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"No hay amor más sincero que el amor a la comida", escribió en su hora el inolvidable George Bernard Shaw. Y esa parece ser la divisa de un sujeto residente en Los Ángeles, y que parece dedicado a satisfacer su estómago a costa de corazones rotos. Hacer de corazón tripas, podría decirse.
El blog gastronómico Eater ha estado últimamente tras la pista del sujeto, quien comenzó sus andanzas hace tres años y -luego de un compás de espera- ha vuelto al ruedo.
Su modus operandi es sencillo. Contacta a mujeres a través de las aplicaciones de citas e inicia una relación virtual, en la que se comporta de manera gentil, divertida y caballerosa. Luego arregla una cita en el mundo real con la víctima, y ahí llega el momento de la verdad: se come hasta las servilletas y desaparece, dejando a la pobre dama con un agujero en el corazón y otro en la cartera.
El don Juand e la buena mesa está identificado: se llama Paul Gonzales, y puede que su negocio tenga las horas contadas. Según consiga el periódico ABC, varias de sus víctimas han entrado en contacto entre sí y preparan una demanda conjunta contra él. Y son unas cuantas.
Marjorie, por ejemplo, salió con Paul en 2016. Avergonzada, cuenta que fue atento y cariñoso hasta que se excusó para atender una llamada. Nunca regresó. Sobre la mesa quedó una factura de 250 dólares. La mayor parte del importe correspondía a la copiosa comida que el estafador se había metido entre pecho y espalda; y que la mujer tuvo que pagar de su bolsillo.
Gonzales maneja una variada lista de excusas para escabullirse a la hora de "ponerse". En otra ocasión contó a su cita que su tía estaba gravemente enferma. Al final de la cena señaló que su teléfono se estaba quedando sin batería y aseguró que iba al coche a buscar un cargador extra. Se esfumó dejando un "clavo" de 130 dólares. Un tercer testimonio le retrata como un personaje menos creativo: simplemente dijo que necesitaba levantarse un momento y se fue. Como detalle, cuenta que había repetido la entrada y el plato principal.
Vinos carísimos, ensaladas de marisco, suculentas carnes, son algunos de los manjares por este desilusionador serial, cuyos días no se pronostican muy halagüeños. Además de las mujeres conjuradas contra él, también del otro lado del mostrador le surgen enemigos. El mes pasado, el dueño de un restaurante lo reconoció cuando se disponía a zamparse su segundo churrasco de la noche. Gonzales fue expulsado, y el establecimiento optó por no cobrarle la cuenta a la mujer que estaba a punto de ser estafada.
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