La misión Artemis II completó el primer sobrevuelo tripulado de la Luna en más de 53 años y envió a la Tierra un paquete de imágenes en alta resolución y registros de voz de sus cuatro astronautas. El material fue capturado con cámaras Nikon e incluso iPhones desde la nave Orion, que alcanzó su punto más lejano antes de iniciar el regreso previsto para este viernes.
Durante el paso por la cara oculta, la cápsula activó un sistema de comunicaciones láser que permitió transmitir datos casi en tiempo real. La tripulación describió cráteres, montañas y variaciones de color en la superficie, además de detectar destellos breves provocados por micrometeoritos impactando la Luna.
Pese al volumen de información, parte de la comunidad científica relativizó el aporte. Según informó Arstechnica, El geólogo planetario Clive Neal sostuvo que “el mayor valor es el PR” y que la misión sirve principalmente para generar entusiasmo público más que para producir descubrimientos de fondo. También remarcó que no se espera “ciencia de nivel decenal”, en referencia a los objetivos estratégicos que guían la exploración del sistema solar.
El argumento central es que la Luna ya fue estudiada durante décadas por sondas robóticas equipadas con radares, altímetros láser y sensores espectrales, capaces de relevar el terreno con mayor precisión. Misiones como el orbitador LRO llevan desde 2009 mapeando la superficie con un nivel de detalle que Artemis II no puede igualar desde una distancia mucho mayor.
Aun así, la misión introduce un elemento nuevo. La observación humana en tiempo real permite interpretar colores, relieves y contextos de forma más flexible que los instrumentos automáticos. Los astronautas, por ejemplo, identificaron matices en zonas como el plateau Aristarchus y describieron la tridimensionalidad del terreno, algo relevante para futuras decisiones de exploración.
Otro punto operativo fue la evaluación de la nave Orion como plataforma científica. La tripulación reportó problemas de reflejos de luz solar y terrestre, que resolvieron de forma improvisada con una remera para mejorar la visibilidad. Estos datos son clave para ajustar futuras misiones con tripulación.
El consenso dentro de la NASA es que el verdadero salto llegará cuando los humanos vuelvan a pisar la superficie. Ese escenario se proyecta hacia 2028, condicionado al desarrollo de módulos de alunizaje comerciales. Hasta entonces, Artemis II funciona como una prueba integral de sistemas y como un ensayo para reincorporar a los humanos en la exploración planetaria.
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