Un reciente análisis de ADN sobre restos hallados en el centro de Turquía confirmó que tres cachorros enterrados en un asentamiento de cazadores-recolectores eran perros y no lobos. Hasta ahora se creía lo contrario y, por lo tanto, el dato adelanta en unos 5.000 años las estimaciones sobre el inicio de la domesticación.
Los huesos aparecieron hace más de dos décadas en un pozo, por encima de restos humanos. Por su antigüedad —unos 15.800 años— durante años se los consideró lobos. Superaban ampliamente los registros conocidos de perros domesticados.
La confirmación surge de un estudio publicado en Nature. El análisis genético determinó que se trata de perros.
El trabajo fue realizado por equipos de la Universidad de Oxford y la Universidad de Liverpool. Los investigadores compararon estos restos con otros hallados en Eurasia occidental. Detectaron similitudes genéticas en ejemplares encontrados desde Suiza hasta el Reino Unido.
Según explicó William Marsh, los perros analizados son muy similares entre sí. Las distancias entre hallazgos son grandes. Las poblaciones humanas asociadas son distintas. Aun así, el patrón genético se repite.
El arqueólogo Douglas Baird identificó en un sitio cercano entierros con animales junto a humanos. Ese dato apunta a un vínculo que no fue solo práctico.