Funcionarios de seguridad europeos sostienen que dos vehículos espaciales rusos habrían interceptado comunicaciones de al menos una docena de satélites clave que operan sobre Europa. Según esas evaluaciones, estas posibles intercepciones —que no habían sido informadas hasta ahora— no solo implican el riesgo de acceso a información sensible transmitida por los satélites, sino que también podrían permitir a Moscú interferir en sus órbitas o incluso provocar su caída.
De acuerdo con fuentes occidentales, los vehículos espaciales rusos han seguido de cerca a satélites europeos con mayor intensidad durante los últimos tres años, en un contexto de fuerte tensión entre el Kremlin y Occidente tras la invasión a gran escala de Ucrania. En ese período, autoridades espaciales civiles y militares han monitoreado de forma sostenida las actividades de Luch-1 y Luch-2, dos artefactos rusos que realizaron reiteradas maniobras consideradas sospechosas en órbita.
Ambos vehículos llevaron a cabo aproximaciones de alto riesgo a algunos de los satélites geoestacionarios más relevantes de Europa, que operan a gran altitud y brindan servicios al continente —incluido el Reino Unido— así como a amplias zonas de África y Medio Oriente. Datos orbitales y observaciones telescópicas desde tierra indican que permanecieron en las inmediaciones de esos satélites durante semanas, especialmente en los últimos tres años. Desde su lanzamiento en 2023, Luch-2 se habría aproximado a al menos 17 satélites europeos.
“Ambos satélites son sospechosos de realizar tareas de inteligencia de señales”, afirmó al Financial Times el mayor general Michael Traut, jefe del Comando Espacial del Ejército alemán, en referencia a la práctica de posicionarse cerca de satélites de comunicaciones occidentales. Un alto funcionario de inteligencia europeo señaló que los vehículos Luch casi con certeza buscan ubicarse dentro del estrecho cono de transmisión de datos que se envía desde estaciones terrestres hacia los satélites.
Ese funcionario expresó especial preocupación por el hecho de que información sensible —en particular los datos de comando de satélites europeos— no está cifrada, ya que muchos de esos sistemas fueron lanzados hace años, cuando no contaban con computadoras de a bordo avanzadas ni capacidades de encriptación. Esta situación los dejaría expuestos a interferencias futuras o incluso a la destrucción, una vez que actores hostiles logren registrar y comprender esos datos de comando.
Las maniobras en el espacio se producen en paralelo a la intensificación de lo que las autoridades occidentales describen como la “guerra híbrida” de Rusia en Europa, que incluye operaciones de sabotaje como el corte de cables submarinos de Internet y de energía. Funcionarios militares y de inteligencia advierten que el Kremlin podría extender estas acciones disruptivas al ámbito espacial y que ya estaría desarrollando capacidades para hacerlo.
Si bien China y Estados Unidos han desarrollado tecnologías comparables, las fuentes señalan que Rusia cuenta con uno de los programas de espionaje espacial más avanzados y ha demostrado un mayor grado de agresividad en el uso de vehículos diseñados para seguir y vigilar satélites de otros países, según subraya la web especializada Ars Technica.