IA musical deja de ser experimental. En estas piezas, nuevamente con fuerte presencia de James Vincent, se explica cómo los nuevos modelos integran composición, letra y voz en un único sistema.

El cambio, según estos artículos, no es incremental sino estructural: la IA deja de ser una herramienta auxiliar para convertirse en un agente capaz de producir obras completas.

Antes de 2023: antecedentes tecnológicos

Los artículos más antiguos citados en la nota —también de James Vincent y otros colaboradores de The Verge— funcionan como marco histórico.

Allí se describe una etapa en la que la IA ya estaba presente en la música, pero en roles limitados: asistencia en composición, generación de melodías o experimentación académica.

La diferencia clave, según estos textos, es que esos sistemas no ponían en cuestión la autoría humana, algo que sí ocurre con la nueva generación de modelos.