Una postal perfecta: turistas sonrientes se bañan entre columnas de mármol en las históricas Termas de Caracalla, en Roma. Sin embargo, la imagen es falsa. No solo porque hoy ese sitio arqueológico no es un balneario, sino porque la foto fue generada por inteligencia artificial. Y no es un caso aislado.

La desinformación digital –impulsada por herramientas como la IA generativa, las redes sociales y las estafas online– está generando un serio impacto económico y reputacional en el sector turístico. Así lo advierten especialistas y estudios recientes.

“En turismo, el impacto de la desinformación es especialmente alto porque la compra es emocional, urgente y depende de información visual”, explica Hervé Lambert, experto en turismo y ciberseguridad.

Destinos que no existen y viajeros engañados

El fenómeno no se limita a imágenes embellecidas. En Perú, dos turistas planearon un trekking para visitar el “Cañón Sagrado de Humantay”, un lugar ficticio generado por IA. Incluso llevaban una guía de seguridad y equipo elaborada con ayuda de ChatGPT.

Casos similares se reportaron en Malasia, donde una pareja viajó cientos de kilómetros para conocer un teleférico inexistente, visto en un video viral.

De olas gigantes a tiburones invisibles

En plena temporada alta, un video creado con IA mostraba olas de 30 metros golpeando las playas mexicanas de Cancún y Playa del Carmen. La falsa alarma se volvió viral y generó cancelaciones.

Otro caso paradigmático ocurrió en Mallorca, donde vecinos colocaron carteles en inglés advirtiendo falsamente del cierre de playas por medusas, con un mensaje oculto en catalán: “Playa abierta. No hay medusas ni turistas”.

La Costa del Sol también fue blanco de desinformación: circularon publicaciones que afirmaban, sin sustento, la presencia de 1.500 ataques de tiburones.

En Benidorm, medios británicos replicaron un supuesto brote de delincuencia dirigida a turistas del Reino Unido, con bandas que los drogaban, a pesar de que las autoridades locales negaron tener registros o denuncias al respecto.

¿Qué se puede hacer?

Y para las empresas: