Ciencia

A la voz de aura

De bioenergía, orgasmos y otras yerbas: una mirada a la pseudociencia

¿Una fuerza que nos rodea, liberada por los orgasmos? ¿Existe el "aura"? El químico Bernardo Borkenztain analiza algunos ejemplos de pseudociencia.

25.10.2018 11:29

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2018-10-25T11:29:00
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Terminado el ciclo de uso y abuso de los medicamentos que realizó para nuestro portal, el químico farmacéutico Bernardo Borkenztain inicia otra serie, centrada ahora en la pseudociencia.

Una constante de los sistemas filosóficos es que buscan una explicación para las cosas del mundo, y, casi universalmente, lo hacen desde la reflexión interna, alejados de la experimentación, la que parece ser privativa de la ciencia.

En ese sentido, los sistemas occidentales (con los griegos a la cabeza) buscaban determinar la physis, la sustancia constitutiva del Universo, y así como Demócrito postuló sus "átomos" o elementos indivisibles como su base, otros filósofos apuntaban al fuego, el agua o el aire.

En escuelas más místicas, el elemento predominante era la postulación de un tipo de energía (prana, ka, chi, ki) que sería el motor del Universo, pero de una característica metafísica que la hace indetectable e inmedible y, por lo tanto, impermeable a la experiencia intersubjetiva.

Esto significa que, si bien ante las experiencias de tipo místico sí se las puede experimentar, esta vivencia es intransferible, al menos de manera objetivable.

Esto no sería problemático, salvo el hecho de que, recientemente, hay una tendencia a intentar explicar estos fenómenos invocando a una ciencia que jamás experimentó sobre los mismos (y hasta donde yo sé tampoco teorizó) y se generan una serie de barbaridades, algunas de las cuales son hasta risibles.

Lo más común (y vaya esto como advertencia para los incautos) es invocar a la mecánica cuántica, e incluso a la teoría de cuerdas para explicar estos fenómenos. No se tome la molestia de considerarlos. El que hace esto es un chanta. Si Schrödinger viviera probablemente se convertiría en un asesino serial.

Veamos algunos ejemplos.

El primero y más interesante (en un sentido estricto) es probablemente el de las proezas de los maestros de artes marciales, las que invocan la canalización de una energía que en Japón llaman "ki" y en China "chi", pero que fueron explicadas por la biomecánica -hay una serie documental de Discovery Channel muy buena llamada El arma humana- e incluso medidas cuantitativamente como meras respuestas neuromusculares (de individuos muy talentosos sin dudas). Estas respuestas, si bien llevadas al límite, siempre quedan dentro de lo explicable por la ciencia. En este sentido la energía postulada se relegaría al mundo de las metáforas, en este caso, para explicar la descarga de adrenalina y los disparos eléctricos moto-neurales.

Un ejemplo un poco más estrambótico es el de las "cámaras kirlian" que supuestamente sacan fotos del "aura vital" y permiten a ciertos "especialistas" sacar conclusiones de la salud espiritual y física en función de un efecto corona de luz difuminada en torno a la persona fotografiada. Esto tuvo un pico de popularidad en los setenta, pero, como no podía ser de otra manera, obviamente resurgió con la horda de desinformados de internet. Ni que hablar que la ciencia tiene una interpretación muy diferente del fenómeno: el efecto es meramente el registro de diferencias térmicas y de presión del aire, junto con la conductividad de la piel. Es más, un efecto "místico" que se producía cuando al fotografiar una hoja de árbol y luego cortarle un trozo y volverlo a fotografiar aparecía un contorno borroso de la parte removida, fue eliminado al fotografiar la hoja la segunda vez sobre placas de apoyo nuevas, demostrando que se debía más a restos de humedad de la propia hoja que a un "aura mística".

Para el final, dejamos el más épico de los ejemplos, el de Willhelm Reich (1897-1957) un psicoanalista discípulo del mismísimo Sigmund Freud, del que se separó cuando postuló su teoría de la energía "orgónica" (un apócope de "orgasmo" y "organismo"), un concepto indistinguible de los que hablábamos como el prana o el chi. En su idea (nos negamos a llamarla teoría), se trataba de una sustancia inmaterial que lo rodeaba todo, y que interpenetraba y conectaba a los seres vivos, al estilo de la "Fuerza" de Star Wars pero sin los midiclorianos. Según el autor, es la energía que se liberaba en los orgasmos; sus partículas se llamaban "orgones" y, al igual que el chi o kundalini, su bloqueo causaba las enfermedades.

Para curarlas, desarrolla la "orgonita" para aplicar la energía a zonas afectadas e incluso una "cámara orgónica" en la que se introducía a los pacientes. Tanta fe le tenía que escribió a Albert Einstein sobre sus ideas y éste aceptó probar la cámara orgónica, en la que se detectó un calentamiento, tal como predecía Reich, pero uno de los asistentes descubrió que la zona superior acumulaba más calor que la inferior, en un gradiente que tenía explicaciones físicas y no metafísicas. El final es obvio: si su sociedad médica no provee cámaras orgónicas para la curación es por algo, y si la palabra "orgasmo" no estuviera involucrada en todo esto, el mundo probablemente habría olvidado al que fue alguna vez un investigador serio, el gran Willhelm Reich.

En suma, es muy tentador involucrar a la ciencia y su gran poder de fundamentación y convalidación, pero hay que recordar (y a eso dedicaremos este ciclo de columnas) que debe decirse quién, cómo y dónde se hicieron y publicaron los estudios que se invocan. Expresiones tales como "prestigiosos científicos demostraron" o "en afamadas universidades se probó" solo valen para meterlas en la cámara orgónica...

Q.F. Bernardo Borkenztain
@BerBork
borky@montevideo.com.uy