En el comienzo de 2026, el CES volvió a ser escenario de los anuncios clásicos de la industria de chips. Entre ellos, AMD presentó su actualización del catálogo Ryzen para laptops y PCs de escritorio. Pero esta vez las revelaciones no estuvieron centradas en grandes saltos de rendimiento, sino en versiones retocadas de hardware que ya estaba en el mercado.
La compañía introdujo los procesadores Ryzen AI 400 series, que llegan para reemplazar a la línea Ryzen AI 300. El cambio suena importante, aunque en la práctica es más cosmético que otra cosa: se trata de los mismos chips, con ajustes leves en velocidad y compatibilidad con memorias un poco más rápidas.
AMD ya tiene antecedentes en este tipo de movidas. No es la primera vez que toma un procesador existente, le sube apenas los relojes y lo vuelve a lanzar con un nombre distinto para “refrescar” la oferta. Para quien esté pensando en actualizar su equipo, conviene saberlo: comprar una laptop con Ryzen AI 300 por un buen precio puede ser un negocio inteligente sin perder casi nada frente a los modelos 400.
Dentro de esa línea también aparecen los Ryzen Pro, orientados al mundo empresarial. Son procesadores pensados para PCs de oficina y trabajo corporativo, con foco en seguridad y administración remota. Tampoco aquí hay revoluciones: simplemente SHM y AMD acomodan los productos para que encajen mejor en las gamas de 2026.
La novedad más clara dentro del ecosistema integrado viene por otro lado: AMD decidió ampliar la familia Ryzen AI Max+ con dos versiones nuevas. Hasta ahora, quien quería el GPU Radeon completamente habilitado debía pagar por una CPU con 16 núcleos al máximo.
Con los modelos que se suman este año, será posible elegir procesadores con 12 y 8 núcleos de CPU, manteniendo el gráfico integrado de alto poder. La idea es simple y lógica: hay usuarios que no necesitan tanta potencia de procesamiento, pero sí quieren el mejor rendimiento gráfico posible.
Eso puede abrir la puerta a equipos algo más baratos, especialmente en laptops gamer, mini PCs y escritorios compactos. Es una estrategia pensada para el público entusiasta, que busca jugar en 1080p sin tener que comprar una tarjeta de video dedicada.
El lado negativo de esta decisión es que todas esas GPUs integradas siguen basadas en RDNA 3, una arquitectura anterior. Por lo tanto, quedarán fuera de las tecnologías más recientes de escalado FSR Redstone, que AMD también presentó en el CES para sus nuevas tarjetas Radeon dedicadas.
En el mundo del escritorio tradicional, AMD lanzó un único chip realmente distinto: el Ryzen 7 9850X3D, compatible con la plataforma AM5. Pero incluso este procesador es, otra vez, un viejo conocido con esteroides: básicamente el 9800X3D con un boost de reloj más alto.
Para los armadores de PCs la conclusión es clara. Si bien el 9850X3D ofrece gran rendimiento para juegos gracias al 3D V-Cache, no representa un cambio estructural dentro del catálogo Ryzen de escritorio. La empresa no anunció nuevas generaciones ni una arquitectura completamente distinta.
El contexto ayuda a entender por qué AMD fue tan cautelosa. Los precios de RAM, almacenamiento y componentes se dispararon en los últimos meses y la industria atraviesa un momento de transición. En ese escenario, lanzar chips totalmente nuevos no era la prioridad.
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla [email protected], para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]