Este domingo se cumplen tres años del lanzamiento de ChatGPT, el chatbot de inteligencia artificial desarrollado por OpenAI, cuya evolución marcó un antes y un después en la interacción digital. Desde su irrupción en noviembre de 2022, el sistema ha pasado de ser una herramienta de generación de contenido a convertirse en asistente de trabajo, tutor académico, colaborador creativo e incluso confiado emocional para millones de personas.
Con más de 800 millones de usuarios activos, ChatGPT ha trascendido el rol de buscador para instalarse como interfaz conversacional central en el uso de la tecnología. Sin embargo, este avance también trajo consigo tensiones éticas, riesgos sociales y desafíos regulatorios.
De GPT-3.5 a GPT-5: salto evolutivo y capacidades multimodales
ChatGPT debutó con el modelo GPT-3.5, capaz de generar texto fluido y mantener diálogos coherentes. Luego vinieron GPT-4 y GPT-4o , que introdujeron multimodalidad nativa , es decir, la capacidad de procesar simultáneamente texto, imágenes y audio con alta velocidad y precisión.
El actual modelo GPT-5 profundiza el razonamiento autónomo, permite generar código avanzado, resolver problemas científicos complejos y adaptar su tono comunicativo según la personalidad del usuario. Incluso, OpenAI ha comenzado a implementar agentes de IA con navegación autónoma, capaces de realizar tareas complejas en segundos, como búsquedas web estructuradas o generación de informes especializados.
Entre la innovación y la polémica
Junto con su expansión, también crecieron las advertencias. Entre los problemas más notorios:
- Alucinaciones: errores factuales o inventos presentados como información válida.
- Dependencia emocional: casos de usuarios que desarrollan vínculos problemáticos con el chatbot, especialmente adolescentes.
- Contenido dañino: generación de 'deepfakes', campañas de desinformación o instrucciones para crear software malicioso.
- Cuestiones legales: uso de material protegido por derechos de autor en el entrenamiento de modelos.
- Ciberseguridad: aprovechamiento de la IA para automatizar ataques, fraudes o manipulación masiva en redes .
Uno de los casos más delicados ocurrió en EE.UU., donde una familia demandó a OpenAI tras el suicidio de su hijo adolescente, alegando fallos en las salvaguardas del sistema.
Frente a estas preocupaciones, la compañía ha reforzado su estrategia de seguridad y ética, con mejoras en la detección de malestar emocional, limitaciones para usuarios menores, filtros de contenido sensible y trazabilidad de fuentes.
Una herramienta con múltiples rostros
A pesar de los riesgos, el impacto transformador de ChatGPT es innegable . En oficinas, escuelas, medios y hogares, se volvió parte de rutinas cotidianas: desde redactar correos o corregir códigos hasta explicar temas complejos o planificar viajes. Su integración con navegadores, plataformas educativas, editores de imagen y asistentes virtuales aceleró la convergencia entre inteligencia artificial y vida cotidiana.
Con información de Europa Press