Contenido creado por Sin autor
Vida en la red

Por The New York Times

Cómo las estrellas de la transmisión en continuo pagan el precio de la fama cibernética

Twitch es más conocido como un lugar en el que la gente se transmite en directo jugando a videojuegos, pero en la actualidad hay más cosas.

01.08.2022 15:11

Lectura: 15'

2022-08-01T15:11:00-03:00
Compartir en

Por The New York Times | Kellen Browning and Kashmir Hill

El visitante indeseado golpeó la puerta principal de Kaitlyn Siragusa y miró por las ventanas de su casa en las afueras de Houston. Cuando ella no contestó, se dirigió a la parte trasera de su casa y sacudió el pomo de la puerta.

Llevaba meses enviándole mensajes inquietantes a Siragusa, de 28 años, y dijo en internet que había vendido su casa y sus pertenencias en Estonia para atravesar medio mundo en avión e ir a encontrarla.

“Siento haber tardado mucho en llegar. Ha sido un reto muy grande”, comentó el hombre, captado por las cámaras de seguridad de Siragusa en junio. Luego, hablando por el teléfono que estaba usando para transmitir en vivo la visita, añadió: “Pero ya estoy aquí”.

El hombre era uno de los cinco millones de seguidores de Siragusa en Twitch, donde se hace llamar Amouranth. Ella llamó a la policía, que finalmente acudió y lo detuvo. El incidente fue aterrador, aseguró, pero no era la primera vez que se enfrentaba a lo que cada vez más va de la mano con ser “streamer” de alto perfil en Twitch: el acoso y el hostigamiento.

Twitch es más conocido como un lugar en el que la gente se transmite en directo jugando a videojuegos, pero en la actualidad hay más cosas, desde demostraciones de cocina hasta comentarios políticos. Aunque Siragusa juega de vez en cuando “Raid: Shadow Legends” o “GeoGuessr”, su transmisión de todo el día y de varias horas de duración se parece más a un espectáculo de variedades de cabaret.

Conocida por sobrepasar los límites de las normas de la plataforma contra el contenido sexualmente explícito, Siragusa se puede encontrar vistiendo trajes de personajes de videojuegos con poca ropa o bromeando con su público mientras hace su rutina de ejercicio.

Aunque Twitch desaconseja a los “streamers” que usen traje de baño si no piensan darse un chapuzón, Siragusa puede hacer transmisiones en bikini: el año pasado instaló un jacuzzi inflable en su habitación.

La gran mayoría de los ocho millones de usuarios de Twitch transmiten durante horas e interactúan con los admiradores que les envían mensajes de chat. Siragusa dice que gana cerca de 120.000 dólares al mes en Twitch gracias a los fanes que ven anuncios, hacen donaciones puntuales o pagan casi 5 dólares al mes por suscribirse a su canal, un compromiso que conlleva ventajas como insignias especiales y “emotes” personalizados, es decir, pequeñas imágenes utilizadas en el chat para expresar una reacción. Eso se suma al más de un millón de dólares que gana mensualmente en otras plataformas, como OnlyFans.

La capacidad de “streamers” como Siragusa para atraer a la audiencia es el alma de Twitch, que genera dinero a través de anuncios y tomando una parte de los pagos de los admiradores. Amazon pagó casi 1000 millones de dólares en 2014 para adquirir la empresa, que tiene en promedio 31 millones de espectadores diarios.

Twitch, más que Instagram, Twitter o TikTok, es una plataforma íntima, diseñada para que sus estrellas parezcan verdaderos amigos de sus fanes, pasando el rato virtualmente con ellos. Esas relaciones acogedoras son parte fundamental del modelo de negocio del sitio. Pero a veces se vuelven insalubres.

“En las transmisiones en directo, ven tu casa, tu habitación, y se sienten muy cómodos con ellos”, aseguró Siragusa. “Creo que eso es lo que contribuye a gran parte del acoso: sienten que te conocen”.

Los “streamers” de Twitch y otras plataformas han sufrido la aparición de acosadores en sus casas y en convenciones de fanes, han sido blanco de espectadores armados y violentos o han tenido que lidiar con el “swatting”, una maniobra a veces mortal en la que alguien llama a la policía local para denunciar un falso delito en la casa de un “streamer”, con la esperanza de que la redada sea captada en vivo por las cámaras. Los “streamers” de éxito como Siragusa tienen una carrera de ensueño —se les paga por pasar el rato y jugar videojuegos—, pero dicen que, al convertirse en celebridades, a veces de la noche a la mañana, Twitch les advierte poco de los riesgos y solo les ofrece apoyo limitado cuando ocurren situaciones peligrosas.

“El acoso o las amenazas no tienen absolutamente ningún lugar en Twitch y utilizamos todas las palancas a nuestra disposición tanto para minimizar el riesgo de daño como para responder al daño causado a nuestra comunidad”, afirmó Twitch mediante un comunicado.

Tom Verrilli, director de producto de la compañía, dijo que la gran mayoría de las interacciones en el sitio eran positivas. “Pero, desde luego, se necesita un idiota para arruinar la fogata”, señaló.

Un tipo diferente de fama

En la década de 1950, los psicólogos observaron el intenso apego emocional que los fanáticos podían desarrollar hacia los actores, presentadores de noticias y otras celebridades y lo llamaron “relación parasocial”: un vínculo unilateral en el que los fanáticos invierten tiempo, energía y emoción en estrellas que desconocían su existencia.

En casos extremos, el fan “se sentirá como si fuera dueño de la celebridad o como si fuera su pareja”, explicó Chris Rojek, profesor de Sociología de City, University of London que ha estudiado el tema de la celebridad. Alan Hutchings, un hombre de 37 años de Dallas, descubrió el canal de Twitch de Siragusa en 2016, cuando jugaba “Overwatch” y hacía cosplay de uno de sus personajes. Como jugador de “Overwatch”, relató, seguía regresando a verla por la capacidad que ella tenía para contar historias y atraer a los espectadores. Llegó a conocer a muchos de sus otros seguidores.

“Puede ser un grupo social, de amigos en línea”, afirmó Hutchings, veterano de la Guardia Nacional del Ejército de Texas y empleado de una empresa de desarrollo de software. “Puede servir incluso de grupo de apoyo si alguien tiene un mal día”.

Como moderador del canal de transmisión en continuo de Twitch de Siragusa y del servidor Amouranth en Discord, una plataforma de mensajería, también ha visto el lado más oscuro de las conexiones que se forman a través de Twitch. Hutchings ha tratado con admiradores revoltosos y ha observado cómo los vínculos pueden salir mal: los tipos de relaciones extremas y poco saludables que la gente forma cuando no habla con otros admiradores y se obsesiona con el “streamer” excluyendo todo lo demás.

Brooke Bond también ha experimentado los beneficios de una comunidad comprometida en Twitch y los inconvenientes extremos. En 2018, cuando empezó a transmitir desde la casa de sus padres en el área de Portland, Oregón, hablar con sus fanes le ayudó a aliviar el estrés.

Comenzó jugando el videojuego “Fortnite”, pero también les habló a sus espectadores sobre su ansiedad por la universidad, su decisión de dejar su trabajo de medio tiempo para transmitir a tiempo completo y su vida amorosa, que fue de particular interés para su audiencia después de que ella comenzó a salir con otro popular “streamer” de Twitch. Bond, bajo el nombre de usuario BrookeAB, rápidamente acumuló una gran cantidad de seguidores.

Un año después, les contó a sus fanáticos sobre una oportunidad inesperada: 100 Thieves, una organización de deportes electrónicos, se ofreció a pagarle para que se mudara a Los Ángeles y viviera en una casa para creadores de contenido.

Parecía una decisión emocionante para ella. Sin embargo, algunos de sus admiradores no lo vieron así.

Tomando precauciones

Los espectadores acusaron a Bond de venderse y expresaron un sorprendente grado de posesividad sobre su vida. Algunos publicaron su información personal, así como su dirección y la de su familia en varias plataformas de redes sociales. Otros le enviaron amenazas de muerte.

Twitch, reveló Bond, la apoyó, eliminando las peores cuentas de la plataforma, alentándola a contactar a la policía y ofreciéndole consejos sobre cómo eliminar su información personal de internet. Pero además de eso, aseguró Bond, la plataforma no sabía qué más se podía hacer, sobre todo porque el acoso había traspasado Twitch para llegar a otras redes sociales.

“Creo que quieren ayudar, pero no tienen ni idea de qué hacer”, opinó.

Bond y su familia se gastaron decenas de miles de dólares en un investigador privado, que hizo intervenir al FBI para localizar a sus acosadores. Su situación mejoró, pero los seguidores amenazantes persisten. En abril, después de que Bond, ahora de 24 años, hablara en Twitch de sus planes de ir al festival de música de Coachella, los acosadores en línea amenazaron con matar a su madre e incendiar su casa si iba.

Ella canceló el viaje. Por si acaso.

David Huntzinger, gestor de talentos de Los Ángeles que representa a estrellas digitales, dijo que las celebridades a menudo tienen que lidiar con las obsesiones malsanas de algunos admiradores. No obstante, los que transmiten en vivo, comentó, corren un riesgo especial por los detalles personales que pueden exponer sin querer. Un comentario ocioso sobre una cafetería favorita, una referencia a un ser querido o incluso un vistazo a la calle por la ventana pueden dar a los fanes obsesionados las herramientas que necesitan para entrometerse.

“No se puede esperar que alguien de 18 años, una celebridad de la noche a la mañana, haya reflexionado sobre todas estas cuestiones”, afirmó Huntzinger. Las microcelebridades que son famosas en un nicho, como la audiencia de Twitch, no suelen darse cuenta de cuán accesible es su información personal hasta que comienza el acoso, explicó Leigh Honeywell, directora ejecutiva de Tall Poppy, una empresa que se enfoca en la ciberseguridad personal y que ha asesorado a Twitch.

Permanecer en el anonimato podría ser más desafiante para los estadounidenses que para el talento en línea con el que Honeywell ha trabajado en otras partes del mundo porque los corredores de datos en Estados Unidos pueden vender información personal legalmente, aclaró, incluyendo las direcciones de las casas.

“Es fundamentalmente difícil ser privado de manera verdadera”, señaló.

¿Un mejor sistema de alerta?

Twitch tiene una página de introducción para nuevos creadores, con consejos de “streamers” exitosos para comenzar. La mayor parte es técnica, sobre sistemas óptimos de iluminación, computadora y cámara o sobre cómo atraer a una audiencia. No hay advertencias destacadas sobre la seguridad personal o las desventajas de la fama.

Sin embargo, en un momento poco habitual a mitad de uno de los videos de “consejos”, Max González, que transmite como GassyMexican y al que Twitch pagó para que ofreciera sus consejos a los recién llegados, lanza una leve advertencia.

“Lo habría pensado dos veces antes de revelar mi cara”, comentó González. (Algunos de los “streamers” más populares de Twitch, como Ironmouse, utilizan avatares de dibujos animados que ocultan su aspecto).

González dice que lo recomendable y lo desaconsejable en materia de seguridad debería estar más presente en Twitch para los nuevos “streamers”, para “metérselo en la cabeza a alguien desde el principio”.

Una acosadora lo ha hostigado a él y a sus allegados durante varios años, afirmó González. Cuando asiste a una convención organizada por Twitch en la que los fanes pueden conocer en persona a los “streamers”, da información sobre su acosadora a los elementos de seguridad para asegurarse de que no se le permita la entrada.

Solía hacer encuentros públicos con sus espectadores, pero dejó de hacerlo tras el asesinato en 2016 de Christina Grimmie, una estrella de YouTube a la que le dispararon mientras firmaba autógrafos tras un concierto. “Conmocionó a muchos creadores cuando ocurrió”, relató González.

Twitch no es ajeno a las amenazas. Una portavoz de Twitch dijo que la compañía planeaba en los próximos meses transmitir en directo una sesión que educará a los “streamers” sobre los riesgos del mundo real. En los últimos años, ha incrementado sus esfuerzos para incorporar la seguridad a la plataforma, dijo Verrilli. Por ejemplo, señaló un cambio que el sitio hizo para ocultar la información de contacto personal en la página de configuración de Twitch, con el fin de que los “streamers” que compartan sus pantallas de ordenador no expongan accidentalmente su dirección o número de teléfono.

Angela Hession, vicepresidenta de confianza y seguridad global de Twitch, dijo que su equipo mantenía a los creadores al día sobre “cómo protegerse, tanto en Twitch como fuera de la plataforma”, incluso ofreciendo un centro de seguridad con consejos para prevenir el “doxxing”, es decir, la publicación de información personal, el “swatting” y el acoso.

Hession aseguró que Twitch trató de crear “un entorno seguro”, pero que estaba limitado en cuanto a lo que podía hacer para ayudar. Por ejemplo, no puede dar información de identificación sobre un posible acosador a menos que la empresa reciba una solicitud válida de la policía. El equipo de Twitch encargado de mantener la correspondencia con las fuerzas de seguridad y de informarles sobre las amenazas que se producen en la plataforma se ha cuadruplicado en los últimos dos años.

El año pasado, la empresa anunció que empezaría a responsabilizar a los usuarios por el mal comportamiento que se produjera “fuera del servicio”, diciendo que era un enfoque novedoso para la industria. Si se determina que un usuario de Twitch ha cometido un “daño atroz en el mundo real”, según la empresa, se le puede expulsar de la plataforma. En 2020, Twitch amplió su definición de conducta de odio y reconoció que algunos creadores, sobre todo las minorías, “experimentan una cantidad desproporcionada de acoso y abuso en línea.” El verano pasado, la etiqueta #TwitchDoBetter (Twitch mejora) comenzó a circular en las redes sociales después de que “streamers” negros y LGBTQ dijeran que estaban siendo atacados por las llamadas “redadas de odio”, mediante las que cuentas de bots automatizados enviaban mensajes no deseados a sus chats con epítetos racistas y discriminatorios.

Twitch comentó que había mejorado sus programas de moderación en respuesta, incluyendo la adición de mejores herramientas automatizadas para detectar bots maliciosos. Pero los “streamers” dicen que ellos mismos —y sus equipos de moderación— siguen siendo en gran medida responsables de garantizar que los espectadores sigan las normas del sitio.

Klint Harlin, que transmite para más de 4000 seguidores en su canal de Twitch TerribleGaming123, tuvo que hacer frente a un puñado de ataques de odio racista el año pasado. Entonces, Harlin, de raza negra, fue víctima de “swatting”. Agentes de policía se presentaron en su casa de Detroit el mes pasado y lo esposaron mientras comprobaban que la denuncia de violencia en su residencia era falsa.

“Pueden provocar que alguien muera haciendo esto”, dijo Harlin, de 36 años. “Para mí, eso es un intento de asesinato”. Un mundo surrealista

Un video de YouTube visto más de un millón de veces aborda el problema de manera directa: “¿Cómo puedo detener a mi acosador? Por favor, ayúdenme”.

Una popular “streamer” de Twitch conocida como Sweet Anita, de 31 años, hizo el video en 2020 después de que dijo que un fan apareció en repetidas ocasiones en su casa, en una ocasión con un cuchillo. En él, habla sobre sus experiencias y entrevista a otros “streamers” de Twitch sobre el acoso.

Algunos “streamers” no reconocen los episodios de acoso por temor a empeorarlos. Pero otros hablan abiertamente del acoso y los costos de su transmisión se convierten en otra parte de la vida que comparten con su audiencia.

Sweet Anita, quien pidió ser identificada solo por su alias por razones de seguridad, dijo que muchos “streamers” fabricaban paredes falsa o colgaban tela detrás de ellos para evitar que los fanáticos identificaran características distintivas en su hogar que podrían coincidir con fotos de Zillow o listados de alquiler.

“Disfraza tu casa. No hagas recorridos por tu casa”, recomendó. Te encontrarán.

A pesar de las precauciones que tiene que tomar, Sweet Anita dijo que no se arrepiente de haber incursionado en las transmisiones en continuo.

“Me río todos los días. Me pagan por jugar videojuegos”, dijo. “Es un mundo surrealista”.

Tampoco Siragusa se cuestiona su elección profesional. Después de seis años en Twitch se mantiene firme ante el acoso, que ha ido en aumento hasta el punto de que un hombre estonio se presentó en su casa. Es una desafortunada realidad de ser mujer en internet, opinó.

“Supongo que te acostumbras; es algo que viene implícito”, comentó. “Aunque no debería ser así”.

Sin embargo, está ampliando su repertorio, desde el “género de las ‘e-girls’ (una chica guapa que hace cosas sin planearlas en una transmisión en continuo)” a temas más convencionales, como presentar programas de juegos. También está montando una empresa de gestión de “streamers”.

Y sueña con abrir un santuario para perros y caballos rescatados. Transmitiría contenido de los animales en directo. La estrella de las redes sociales Kaitlyn Siragusa con su equipo de transmisión en continuo en Katy, Texas, el 29 de junio de 2022. (Go Nakamura/The New York Times) La estrella de las redes sociales Kaitlyn Siragusa, en Katy, Texas, el 29 de junio de 2022. (Go Nakamura/The New York Times)