Por Catalina Zabala
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Desde los setenta hasta hoy, el mundo del rock argentino se fue nutriendo de nuevos proyectos y sonidos que apuntaban a un espíritu compartido. Más que un género musical, conformaba un estilo de vida y todos querían formar parte. Conformar ese imaginario. Virus, Soda Stereo, Sumo o Los Abuelos de la Nada fueron algunas de las bandas madre que marcaron el camino para lo que vendría después.
Gringui Herrera forma parte de Los Abuelos de la Nada desde 1985, luego de la invitación de su gran amigo de aquel entonces, Andrés Calamaro. Entró como guitarrista tras la salida de Gustavo Bazterrica, pero rápidamente se concentró también en la composición de canciones junto a Calamaro. Gato Azul Peralta, por su parte, es el hijo de Miguel Abuelo. La música fue parte de su vida desde muy pequeño; la lleva en la sangre. El impacto de la banda de su padre en el rock argentino lo conmovió, y así, quiso mantener su legado y cuidar al grupo desde cerca.
En entrevista con LatidoBEAT, ambos se miraron a sí mismos. Recordaron sus orígenes, pero también explicaron cómo intentan mantenerse vivos hoy. Porque, como les sucede a muchas bandas clásicas, lejos de sus años de auge, no se sienten identificados con la música que los rodea. Desde su perspectiva, lamentan la desaparición de ciertos pilares del hacer música que consideran perdidos y la incapacidad de volver a lo que fue: para algunos, el momento más glorioso y elevado de la composición musical. Para otros, una época maestra, pero quizás idealizada por unos ojos nostálgicos que sufren desde el hoy. La banda se presenta el 8 de enero en el Enjoy Punta del Este. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
¿Cómo ven la realidad actual del rock y el indie argentino?
Gringui Herrera (G. H.): Me parece que en este momento no hay tantas bandas de rock, no hay un movimiento como hubo en la época en que Los Abuelos tuvieron su auge, cuando había un montón de bandas como Virus o Soda Stereo. Eso me parece que no está pasando ahora. La música está teniendo una tendencia más hacia lo latino, hacia la bachata y todo eso. Por otro lado, hoy hay bandas que se tildan de roqueras y no son muy roqueras, son más de canciones, y yo soy de la idea de que falta un poco de rock, por eso venimos nosotros a ponerlo. Nos tira eso; a mí, por ejemplo, la cumbia no me gusta, no la sé tocar. Hay gente que piensa que la cumbia es una boludez y no es así, es una música especial y hay que saber tocarla e interpretarla.
Gato Azul Peralta (G. A. P.): Hay cumbias y cumbias, igual.
G. H.: Claro, Hay cumbias que son verdaderas y otras que pretenden ser cumbias y no lo son. Y sin embargo, también son exitosas. No voy a dar nombres; cada uno que elija lo que quiera escuchar. Yo escucho una banda argentina, la de este pibe Chano, Tan Biónica. Hay un montón de cosas así que yo no sé tocar, y que creo que ellos tampoco saben tocarla. Hay que saber hacerlo, y hay gente que no lo sabe hacer y lo hace igual. El resultado me parece que no es muy bueno, pero tampoco quiero ser agresivo con gente que no conozco.
O sea que no solo falta rock, sino que entienden que las bandas de rock que existen hoy cambiaron la esencia original.
G. H.: Claro, hay bandas que se tildan de roqueras y no lo son tanto. Incorporaron otros ritmos, como la bachata y esas cosas de ahora.
Cortesía de producción
Actualmente, son referentes musicales de muchas bandas y proyectos emergentes. Mirando hacia atrás y recordando su época de auge en los ochenta, ¿qué sienten respecto a eso?
G. H.: Me parece maravilloso que los jóvenes de hoy en día escuchen Los Abuelos, porque yo sé que se escuchan mucho y me parece maravilloso que encuentren en nuestra música una referencia o algo que los mueva, me parece genial.
G. A. P.: Sí, también creo que lo que tienen Los Abuelos es que si se presta un poquito más de atención a las letras, tienen otra cosa. Es más para pensar y disfrutar moviendo la mente y el espíritu. Creo que ahora es todo un poquito más plástico, más sencillo o más barato, se podría decir.
G. H.: Antes, para hacer una canción, Miguel Abuelo, el padre de él, se volcaba a escribir poesías y cosas de esas, y salían piezas con un vuelo un poquito mayor. Miguel tenía esa impronta de usar metáforas, como "los pedazos rotos del espejo interior". Pero hoy escuchás un tema y solo dice "mamita muévelo". Son dos mundos completamente diferentes.
¿Esta pérdida de calidad que mencionan en las letras actuales la ven en la música más mainstream, o también pasa dentro del rock?
G. H.: La verdad es que no he escuchado muchas letras actuales que me parezcan buenas. Escucho más canciones que van por otro lado, que no son letras inspiradas en poesías y cosas de esas.
G. A. P.: Yo escucho un poquito por arriba y ya sé que no tengo que escucharlas. No estoy muy al tanto de casi nada, muy poco me llama de lo que es la música nacional de hoy. Pero hay cosas muy lindas.
G. H.: Como que la canción quedó desvirtuada; ahora la música se basa más que nada en el ritmo que en lo que es la canción en sí. Eso es lo que uno no encuentra: canciones. ¿Dónde está la canción, cuál es el tema, la melodía, la letra? Eso es un poco lo que falta.
Cortesía de producción
¿Por qué creen que pasó esto?
G. A. P.: Evolucionó así la sociedad, diría yo.
G. H.: Sí, se desvirtuó un poco el tema.
G. A. P.: Involucionó.
G. H.: Hubo un movimiento muy fuerte en los ochenta y los noventa, y eso a veces es difícil que se vuelva a repetir todo el tiempo. Lo mismo en los setenta, con el movimiento de los hippies y de un montón de música que había en ese entonces. Los ochenta no fueron como los setenta, pero seguían esa línea. Sin embargo, eso se fue perdiendo un poco con los años.
G. A. P.: Igual la música y los gustos de cada persona son de cada persona. Este es nuestro punto de vista, pero si a uno le gusta un tema, está perfecto. Cada uno disfruta lo que quiere y valora sus cosas, nadie dice que está mal. Es un punto de vista, pero nunca está mal escuchar lo que vos querés, sea lo que sea.
G. H.: Claro, es totalmente respetable. Si a vos te gusta la cumbia, te respeto. Pero hay gente que piensa que si no es para mover el esqueleto, es una música triste, y nada que ver.
G. A. P.: Los prejuicios están para todo tipo de rubro musical, siempre están. Para nosotros, para ellos y para todos.
Desde el inicio, la banda se vio muy influenciada por dos improntas muy fuertes y muy importantes: Andrés Calamaro y Miguel Abuelo. Hoy, en perspectiva, ¿cómo creen que marcaron el camino del proyecto?
G.H.: Para mí Miguel Abuelo y Calamaro eran dos mundos completamente diferentes que convivían. Miguel Abuelo formaba parte de ese mundo de la poesía y Andrés Calamaro formaba parte del mundo de los temas más frescos, de las historias más cotidianas, entonces se hizo una conjunción de eso. Había bastante diferencia de impronta entre los dos, pero no quiere decir que uno fuera mejor que el otro.
Cortesía de producción
G. A. P.: Pero se tiraba para el mismo lado.
G. H.: Claro, había un acuerdo en el cual todo funcionaba. Miguel también, él empezó a componer con Cachorro, comenzaron a hacer canciones en conjunto, muy buenas. Miguel tenía sus propios temas también; algunos se tocaban y otros quedaron para Miguel Abuelo solista. Calamaro llegó con su impronta de los temas más frescos como "Mil horas", o temas más adolescentes que los de Miguel Abuelo, se podría decir, pero llegaron a un buen acuerdo entre ellos. La banda era muy buena tocando, lo hacían muy bien todos. Igual, era difícil sobrellevarlo; yo los conocía a ellos y tengo temas míos en el primer disco de Los Abuelos. Frecuentaba mucho la banda, veía cómo ensayaban, y no era tan fácil la convivencia. De hecho, después se terminaron separando, y no de la mejor manera.
¿Buscaron mantener ese espíritu tan particular de los ochenta a lo largo de los años? ¿Lograron hacerlo?
G. A. P.: No sé lo que dicen los demás, por ahí vivo en una sociedad que no pertenece a los ochenta. Esa década me gustaba, pero yo me subo al escenario y me transformo, viajo a otro lado. Entro en un trance hermoso, agarro y me pongo la armadura, porque, hoy por hoy, es como que hay que andar así. Argentina está medio brava, hay de todo. Pero después, me saco la armadura y vuelvo a ser un adolescente. Yo lo disfruto y entro ahí, después termino el show y es otra cosa, pero entro en un trance.
G. H.: Entramos en trance, eso es verdad. Tenemos las canciones que representan a Los Abuelos, que son todos esos éxitos como "No te enamores nunca de aquel marinero bengalí", "Mil horas", "Lunes por la madrugada", eso está ahí y lo interpretamos tal cual es, como era en aquel momento. Actualizado, porque lo estamos tocando ahora. Eso está, pero tenemos también una impronta de hacer cosas nuevas que, de a poquito, vamos a ir haciendo para que la gente las pueda conocer.
Cortesía de producción
G. A. P.: No es que nos subimos al escenario a tocar esto, nos metemos ahí y es como si lo tocáramos por primera vez.
G. H.: Sí, lo disfrutamos mucho. La gente también lo disfruta mucho, se emociona. Nosotros nos emocionamos de verlos a ellos también emocionados. Es todo un ida y vuelta que está bueno.
Siempre dialogaron con la idea de la industria contrapuesta con el arte, y cómo la creación muchas veces se ve manchada por las cifras. Esta discusión hoy en día está muy presente, ¿qué opinión les merece a ustedes?
G. H.: Sí, eso se mancha siempre. Pero nadie tiene la bola de cristal para determinar qué es un negocio y qué no lo es, porque el que hace eso generalmente se equivoca.
G. A. P.: Hoy por hoy, si querés hacer muy buena música y no sos conocido, no creo que llegues a ningún lado, porque eso no es comercial.
G. H.: Sí, siempre fue muy difícil ser músico y poder trascender con lo que vos hacés, en los ochenta también. Hay temas que la pegan con todo, y si tenés la suerte de meter un tema, ya está. Pero eso es inexplicable, no tiene una razón. Nosotros tocamos para disfrutar nosotros, queremos hacerlo cada vez mejor, que cada show suene un poco mejor, y seguir creciendo como banda, porque estamos creciendo bastante. Es una banda grande de muchos músicos, y ahí estamos.
Contaban que hoy sienten que tienen que "andar con armadura". ¿En qué sentido? ¿Tiene que ver con la cultura de la cancelación?
G. A. P.: No, yo hablo de lo que es la vida cotidiana en la sociedad. Yo soy una persona que no anda en una limusina, yo voy al almacén. Una cosa es estar en tu casa con tu familia, por ejemplo, y otra cosa es salir a la calle. Acá está bonito Uruguay, pero Buenos Aires está más áspero, quizás.
G. H.: Con la armadura también se refería al hecho de que salís a tocar y tenés que estar bien armado.
G. A. P.: Yo al revés, me desarmo. Y cuando bajo, me pongo la armadura de vuelta.
G. H.: La armadura de músico también hay que ponérsela.
¿Hay que desarmarse para ser buen artista?
G. A. P.: No, hay que sentir lo que uno interpreta.
G. H.: No, pero hay que ser un guerrero también para estar ahí.
G. A. P.: El pechito hay que ponerlo, eso seguro.
Actualmente, no solo están componiendo nuevas canciones, sino que están lanzando temas inéditos de aquella época que nunca vieron la luz.
G. H.: Estamos haciendo el show clásico de Los Abuelos con nuestros temas clásicos, que es el que vamos a hacer en el Enjoy. Además, seguimos laburando con otras cosas; grabamos un tema del padre de Gato, una versión nueva aggiornada a hoy en día. También otro nuevo que es de mi autoría, y así vamos haciendo cosas nuevas para renovarnos y no cansarnos de tocar siempre los mismos temas. Hay que renovarse un poquito en la vida.
¿Cómo es ese proceso de renovación para aggiornar las canciones y traerlas al hoy?
G. H.: No se piensa tanto. Yo soy compositor y compongo las canciones, y un día me levanto con ganas de cantar y hablar sobre algo, agarrar un tema, y sale solo. Los temas que están hechos ya están hechos, como "Mariposas de madera", de Miguel, que es un temazo y que en Argentina a todo el mundo le gusta mucho. La grabó mucha gente, y nosotros queríamos tener nuestra versión también. Una un poco más country, más tranquila. Después, los otros temas que vayan saliendo salen también de vivencias del momento, de nuevas vivencias, canciones que vas armando en el día. Yo componía mucho con Andrés Calamaro, muchos temas que son de Los Abuelos también los compusimos juntos, como "Tristeza de la ciudad". Siempre tuve una impronta de componer y me gusta, y ahora que tengo una banda voy a aprovechar para compartir esos temas y que podamos también hacer cosas entre todos. Él también puede aportar lo que él quiera, cantar o traer alguna poesía, lo que sea. Entre todos vamos a ir haciendo las canciones.
Cortesía de producción
O sea que no es premeditado, nace solo. ¿Qué pasa el día que no nace nada?
G. H.: Difícil que no salga nada.
G. A. P.: Seguís durmiendo, te tomás un whisky.
¿Nunca les pasó?
G. H.: Sí, pasa, hay momentos en los que no hay nada o escribís temas que son intrascendentes. Hay un montón de artistas que yo escucho, artistas muy conocidos que no voy a nombrar, pero pasan años sin hacer nada que esté bueno. Tienen un montón de temas muy buenos, pero no todos. También hay gente que toma ideas de otros y las reproducen casi iguales, y eso yo lo detesto. Artistas muy importantes lo hacen, y lo odio. No me gusta.
Se presentan el 8 de enero en el Enjoy Punta del Este. ¿Cómo va a ser el show?
G. H.: Va a ser un show espectacular con todos los éxitos de Los Abuelos, con una gran banda y mucha alegría de estar acá en Uruguay y de que nos hayan invitado. Estamos con todas las pilas para que ese show sea espectacular, con toda la alegría y la polenta del mundo.
Por Catalina Zabala
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