Una sala de estar con una lámpara de pie de luz tenue, un par de guitarras y un gato en el sillón. Por momentos, se muestran paredes rayadas que parecen ser un tracklist. Por otros, se muestra el recorrido por una casa que está en estado de total abandono. El entrevistado es un joven desgarbado, con la camisa abierta, tan sucia como su pelo azabache. Extremadamente pálido, ojeroso, con los labios rotos y los dientes podridos.
Se le marcan los huesos del rostro, de la clavícula, de las muñecas y hasta de los dedos, que sostienen constantemente un cigarrillo. No para de balancearse, no puede mantenerse quieto. Las picaduras de los brazos, algunas tapadas con una curita, delatan lo que ya es obvio: un consumo más que problemático de heroína. Dos años atrás, este joven era el guitarrista de una de las bandas de rock más relevantes del mundo.
En 1994, el medio de comunicación holandés VPRO decidió hacerle una entrevista a John Frusciante en el auge de su consumo de heroína. En la misma, le preguntan al guitarrista qué opinaba de la reciente muerte de Kurt Cobain y la tendencia autodestructiva de los artistas en el medio. “Yo no creo que la muerte sea tan importante, no me importa si me muero ahora. No significa que sea autodestructivo, amo la vida y creo que es la única forma de amarla”, contestaba una versión alejada del John Frusciante que conocía el mundo.
Pero si hay algo que caracteriza al músico, es la reinvención. Además de su vuelta a la banda, también innova con la música electrónica. Bajo el seudónimo de "Trickfinger", crea nueva música y lleva una firma discográfica junto a su pareja. Lo que nunca cambia, es esa melancolía en el rasgado de cuerdas y en el arrastre de su voz.
La complicidad entre su guitarra y el bajo de Flea, los brazos que delatan un pasado tan lejano como oscuro, las distorsiones de su guitarra. Los solos que estadios enteros corean. John Frusciante ama a la música tanto como la música lo ama a él. Se ganó la impunidad de la reinvención eterna porque detrás de todo esto, solo hay agradecimiento.