“Ya no vienen”: una aldea de adivinos ciegos en Corea pierde clientes por la IA
Las aplicaciones móviles y chatbots hicieron perder lugar a los videntes de carne y hueso.
Los clientes están abandonando la aldea de adivinos de Song Oh-soon, en las afueras de Seúl, y sustituyen las consultas tradicionales por predicciones realizadas con inteligencia artificial.
Song, de 86 años, es uno de los últimos miembros de una comunidad de adivinos ciegos que han atraído a generaciones de surcoreanos en busca de respuestas y consejos para todo, incluyendo salud, dinero y amor.
En uno de los países más conectados a la IA del mundo, el desafío de esta aldea no es la pérdida de fe en las predicciones, sino la forma en que se consumen.
Desde hace cuatro décadas, Song consulta la edición en braille de Los cuatro pilares del destino y basa sus lecturas en una escucha atenta de cada cliente, una dimensión humana que la competencia automatizada no puede reproducir.
“Había gente que venía queriendo morir”, contó Song a AFP en la aldea de Mia, al norte de Seúl. “Yo los convencí de seguir viviendo”, agregó.
En la comunidad llegó a haber 70 u 80 practicantes, pero ahora quedan menos de 20.
Muchos han muerto. Sus locales repartidos por callejones estrechos están ahora a oscuras, con sus rótulos que anuncian “casa de adivinación tradicional”.
Factor humano
Las cifras revelan que el negocio de la adivinación está en auge. Estaba valorado en 1,4 billones de wones (986 millones de dólares) en 2024, según la firma de análisis InnoForest.
Pero ahora muchos recurren a aplicaciones móviles y chatbots de IA como ChatGPT y Gemini, revela un estudio de la firma de investigación de mercado Embrain.
Sin embargo, todavía hay quienes siguen buscando adivinos en carne y hueso.
Preocupada por su carrera, la profesora universitaria Oh Ji-hye acudió a Song para una consulta telefónica.
“Se sintió bien tener una persona, no la IA, concentrada en escuchar mi historia”, comentó la mujer de 44 años.
La aldea de Mia emergió en 1966 luego de la llegada del primer vidente ciego, según el Centro Cultural Seongbuk, que investiga la historia de la localidad.
Con el auge económico de Seúl en los años 1970 y 1980, Mia ofrecía alquileres baratos.
Song quedó ciego por una enfermedad en su infancia y a los 11 años comenzó a estudiar adivinación coreana, en la que se vaticina el futuro de la persona con base en la fecha y hora de su nacimiento.
A los 16, ya era profesional en un sector en el que trabajaban muchas personas con discapacidades, sobre todo mujeres.
“Actualmente, si una persona ciega tiene talento musical, puede tener una carrera en la música”, señaló. “Pero cuando yo quedé ciego, no había otra cosa que hacer más que esto”.
A lo largo de su vida, Corea del Sur ha atravesado la devastación de la Guerra de Corea de 1950-1953, regímenes militares y la crisis financiera de los años 1990.
Tras superar esas dificultades, el país se ha transformado en una potencia económica mundial, con ganancias astronómicas por la fabricación de microchips para la IA.
Pero la tecnología se convirtió en la principal competencia para Song. Los clientes prefieren las consultas gratuitas o baratas de IA a las sesiones de 50.000 wones de Song.
La mayoría de los adivinadores tienen poca presencia en internet y muchos no aparecen en los motores de búsqueda.
“No creo que a la gente le deje de interesar la adivinación”, consideró Song. “Pero en estos días, buscan en internet, no vienen donde nosotros”.
Pese al declive de la aldea, Song no cree que el destino esté grabado en piedra.
“Si te esfuerzas y tomas decisiones acertadas, la buena fortuna llegará a tu vida tres veces”, aseguró.
AFP.
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