Durante décadas, Windows fue el estándar indiscutido para jugar en PC. No tanto por virtud propia, sino porque ahí estaban los juegos. Sin embargo, el escenario empezó a cambiar: decisiones recientes de Microsoft —más integración forzada de IA, servicios obligatorios y el final del soporte para Windows 10— empujan a muchos usuarios a mirar alternativas que antes parecían inviables.

Ahí entra Linux, históricamente visto como potente pero poco amigable para el público gamer. Esa barrera comenzó a caer cuando Valve apostó fuerte por el ecosistema Linux con Steam Deck y, sobre todo, con Proton, la “capa de compatibilidad” que permite ejecutar juegos pensados para Windows con resultados cada vez más sólidos.

Según The Verge, hoy, jugar en Linux ya no es una rareza experimental. Distros como Bazzite, CachyOS o SteamOS están optimizadas específicamente para videojuegos, ofrecen mejores tasas de FPS en algunos casos y evitan buena parte del “ruido” que muchos usuarios asocian al Windows moderno. Para quien solo quiere prender la PC y jugar, la experiencia es mucho más directa que hace cinco años.

El contraste con Windows es cada vez más marcado. Actualizaciones intrusivas, empujones constantes a Edge, Bing o Copilot, y anuncios de funciones de IA integradas al sistema generan rechazo en un segmento que prioriza rendimiento, estabilidad y control. La sensación de que Windows dejó de ser un sistema operativo y pasó a ser una plataforma de servicios pesa en la discusión.

Ahora bien, Linux todavía no es mayoría. En Steam, ronda apenas el 3% de los usuarios, con SteamOS liderando gracias al éxito del Deck. Problemas con anticheat, drivers propietarios —especialmente en Nvidia— y la fragmentación entre distros siguen siendo obstáculos reales. Cuando algo falla, la solución suele implicar foros, Discord y tiempo.

La pregunta, entonces, no es si Linux ya reemplazó a Windows, sino si está lo suficientemente cerca como para intentarlo. Para muchos jugadores avanzados, la respuesta empieza a ser sí. El costo ya no es “no poder jugar”, sino aprender algo nuevo y aceptar que no todo será plug-and-play.

Con el respaldo de Valve y una Microsoft cada vez más enfocada en IA y servicios, Linux pasó de ser una curiosidad a una alternativa creíble. Tal vez todavía no sea el sistema dominante del gaming en PC, pero por primera vez en años, la idea de instalar Linux para jugar dejó de sonar descabellada.