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Paul Graham, programador y ensayista estadounidense, realizó una evaluación de la nueva forma de comunicar. Según Graham, la web transformó a la escritura en una conversación. Antes, dice, los escritores escribían, y los lectores leían. Esa costumbre se está revirtiendo.Sin embargo, la comunicación y el intercambio de opiniones no siempre se desarrolla en el marco de la concordia, y muchas veces se discrepa, tanto con el autor de la nota, blog, foro o comentario, como con el resto de los usuarios. Esto hace que haya desacuerdo en el medio, y el uso de las palabras a veces sirve de desencadenante para disputas que se salen de cauce. Graham explica que, a pesar de que el enojo no es lo que está generando un aumento en las discrepancias, existe el peligro de que la discrepancia haga a las personas más enojadas. Sobre todo en Internet, recalca, donde es muy fácil escudarse en el anonimato, y decir cosas que nunca se dirían "cara a cara".
El autor se pregunta si no habría que tener determinadas consideraciones a la hora de discrepar. Claro que no es tan sencillo. Una mirada a priori indicaría que bastaría con diferenciar la persona que insulta de la que no lo hace, pero Graham va más allá, y establece una jerarquía de la discrepancia.
Según Graham, existe un nivel 0 de la discrepancia, donde sitúa los insultos, a los que define como "la forma más baja de la discrepancia, y probablemente la más común". Varias veces vimos comentarios como "sos un p—o", pero otros insultos, más elaborados, no tienen necesariamente más peso. Decir "usted es un ingeridor de estiércol" es más o menos lo mismo, que lo anterior.
En un nivel 1, el autor sitúa el ataque Ad Hominem, que no es tan débil como el insulto, pero que carece de eficacia, y cita como ejemplo el caso de un senador, que escribe a favor de un aumento salarial para los legisladores. Podemos pensar, y escribir, "qué puede esperarse de un senador", pero el tema no es descalificarlo por su condición de tal, sino, en caso de existir algo malo, señalarlo.
Un nivel superior, que el autor denomina 2 o "Responder al tono", donde ubica las reacciones hacia la escritura, y explica que la forma más baja es discrepar con el tono del autor, ya que el tono es difícil de juzgar. La crítica se hace sobre la forma, y no sobre el contenido.
La contradicción se ubica en un nivel 3, y el autor explica que en este nivel encontramos respuestas a lo que fue escrito, y la forma más débil de rebatir un argumento es manifestando el caso opuesto. La contradicción puede a veces tener algún peso. A veces simplemente nombrar la cara opuesta es suficiente para ver que esa es la correcta, pero usualmente la evidencia ayuda.
El nivel 4 nos muestra la primera forma de desacuerdo convincente, que es el contra argumento. El contra argumento es contradicción más razonamiento o evidencia. Cuando se dirige específicamente al argumento original, puede ser convincente. Pero es común en los contra argumentos que se dirijan a cosas ligeramente diferentes. A veces incluso están de acuerdo uno con otro, pero están tan enfrascados en su propia pelea que no se percatan de ello.
Llegamos por fin a la forma más convincente del desacuerdo, que es la refutación, que, según el autor, es la más rara, porque es la que da más trabajo, y explica que la jerarquía del desacuerdo forma una especie de pirámide, en el sentido de que mientras más alto se va menos instancias se encuentran.
Mientras la refutación generalmente trae consigo el hecho de citar algo, citar no implica refutación. Algunos comentarios citan partes de cosas en las que no concuerdan para dar la apariencia de refutación legítima, para después continuar con discrepancias de nivel 0 y 1.
Por eso, la fuerza de una refutación depende de lo que uno refute, y así nos encontramos en el nivel 6, que Graham identifica como de "refutación del punto central". Es común encontrar en las críticas altas dosis de deshonestidad deliberada. A veces el espíritu en que se hace esto se convierte más en una forma sofisticada de Ad Hominem que una refutación real. Por ejemplo, al corregir la gramática de alguien, o cuando se señalan errores menores en nombres o números. A no ser que el argumento opuesto dependa de tales cosas, el único propósito de corregir estas cosas es desacreditar al oponente.
Graham señala que, una vez que se tiene una clasificación de las diferentes formas de desacuerdo, hay que dirimir cuál es la correcta, y explica que una respuesta de nivel 6 podría ser, aunque formalmente correcta, totalmente equivocada.
"La ventaja más obvia de clasificar las formas de desacuerdo es que ayuda a la gente a evaluar lo que lee. En particular, ayudará a distinguir los argumentos que son actualmente deshonestos. Un orador elocuente o escritor puede dar la impresión de que está venciendo a un oponente simplemente al usar palabras fuertes. De hecho ésa es probablemente la cualidad que define la demagogia. Al dar nombres a las diferentes formas de desacuerdo, se da a los lectores críticos una aguja para desinflar globos de ese tipo" afirma Graham.
Estas categorizaciones pueden ayudar a los escritores. La mayor parte de la deshonestidad intelectual es sin intención. Alguien argumentando contra el tono de algo en lo que no está de acuerdo puede creer que realmente está diciendo algo. El alejarse y ver su posición en la jerarquía de desacuerdos puede inspirarlos a intentar moverse al contra argumento o la refutación. Pero el gran beneficio de "diferir bien" es que ayuda no a mejorar las conversaciones. Y finalmente, señala que "si moverse en la jerarquía de los desacuerdos vuelve a la gente menos malintencionada o malvada, eso la hará más feliz. La mayoría no lo disfruta: lo hace porque no puede evitarlo".
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