La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) autorizó a Aletta, el primer robot capaz de extraer sangre sin que ninguna persona toque la aguja. Lo desarrolló la empresa neerlandesa Vitestro y, según informó el analista Marc Vidal en X, ya está habilitado para funcionar en entornos clínicos reales.

El dispositivo localiza la vena usando luz infrarroja y ecografía Doppler (una técnica que mide el flujo de sangre mediante ondas de sonido, similar al ecógrafo que usás en una consulta médica). No solo detecta la vena: también la distingue de una arteria antes de insertar la aguja de forma autónoma. Un flebotomista (el profesional que extrae sangre) puede supervisar hasta tres máquinas al mismo tiempo en lugar de hacer cada punción de forma individual.

Los resultados en ensayos clínicos son concretos: en más de 1.600 pacientes, Aletta acertó con la vena al primer intento en el 94,5% de los casos, de acuerdo con los datos compartidos por Vidal citando a Vitestro.

El argumento que impulsa la adopción es laboral: según la misma fuente, el puesto de flebotomista tiene una rotación del 25%, lo que significa que es difícil retener personal en ese rol. El robot aparece como una solución práctica a esa escasez, no solo como una apuesta tecnológica.

El dato que queda guardado

Pero hay una dimensión que va más allá del pinchazo. Cada vez que Aletta extrae sangre, genera algo nuevo: un mapa detallado de las venas del brazo del paciente, capturado en imágenes y procesado por inteligencia artificial. Ese mapa venoso no es un dato menor: el patrón de las venas ya se usa como identificador biométrico (similar a la huella dactilar) en sistemas de control de acceso en edificios y empresas.

El problema, según advierte Vidal, es que esa información quedaría en manos del fabricante privado y no del hospital. Y por ahora no existe un régimen claro sobre cuánto tiempo se conservan esos datos, si se usan para entrenar nuevos modelos de IA o si pueden cederse a terceros.

En otras palabras: automatizar un gesto médico implica convertirlo en un dato biométrico con vida propia.