La irrupción de la inteligencia artificial generativa (IA) parece destinada a marcar un parteaguas en la historia de la civilización, y ha generado intensos y acalorados debates.

En foros no académicos, esa discusión suele degradarse y reducirse a términos sencillos y maniqueos: por un lado, se advierte que la IA “nos va a reemplazar”, haciéndose cargo de casi todas las tareas, algo que no sería negativo per se, pero plantea una gran interrogante en el plano laboral.

Por otra parte, otras voces sostienen que la IA contribuirá al crecimiento y desarrollo de la sociedad, y que propiciará el surgimiento de más empleos de los que eliminará.

En los últimos días, la posible sustitución de las personas por agentes de IA se convirtió en una divertida tendencia en X, red donde se desafió al conocimiento robótico a incursionar en lo menos automatizable de ese bípedo implume llamado ser humano.