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Contenido creado por Catalina Zabala
Literatura
Los libros y sus autores

Ignacio Alcuri: “El humor tiene que ver con poner algo donde no debería estar”

El autor publicó "Cinco estrellas" por Estuario Editora.

08.01.2026 12:32

Lectura: 16'

2026-01-08T12:32:00-03:00
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La carrera de Ignacio Alcuri como escritor no se vio tan marcada por la producción de arte, sino por hablar del mismo. Porque ha encontrado un área muy amplio de interés en torno al género de la reseña. En este caso, decide hablar como fanático: desarrolla una prosa en torno a Cinco estrellas, el álbum musical de Astroboy lanzado en 2003 pero que, hasta el día de hoy, le late por dentro. 

Allí, lejos de dar su propio juicio de valor, expone opiniones de los integrantes de la banda, en un texto invadido por su debilidad por lo humorístico. A través de estos testimonios es posible entender los procesos creativos más íntimos de la banda, aportando una nueva perspectiva sobre el resultado de la obra. 

Ignacio Alcuri es escritor, periodista y comunicador. Escribió nueve libros de cuentos, una novela y una novela gráfica, esta última junto al dibujante argentino Gustavo Sala, con quien además realiza desde hace más de 10 años el podcast Sonido Bragueta. Integró durante tres temporadas el espectáculo de stand up De Pie, con textos de su autoría, mientras que en Carnaval fue letrista en varias ocasiones y componente en una de ellas. Hoy integra el equipo de cultura de La Diaria. Allí trabaja como crítico de cine y televisión, es columnista de series y películas en Justicia Infinita, y realiza talleres de escritura creativa en Escuela Carne. 

Foto: Javier Noceti 

Foto: Javier Noceti 

¿Qué libro te marcó tanto que todavía vuelve a tu escritura, aunque no lo invites?

Así como Mortadelo y Filemón fue la primera historieta que leí y dejó una huella enorme en temas como el humor y la violencia cartoon, el primer libro que leí fue Cuentos de la selva (1918), a una edad tan temprana que mis padres deberían haber perdido la patria potestad. Con los años me encontré escribiendo cuentos, recurriendo a la violencia literaria e incluso, en contadas ocasiones, apareció uno que otro animalito parlante.

Top 3 de libros que más regalaste o recomendaste.

Voy a dedicar esta respuesta a las historietas, pero si les parece pueril pueden imaginar que estoy hablando de novelas gráficas. Recomiendo muchísimo Transmetropolitan, una historieta protagonizada por un periodista gonzo en un futuro lejano que cubre las elecciones presidenciales y termina discutiendo las mismas cosas que ahora, pero con más tatuajes y neón —guion de Warren Ellis y dibujos de Darick Robertson—. X-Statix sigue a un grupo de mutantes de Marvel que está más obsesionado con el merchandising y la respuesta de la audiencia, un puñado de años antes de que se popularizara la palabra influencer —guion de Peter Milligan y dibujos de Mike Allred—. Finalmente, Las muchas muertes de Laila Starr (2023) tiene a la Muerte como protagonista y es una hermosa reflexión sobre la vida —guion de Ram V y dibujos de Filipe Andrade—. Los recomiendo, pero a la hora de regalar opto por libros usados o de oferta.

Si pudieras coescribir un texto con cualquier autor/a, vivo o muerto, ¿con quién sería y por qué?

Antes de la pandemia, lo cual es simultáneamente hace dos décadas y antes de ayer, le propuse a Martín Otheguy escribir una novela a tres manos —y no a cuatro, como se dice popularmente, ya que mi parte sería manuscrita y no soy ambidiestro—. Después de una primera reunión y con la traición que solamente permite la confianza, escribí por mi lado —a una sola mano— La crisis de los 38 (2020), novela que fue publicada 17 minutos antes de que la pandemia obligara al cierre de todas las actividades. Creo que todavía le debo un texto, aunque anda tan clarito que dudo que se atreva a mezclarse con esta chusma.

¿Qué cosas nunca deberían estar separadas?

Batman y Robin. Por más que el hombre murciélago protagoniza infinidad de aventuras en solitario, la gente olvida que el joven maravilla fue introducido menos de un año antes que la primera aparición de Bruce Wayne, en el número 27 de la revista Detective Comics. Es cierto que los tiempos han cambiado y hoy no está tan bien visto que un chiquilín de 12 años ande combatiendo el crimen de madrugada —aunque en Argentina están por desregularlo—. Limitar a Batman a las historias del paladín solitario y meditabundo es darse un tiro en el pie, especialmente si la editorial guarda su billetera dentro del zapato.

¿Qué lectura reciente te sorprendió, para bien o para mal?

Las redes sociales, que hacen casi todo mal, me permitieron reencontrarme con el humor gráfico. El tradicional chiste de una sola viñeta que tan bien explotaron artistas como Quino o Fontanarrosa. Después, Quino empezó a agregar más viñetas y más textos y perdió un poco de sutileza, pero tenía razón en estar más harto del mundo que su propia Mafalda. Con los años y la posibilidad de importar libros sin pagar impuestos —amparado por la Ley del Libro— sumé a mi colección la recopilación de The Far Side (1980) de Gary Larson, que como dicen los pibes es “la cabra”. O la vaca. Más cerca en el tiempo me volví fanático del humor de Podeti —Esteban Podetti, que pierde una “t” cuando firma— y su capacidad de seguir innovando sobre temas tan trillados como la isla desierta o el verdugo. Más cerca en el tiempo me fanaticé con otros dos autores que me sorprendieron gratamente. El primero fue Edward Steed, una especie de Sempé sucio, y el otro es Josh Mecouch, más conocido como Pants. Podían haber estado en alguna respuesta anterior, pero voy recordando cosas conforme leo las preguntas en estricto orden de formulación.

Foto: Javier Noceti 

Foto: Javier Noceti 

¿Qué libro prestaste y nunca volvió? ¿Y cuál nunca devolviste —y no pensás devolver—?

Si no volvió es porque no recuerdo haberlo prestado, y tener un libro sin devolver me provocaría sensaciones similares a las de El corazón delator (1843), pero con alguno de los estantes de mi biblioteca. A propósito, estoy vendiendo —que es como prestar, pero sin devolución y por dinero— un montón de libros, porque la biblioteca delatora estaba a dos latidos de explotar. ¿Se puede poner acá que vendo libros? Que me contacten y les paso el listado.

¿Qué libro nunca te cansás de releer?

Mis niveles de relectura son bajos, porque no anduve con niveles de lectura muy altos en general. Pero todo cambiará en cuanto vuelva a acomodar mis prioridades o se me caiga el celular al inodoro. Así que los libros que he releído son básicamente mis libros favoritos, que todavía no los nombré, así que aprovecho esta respuesta. La conjura de los necios (1980) de John Kennedy Toole en primer lugar, que hasta lo compré en inglés para tener una experiencia diferente. Wilt (1976) de Tom Sharpe, la primera novela del personaje, que en inglés me costó bastante así que la sigo leyendo en español. Un poco más atrás está la Guía del autoestopista galáctico (1979), de Douglas Adams, el arranque de la saga, porque los siguientes me van gustando cada vez un poco menos. Y hablando de primeros envíos de sagas extensas, que no me pregunten cómo hice para leer —no existían los celulares—, está también Fundación (1951), de Isaac Asimov. En cómic es más sencillo, porque se leen más rápido.

¿Qué escribirías en un muro? ¿Y en la pared de un baño?

Temo que al intentar condensar algún pensamiento me pase como cuando hablás media hora de algo y recortan los 25 segundos más polémicos, que no es que estén sacados de contexto, pero así pasan como una cachetada y de la misma manera reaccionan quienes ven el recorte: como si les hubieran dado una cachetada. Voy a optar por mi frase de cabecera, con la que me atajo cada vez que me gusta algo que no le gusta a nadie, o que no me gusta algo que le gusta a todo el mundo: “Los resultados pueden variar”. Sirve para muros y baños.

Nacido para… obligado a…

Nacido para escribir, leer y mirar la tele. Obligado a leer y mirar la tele para luego escribir sobre ello. Al menos hasta que tomemos los medios de producción, etcétera (no hagan un recorte con esta frase).

Si mañana pudieras amanecer hablando cualquier idioma, ¿cuál sería y en qué situación incómoda lo estrenarías?

Estudié un par de años de árabe, pero se cortó justo cuando estaba aprendiendo la escritura, que me sorprendió por lo parecida que resulta a mi frenética escritura a mano —una sola mano—, aunque de allá para acá, en lugar de ser de acá para allá. De inmediato pediría para conocer las tierras de los ancestros que representan el 25% de mi material genético. O lo que quede de ellas.

Escribir para…

Escribir para decir cosas que la timidez no me permite decir. Escribir para hacer catarsis. Escribir para hacer(me) reír. Escribir para ganarme la vida. Para que más gente sepa que acaba de salir un libro sobre el disco Cinco estrellas (2003) de Astroboy, una banda de gente muy linda, espiritualmente hablando. Estéticamente hablando son muy diversos. Ese disco tiene la misma edad que mi primer libro, Sobredosis pop (2003), que ha salido por otras editoriales, pero gracias por cederme el espacio.

¿Tenés alguna rutina, ritual o cábala al escribir?

Antes de distraerme con el celular me distraía con toda clase de cosas, empezando por los libros y siguiendo por los cómics y los programas de televisión. Así que suelo escribir fuera de casa, a veces en los viajes en ómnibus o directamente caminando. Me gustaría escribir un poco más, por salud —no camino tanto como debería—.

¿Cómo sabés cuándo un texto está terminado?

Hago un trabajo interno tan intenso, que para cuando salen los textos ya están casi prontos. Con esto no estoy hablando de su calidad en el vacío, o comparándolos con la creación de escritores y escritoras de renombre o incluso sin renombre, pero con mejor obra. Digo que hay un máximo de calidad al que pueden llegar mis cuentos —o mis sonetos, porque acabo de escribir un libro de sonetos, que saldrá algún día en alguna editorial— y prácticamente alcanzo ese máximo tan pronto como la lapicera de tinta líquida se retira del papel. 

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

¿Qué te gustaría que alguien te dijera después de leerte?

“La verdad es que tus textos no me movieron un pelo, pero me veo en la necesidad irrefrenable de anotarte como heredero en mi testamento. De nuevo, no me interesa lo que hacés, pero quiero que disfrutes de un porcentaje importante de mi dinero cuando muera. Ojalá fuera todo, pero viste que en Uruguay existe la figura de los herederos forzosos y todo eso”.

¿Qué frase, gesto o situación cotidiana te dispara ideas?

Por lo general suele ser como la paja que le rompió la espalda al camello, y espero, sí que espero, que no sea sacado de contexto. Entiendo que hay un montón de imágenes flotando en el cerebro, que imagino con un relleno similar al de aquellos chicles rellenos que tampoco voy a nombrar, pero que rimaban con “bolú”. A veces esas imágenes se juntan y forman un disparo literario corto, pero como todo eso es el producto de una operación mayor, es imposible predecir cuál será la paja que lo produzca, por decirlo de algún modo.

¿Qué lugar ocupa el humor en tu forma de mirar el mundo?

El humor tiene que ver con esa cosa de poner algo donde no debería estar, y para eso hay que usar la imaginación. Por alguna extraña razón, quizás por la frecuencia con la que mi madre nos daba panchos de comer en la edad en la que debíamos desarrollarnos, mi imaginación suele desbocarse rápidamente. Así que si me cruzo con una imagen, estoy pensando otras maneras en las que esa imagen podría verse, y esas posibilidades tienen al humor por lo dicho al comienzo de esta respuesta. Aquí no hay pajas de camello que valgan.

El libro juega con el rating, lo mínimo, lo absurdo. ¿Cuál fue la primera "reseña" que escribiste o imaginaste que te hizo decir: "acá hay algo"?

No sabría decirte, pero aprovecho para contar que el trabajo de escritura fue muy disfrutable. Después, de un primer capítulo en donde hago un poco de autoficción tratando de recordar algo de aquellos “años locos” junto a Astroboy, no tuve más remedio que entrevistarlos a ellos y preguntarles cuánto recordaban. Pero a la hora de armar el libro decidí escapar del formato —probado y eficiente— de la historia coral, para hacer cinco historias independientes —algo poco probado, un salto al vacío— de las cinco estrellas del título, quienes recuerdan desde los orígenes de la banda hasta las consecuencias de sacar su primer disco.

¿Qué te atrae de mirar el mundo como si todo fuera reseñable?

No sabría decirte, pero agradezco a la editorial que se copó con esta idea y que hasta se animó a incluir en el libro varias fotografías tomadas con una cámara digital entre finales de 2003 y comienzos de 2004. Si las ves en color te querés morir, son un horror, dignas del principiante que sigo siendo, pero que en blanco y negro se convierten en piezas de museo. Si las hubieran colgado en el Louvre estoy seguro de que ya se las habrían robado.

Las miniaturas del libro tienen precisión de relojero y humor de sala de espera. ¿Cómo las trabajás? ¿Aparece la idea completa o la pulís como quien afina un chiste?

No sabría decirte. Estoy siempre en busca del próximo proyecto y me encuentro virando de la tradicional senda de los cuentos. Sobre todo porque tengo cuatro libros de cuentos terminados que espero sean publicados algún día. Por eso este es mi primer libro de no ficción. Por eso los 80 sonetos sobre películas de los años 80. Por eso un híbrido de textos y dibujos que estoy trabajando junto a Gustavo Sala y que está trancado, porque necesitamos unos pesos para que el eximio (y ex simio) dibujante pueda dedicarse a ello. También sigo con unos fanzines, que en realidad los escribo para mí con la nada secreta intención de que cuando termine el decimosegundo los pueda editar en forma de libro, todos juntos.

¿Qué descubriste de vos escribiendo sobre cosas tan triviales que se vuelven esenciales?

No sabría decirte. Creo que hay dos grandes categorías de textos míos, que no tienen mucho que ver con este libro en particular, pero creo que una mano lava a la otra —lo creo y lo practico a diario—. Una son los textos sobre cosas insignificantes a las que se les puede encontrar la mayor importancia si uno hace el esfuerzo. La otra es sobre cosas súper importantes, que si rascás un poquito son una taradez. De alguna manera me referí al texto de la pregunta, así que espero que les haya resultado útil. 

¿Qué texto te sorprendió más mientras lo escribías, como si se hubiera escrito solo?

No sabría decirte. He intentado con ejercicios de escritura automática, accidental, asociaciones libres, pero no logro largarme lo suficiente. Si lograra largarme quizás hubiera experimentado con las drogas y seguramente tendría un mejor desempeño amatorio. Estas dos ideas no están relacionadas, excepto en el primer capítulo del libro, donde sí lo están, así que van a tener que comprarlo o pedirlo prestado —y jamás devolverlo—.

Si pudieras ponerle estrellas a algo que nadie jamás reseñaría, ¿qué elegirías y por qué?

No sabría decirte. Creo que limitar a una graduación tan pequeña algo tan complejo como la creación artística es una reducción, aunque entiendo que algunas personas —y me incluyo— comenzamos chequeando la reducción para continuar con el resto del texto si esa calificación reduccionista coincide con la nuestra, incluso en experiencias artísticas de las que todavía no formamos parte. Ese libro me apetecerá, así que no voy a leer tu reseña en la que decís que no te apetece, porque luego tendría que cuestionarme toda mi subjetividad. De todas maneras, a mis respuestas de esta entrevista les doy cinco estrellas —2.7, pero redondeando muy para arriba—. Eso sí lo sé decir.

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Fragmento de Cinco estrellas 

Todo empezó el día en que Javier (Vaz Martins) me preguntó por WhatsApp si todavía guardaba aquellas fotos que había sacado en innumerables toques de Astroboy con una de las primeras cámaras digitales que hubo en la vuelta. ¿Qué clase de pregunta era esa? No solamente las había guardado, sino que estaban en una carpeta llamada «Álbumes de fotos», que contiene 43 subcarpetas con imágenes tomadas entre octubre de 2003 y setiembre de 2007. En su mayoría son fotos sacadas al televisor, casi siempre sintonizado en la señal Plus Satelital, donde Ernesto Torry Palenzuela hacía el programa de culto Qué bochorno. Pero también había imágenes de fiestas familiares y de un montón de presentaciones de la banda.

Es que por aquellos años, en especial en el período entre sus primeros toques y el lanzamiento de su segundo disco, Automática, fui parte del entourage de la banda, si se me permite el término (y quién me lo va a negar). Pertenecía a ese grupito de incondicionales que, por conocer personalmente a uno o más de los integrantes, podía colarse en sitios con los que el fanático promedio (recién estaba apareciendo) apenas podía soñar. Yo tenía 23 años, había dado mi primer beso apenas tres años antes y todavía no había llegado a segunda base, así que se imaginarán mi emoción. Aclaro que estar cerca de ellos no era parte de un plan para perder la virginidad (ni con ellos ni con nadie), sino que despertaba el mencionado sentimiento de pertenencia.

Eterno sapo de ningún pozo, me sé perteneciente a ese puñado de personas (artistas me queda grande) que allá por 2003 tomamos la ciudad de Montevideo por sus grises astas e hicimos cosas un poco menos solemnes que las que se venían haciendo, salvo excepciones. Si estás leyendo este párrafo y sentís que le habías puesto color a la ciudad antes que nosotros, estás totalmente en lo cierto. Sos una de las excepciones a las que me refería.

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