Por María Antonella | @antoinella.jpg
Durante el 3 de enero se especuló sobre la supuesta captura de Nicolás Maduro por parte del presidente estadounidense Donald Trump. Una foto que subió este último a la red social X no solo avivó esas versiones, sino que también generó toneladas de memes. En ella se puede ver al presidente de Venezuela con lentes de sol, los oídos cubiertos por auriculares, esposado y usando un conjunto deportivo gris, holgado.
Resulta interesante ver uno de los logotipos capitalistas más reconocidos del mundo: la pipa negra en pecho y pierna. El conjunto deportivo es de la marca “Nike”, originaria de Oregón, Estados Unidos. Más específicamente, pertenece a su línea “Tech”, dedicada a prendas con tecnología aplicada. La imagen es lo suficientemente impactante como para que la vestimenta quede en segundo plano. Sin embargo, la creatividad del consumo hizo que, al cabo de unas horas, ese conjunto se agotara en las tiendas oficiales.
En diseño textil, el término “tecnología aplicada” se utiliza para denominar prendas diseñadas o modificadas con un fin estratégico de uso. Un ejemplo claro son las prendas “dry fit”, que buscan que la tela proteja el cuerpo pero que, mediante microperforaciones diseñadas en el tejido, la piel respire, permitiendo que el sudor se evapore con el movimiento del cuerpo y facilitando así la práctica deportiva con mayor comodidad. Otro ejemplo son los tejidos totalmente sintéticos, como la microfibra, que absorben y expulsan la humedad con facilidad. También están las prendas impermeables, que protegen del frío y el agua en diversas situaciones climáticas, incluso a bajas temperaturas. En esencia, todas estas son prendas pensadas por diseñadores y científicos en conjunto.
El Nike Tech Fleece, el conjunto actualmente casi sin stock en el mundo, cuenta con una tecnología aplicada con perspectiva ecológica. Promete ser una prenda sumamente liviana, ideal para el día a día o para deportes de resistencia. Está diseñado con algodón orgánico, es decir, no requiere el uso de químicos tóxicos y reduce el consumo de agua. El porcentaje de poliéster proviene de botellas, redes de pesca desechadas y recuperadas del mar.
Estas características no aplican a todas las prendas de la marca, sino a aquellas pensadas para suplir las necesidades de consumidores que priorizan opciones ecológicas y que, aun así, no siempre cumplen con certificaciones básicas de derechos laborales.
La semana pasada, la bloguera argentina Lucía Levy posteó en “La curva de la moda” —su Instagram de moda con enfoque social— su análisis sobre las prendas sobrevendidas, aseverando que “la imagen visual posee una carga tan contundente que sería inocente pensar que su composición fue accidental”.
La temática es tan sensible que la publicación recibió comentarios divididos: desde quienes anuncian que dejarán de seguirla hasta quienes la apoyan, pasando por quienes señalan que ella misma utiliza marcas multinacionales a pesar de criticar la explotación laboral. Otro tipo de comentarios recaen en la crítica a las personas que no apoyan el capitalismo pero utilizan celulares de marcas reconocidas, y le recuerdan que Fidel Castro utilizaba habitualmente zapatillas y conjuntos de la marca Adidas.
Si bien todos tendrán su punto de vista lógico, es clave recordar que Adidas, aunque es una empresa multinacional que compite directamente con Nike, es de origen alemán, fabrica en China y ha realizado colaboraciones con artistas cubanos respetando la cultura local. Además, ha sido patrocinador oficial de deportistas del país, generando trabajo en fábricas pequeñas y brindando apoyo económico hasta el día de hoy.
No es la primera vez que un suceso político agota una prenda. El pasado 4 de diciembre de 2024, Luigi Mangione fue registrado por una cámara de seguridad tras presuntamente asesinar al CEO de UnitedHealthcare. Vestía una campera de jean Levi’s, color verde oscuro, que los admiradores lograron identificar y comprar. La siguiente vez que se lo vio públicamente fue en un juicio, usando un buzo bordó de Nordstrom. En un solo día, ambas prendas desaparecieron de las tiendas.
Luigi Mangione. Foto: AFP.
Como resultado, la firma de fast fashion Shein realizó imágenes con inteligencia artificial de Luigi modelando su catálogo. Esto se convirtió en un contrapunto, ya que otorgó visibilidad a la marca desde un lugar negativo, reforzando la idea de que el propio Mangione no utilizaría prendas que perpetúan la violencia sistemática de la industria textil.
El discurso de que la moda no influye en cuestiones geopolíticas ha perdido vigencia: cada vez más personas realizan análisis sobre lo que estos fenómenos generan y cuáles son sus diferencias.
Tanto el caso de Luigi como el de Monica Lewinsky —quien, en medio de la debacle con Clinton, asistió a un juicio usando un labial específico que en cuestión de horas se agotó—, remiten al apoyo simbólico de quienes consumen esos objetos. Existe una idea implícita de decir: “compro este labial, compro esta campera, porque estas personas me representan”. En el caso de Maduro, puede interpretarse tanto como apoyo como burla.
El hecho de ver a un militar sin un conjunto de tela plana y rígida o un traje formal —símbolos clásicos del poder político—, y en su lugar con ropa suelta e informal, denota señales de rendición, humillación y, sobre todo, pérdida de poder. Es decir: puedo comprarme este conjunto porque Maduro me representa, o porque me representa el final de ese régimen.
Foto: Biblioteca presidencial Bill Clinton
Es difícil recordar un hecho similar, donde los límites se desdibujen de esta manera, especialmente en una época en la que cada objeto que cargamos parece tener la obligación de ofrecer una idea literal de lo que somos —y de lo que no somos— por encima de todo. Remeras con frases, faldas cortas que exponen libertad o crisis económica, prendas de materiales nobles o ecológicos, paletas de colores, e incluso un llavero o un pin prendido en la cartera.
Aquí también hay una suerte de intento de representatividad que se hackea desde ambos lados, generando una puja simbólica entre distintos puntos de vista a través de una prenda tan simple como una joggineta gris, achupinada.
Dejando de lado signos y teorías, Nicolás Maduro —o quienes lo visten— le otorgaron una visibilidad natural frente a los ojos de cualquiera. Pues bien, es importante no descartar la idea de que alguien simplemente lo vio, le gustó y lo compró para ir al gimnasio. Esto solo evidencia que no existe mala propaganda, ni “mal” o “buen” gusto, sino un conjunto de eventualidades que moldean, directa o indirectamente, nuestro guardarropas cotidiano.
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