Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose
La singularidad de su formación es lo primero que llama la atención: un bajo de dos cuerdas, tocado por momentos con un slide por Mark Sandman. Una batería que acompaña el groove dictado por el bajo, pero que se esmera en sus fills para llenar los espacios de forma inteligente, ejecutada por Billy Conway, y un saxofón barítono a cargo de Dana Colley. Lo cierto es que Colley alternaba entre el barítono, que era el predominante, y saxofones tenor, soprano e incluso bajo, llegando a tocar dos al mismo tiempo. Ese saxofón parecía envuelto en el humo denso de un antro de jazz subterráneo.
El bajo suena como una mezcla entre el propio instrumento y una guitarra, lo que le otorga un sonido más definido que el de un bajo convencional. Las notas resuenan con coherencia y fuerza. Incluso el uso del slide le daba a Sandman una libertad creativa que lo cautivaba: podía deslizarse por el mástil sin necesidad de pulsar ambas cuerdas, lo que hacía que el ritmo fluyera sin interrupciones. Este recurso resultó clave en la dinámica de la banda en vivo. Precisamente esa soltura fue lo que los convirtió en un grupo salvaje y novedoso en directo, ganándose una sólida reputación a base de tocar incansablemente. Y no solo en el extranjero, sino también durante sus primeros años en Cambridge, donde cultivaron una base de seguidores devotos. Nunca se olvidaron de su tierra natal, y en cada show, incluso a miles de kilómetros de casa, no dejaban de enviar saludos a Massachusetts.
Morphine se formó en Cambridge, Massachusetts, en 1989. El mismo año de la caída del Muro de Berlín, un momento crucial también para el hip hop con Public Enemy ganando reconocimiento, mientras despuntaban la música electrónica y el rock alternativo. Desde su aparición, Morphine proyectaba una intención distinta a la que se respiraba en el ambiente musical de la época. Lograron perfeccionar un sonido que no se parecía a nada en sus cimientos, pero que, sin embargo, se sentía cercano. Como algo que podríamos haber escuchado antes.
Mark Sandman murió sobre el escenario en Palestrina, Italia, en 1999 y de un ataque al corazón. Tenía 46 años. Fue durante una gira de Morphine, mientras trabajaban en lo que sería su quinto disco y el primero póstumo: The Night (2000).
Publicaron cinco álbumes: Good (1992), Cure For Pain (1993), Yes (1994), Like Swimming (1997) y The Night (2000), además de varios bootlegs como Bootleg Detroit (1999), grabado en vivo el 7 de marzo de 1994 en el St. Andrews Hall, y mezclado y editado por el propio Sandman. Esa racha creativa les permitió lanzar tres discos en tres años, algo inusual pero no inédito —Patti Smith es un ejemplo similar—. Después de Yes tardaron tres años en publicar otro álbum, en parte porque sentían que necesitaban reinventarse. Que la fórmula se había agotado. Como dice Mariana Enriquez, “un gran escritor es aquel que se da cuenta de que maneja pocos temas bajo su ala”. Morphine fue consciente de esto. No querían negar ni abandonar sus raíces, esas que les habían conferido una identidad única.
Decían que era fácil, que Sandman lo lograría, que hasta sería como estar nadando. En los discos Cure For Pain, Yes y Good, que forman una especie de trilogía, pueden encontrarse pequeños detalles ocultos. Si uno observa el borde del CD de Cure For Pain, donde figura el nombre de la banda y del disco, se ve un arreglo floral similar al de la tapa de Good, y apenas visible, la sombra de lo que luego sería la portada de Yes. Estos pequeños easter eggs eran obra de Sandman, y tardaron años en ser descubiertos.
En 2009 se formó Vapors Of Morphine, integrada por Dana Colley, Jerome Deupree en la batería y Jeremy Lyons en guitarra. Una suerte de banda tributo hecha por los propios miembros. Como toda reinterpretación, no es una copia exacta, y eso no es un secreto: basta pensar en Sumo x Pettinato, entre otras. Lyons le pidió a un amigo que le construyera su propia “low guitar”, un bajo de dos cuerdas, y se dedicó a aprender el repertorio de Morphine. Según él mismo, esto le costó bastante, ya que mantener el ritmo y cantar a la vez y por debajo de su rango vocal no era tarea sencilla. Tocar un riff que se repite y da vueltas durante toda la canción mientras se canta, con todo lo que eso conlleva, no es algo que todos puedan hacer.
Suelen girar por Estados Unidos, Europa y América Latina. Incluso han tocado en Uruguay y, ocasionalmente, cuentan con Billy Conway como invitado.
Tienen su propia cuenta de Instagram, un rincón interesante donde comparten anécdotas y datos personales de la banda. En los últimos años, Morphine ha ganado una popularidad que supera la que disfrutaban mientras Sandman estaba vivo. Recuerda a los casos de Nick Drake o Elliott Smith: artistas que fueron ignorados en vida y valorados después. Una vez más, la muerte convirtiéndose en el mejor de los sponsors.