Los principales líderes de la industria de inteligencia artificial llegaron a un inédito consenso para frenar el avance del sector y crear marcos de seguridad comunes, pero los expertos consideran improbable que Washington apruebe una regulación en el corto plazo. Las elecciones de mitad de mandato de noviembre y la negativa de la administración de Donald Trump a ceder terreno frente a China son los principales obstáculos, según informó EFE el 15 de septiembre.

Los máximos responsables de laboratorios como Dario Amodei (Anthropic), Sam Altman (OpenAI), Elon Musk (xAI) y Demis Hassabis (Google DeepMind) abogaron en los últimos días por ralentizar el ritmo de desarrollo del sector para que las salvaguardas puedan alcanzar el ritmo de la tecnología. Las advertencias no fueron menores: Amodei dijo que le preocupa que, en un plazo de 6 a 12 meses, un enjambre de bots llegue "a tomar el control de todo internet".

Jacob Coxon, exempleado de Anthropic y OpenAI, alertó de que la IA podría acabar con toda la humanidad antes de que termine la década. En ese contexto, Anthropic endureció sus controles tras detectar usos potencialmente peligrosos de su modelo Claude, entre ellos investigaciones que podían facilitar el desarrollo de armas biológicas.

Trump, por su parte, salió a rebatir esas lecturas. "Es un engaño la idea de que la IA se vaya a apoderar del mundo, destruir a la humanidad y causar todo tipo de males", escribió el presidente en sus redes sociales.

"En el clima político actual en Estados Unidos, parece una quimera alcanzar consensos sobre las prioridades legislativas en torno a la IA", señaló a EFE Michele Neitz, directora fundadora del Centro para el Derecho, la Tecnología y el Bien Social de la Universidad de San Francisco (USF). Neitz descartó que el Congreso apruebe normativas de calado antes de fin de año, tanto por las elecciones como por las profundas divergencias sobre cómo intervenir el sector.

Mientras la Unión Europea cuenta con un reglamento marco, en Estados Unidos la inacción del Capitolio está derivando en un mosaico de leyes estatales dispares, con casos como California o Connecticut, que dejan al país sin un estándar uniforme.

A eso se suma la postura de Trump, quien defiende que frenar el desarrollo solo beneficiaría a Pekín. "El presidente dijo que Estados Unidos está por delante de China y que no piensa arriesgar esa ventaja", indicó a EFE Nick Reese, profesor adjunto en el Centro de Asuntos Globales de la Universidad de Nueva York (NYU) y exdirector de Políticas de Tecnología Emergente del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Sin embargo, el propio Reese cuestionó ese argumento: "Nadie ha definido con claridad qué significa 'ir por delante de China' ni cuál es la meta exacta de esa supuesta carrera".

Para Reese, la crisis es también de gobernanza. "Los líderes que pilotan la tecnología más transformadora de la historia carecen por completo de una visión clara sobre hacia dónde nos dirigimos. La industria necesita liderazgos distintos", recalcó.

Ante la parálisis legislativa, cobra fuerza la opción de la autorregulación entre las propias empresas, aunque los expertos la consideran compleja. Neitz precisó a EFE que el principal incentivo para que las compañías pongan límites no es la ética, sino el temor a demandas judiciales: "Si creás un agente de IA que termina desestabilizando mercados bursátiles o vaciando depósitos bancarios, la factura judicial para la compañía desarrolladora puede ser letal".

Cientos de agentes de OpenAI se coordinaron de forma autónoma para acceder y vulnerar los sistemas de Hugging Face. Altman describió el episodio este fin de semana como "leer una historia de ciencia ficción" y lo calificó como el principal punto de inflexión en la gestión interna de la empresa, que tuvo que rediseñar sus protocolos para detectar y responder a comportamientos inesperados de sus agentes. Una consecuencia directa fue el retraso de la esperada salida a bolsa de OpenAI, al menos durante este año, ante las preocupaciones sobre el control de esos sistemas.