Gonzalo Varela pasa buena parte de sus días entre salones, cursos y coordinaciones académicas. Da clase en la Facultad de Artes, en la Udelar, trabaja también en UTEC y, cuando termina la jornada universitaria, cambia el chip: abre sesiones, revisa implementaciones y afina detalles de sonido que terminarán en un videojuego publicado para audiencias de distintos países.
En su caso, la docencia y la industria no son dos mundos separados. Gonzalo Varela es compositor y diseñador sonoro en videojuegos, y sostiene que esa mezcla —entre lo académico y lo aplicado— le ordena la cabeza y lo obliga a seguir aprendiendo. “Siempre me gustó crear”, resumió, al contar a Montevideo Portal por qué la composición lo atrapó más que la lógica del concierto tradicional.
Su vínculo con la música empezó relativamente tarde. A los 16 años, con la llegada de la banda ancha, accedió a música que antes no podía escuchar y se obsesionó con guitarristas. Practicó todo lo que pudo y, con apoyo familiar, compró su primera guitarra. En 2011 ingresó a la entonces Escuela Universitaria de Música, hoy Facultad de Artes, y se anotó en dos carreras en paralelo: guitarra y composición.
Con el paso del tiempo aparecieron trabajos fuera del formato tradicional. Teatro, proyectos audiovisuales y videojuegos. Ese cruce fue clave: cada encargo exigía lenguajes distintos, aprendizaje constante y colaboración con perfiles creativos diversos. Ahí encontró una forma de trabajo que todavía lo motiva.
Los videojuegos, de todos modos, estaban desde la infancia. Consolas de Nintendo, horas frente a Super Metroid y RPG como Dragon Quest, Final Fantasy o Chrono Trigger. En ese momento, sin embargo, no existía la idea de dedicarse a eso. Era algo lejano, casi inalcanzable. Con el tiempo, internet y la democratización de las herramientas de desarrollo cambiaron ese panorama.
Desde su mirada, el cambio ya está en marcha. La música para videojuegos no solo empieza a ser reconocida por su valor artístico, sino también por su función narrativa y expresiva dentro de la experiencia. “La música está al servicio de algo más grande”, resume, y es ahí donde encuentra sentido tanto a su trabajo creativo como a su tarea docente.