Esta observación fue descubierta por el experimento LHCb del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN, el enorme cilindro de 27 kilómetros de largo situado en el subsuelo de Ginebra, según anunció hoy el organismo en un comunicado.
Los quarks son un tipo de partículas elementales, componentes de otras partículas subatómicas, como el protón y el neutrón, y que no existen de manera aislada.
"Es un resultado emocionante. Gracias a la excelente capacidad de identificación de hadrones del LHCb, único entre los experimentos del LHC, hemos sido capaces de identificar una señal muy clara sobre el fondo. Esto demuestra, una vez más, la sensibilidad y la precisión del detector LHCb", dijo, citado en el comunicado, Steven Blusk, de la Universidad de Siracusa.
Del experimento LHCb forman parte 670 científicos y 250 técnicos e ingenieros de 65 instituciones que representan a 16 países.
Tras una gran pausa en la que ha recibido mejoras y ajustes, el LHC se está preparando para operar a energías mayores y con haces más intensos.
Está previsto que comience a funcionar de nuevo en primavera de 2015.
Con información de EFE
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