La amenaza del COVID-19 y toda la paranoia que se generó en las redes piden una puesta en contexto del tema de las epidemias y sus antecedentes.
Lo primero es entender que para que se trate de una epidemia la enfermedad debe ser de tipo transmisible, esto es, que se contagie de un paciente a otro o mediante un agente eficaz, pero hablar de cosas como "epidemia de obesidad" o similares es una metáfora y no se trata de un concepto científico correcto.
Lo segundo a tener en cuenta es que las enfermedades precisan de dos elementos para poder ser una epidemia, y que son: un agente infeccioso (1) (COVID-19, sarampión, influenza, salmonella) y de un vector que lo transmita, el que puede ser activo, como el mosquito Aedes en el caso del dengue, o pasivos, como las aguas servidas en el del cólera.
Para además ser poblacionalmente peligrosa, también influye que los pacientes sean contagiosos para individuos sanos (incluso en períodos en los que aún son asintomáticos) y que - como el caso del coronavirus - al ser nuevos los agentes infecciosos no existan defensas contra el ataque del mismo.
Las epidemias antes estaban más contenidas por la menor movilidad que la tecnología del momento imponía como restricción; en el 430 AC la llamada "plaga de Atenas" mató la tercera parte de la población de la ciudad, unos 150.000 individuos. Hoy se cree que fue fiebre tifoidea (infección por Salmonella typhii) y si bien tuvo algunos focos en Esparta, no se expandió por toda el Ática, ya que el contagio era más difícil que hoy, en el que una persona infectada pero asintomática por estar incubando puede viajar en días de China a Europa.
Los ejemplos históricos son muchos: la peste bubónica, llamada así por las manchas negras muy dolorosas llamadas "bubas" que le aparecían a los enfermos, atacó en Bizancio en el 542 (se la llamó la plaga de Justiniano) y en Europa entera en el siglo XIV (la "Peste negra") donde dura más de cien años con diferentes focos y mata más de 34 millones de personas. El agente en este caso es la bacteria Yersinia pestis, y si bien hoy la podemos tratar con antibióticos no está erradicada, y en lugares como Mongolia sigue existiendo.
Otro ejemplo clásico, la malaria, se llama así porque en Italia se creía que provenía del "mal aire" ya que se asociaba a los pantanos. En realidad, el vector, el mosquito anófeles, llegó con los barcos de África (2) (lo mismo que acontecería años después con América, donde sigue siendo un problema). Como en el caso del dengue (endémico y un problema mucho más real y acuciante para nosotros que el COVID-19) la presencia del vector (mosquito) no garantiza la enfermedad, ya que éstos deben estar infectados para transmitirla, pero sí genera el problema de que un solo caso pueda generar un brote al ser picado un paciente infectado y luego otros sanos.
La higiene es otro de los factores esenciales, como en el caso del cólera, que generó siete brotes masivos desde el siglo XIX, cuando surgiera en la India. Esta enfermedad es causada por el Vibrio cholerae, un tipo de microorganismo que no es exactamente una bacteria, pero se le parece (3), y que tiene como vector las aguas servidas y el mal saneamiento, pero una vez instalada se propaga por contacto con las secreciones de los infectados.
El caso actual del coronavirus así como el del ébola, también tuvieron origen en las prácticas de higiene, en particular en el tratamiento de animales para consumo (murciélagos en ambos casos) pero luego tuvieron cursos diferentes, ya que es otro el factor a considerar: la transmisibilidad de la enfermedad.
En los casos anteriores, el COVID-19 es mucho más transmisible, pero el ébola es muchísimo más letal, por lo que una epidemia de ébola más focalizada es un peligro potencial muy superior a una generalizada de coronavirus.
El virus más transmisible, prácticamente imparable salvo por la vacunación, es el sarampión, y gracias a la política medieval de Argentina y España respecto de la no obligatoriedad de vacunar, ya tenemos casos importados en Uruguay. No existe forma suficiente de calificar una imbecilidad de este nivel.
Con otras enfermedades, como la viruela, se logró la erradicación, al punto que se hizo un convenio mundial de destruir incluso las muestras de laboratorio (4) para evitar contagios accidentales o hechos de terrorismo.
En suma, no es un tema que se pueda evitar, de tanto en tanto va a surgir alguna enfermedad que se propague pero la única forma de actuar es tener un sistema global que permita coordinar acciones; de lo contrario -no es el caso del COVID-19- la próxima puede darnos un disgusto.
Q.F. Bernardo Borkenztain
Twitter - @berbork
Email [email protected]
(1) Existen casos como la "risa de Tanganica" que se trató de casos de naturaleza psicológico/psiquiátrica, posiblemente histeria de masas, que tiene la capacidad de propagarse como por contagio, pero no pueden alcanzar escalas globales y suelen ser muy dependientes del medio social que las genera. No son epidemias en sentido estricto tampoco.
(2) Un teoría también supone que fue difundida por el ejército de Alejandro Magno, que fue el primer gran movimiento en cubrir desde África a la India.
(3) Técnicamente, una proteobacteria, se la considera a veces un tipo de bacterias efectivamente.
(4) La teoría conspiranoica del momento decía que los soviéticos perforaban el permafrost de Siberia buscando cadáveres infectados de viruela para cultivar el virus, pero hubiera sido más fácil no destruir las muestras de laboratorio...
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