Por Sofía Durand Fernández
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En este momento de su carrera, Duda Brack tiene un objetivo claro: hacerle entender a Brasil, su país, que forma parte de Latinoamérica. Según ella, sus coterráneos escuchan más música de Estados Unidos que de otros países vecinos. Duda cree que hoy, más que nunca, es necesario que esto cambie.
Puede que esta sea la razón por la que fue invitada a la edición 2026 del festival La Serena, un evento en el que Brack no había tocado antes. "Aquí se hace un rincón de amor y esperanza a través de la música, mientras el mundo se pelea por ahí", dice la artista en entrevista con LatidoBEAT.
Duda se posiciona desde el lugar que asume que todo es político, incluso el mero hecho de negarlo. “La cultura es el reflejo de la sociedad y la música es una herramienta”, explica. Por eso también tiene claro que explorar géneros de otros lugares conlleva un periodo de investigación y profundización y tampoco pretende convertirse en referente de ritmos que le son ajenos.
Si bien se corre de ser "la vaca sagrada de la MPB", sí es cierto que ha tenido la posibilidad de participar con nombres dorados de este movimiento, como Ney Matogrosso, quien participó en el segundo álbum de estudio de la artista, y Alceu Valença, para quien ofició de telonera.
A su vez, Brack también incursionó en la actuación: participó en “Além da Ilusão”, una telenovela de Rede Globo en 2022.
Duda Brack. Foto: Thom Fox
Es tu primera vez en el festival, ¿por qué decidiste venir?
Aquí se hace un rincón de amor y esperanza a través de la música, mientras el mundo se pelea por ahí. Se sale más fuerte después de esta experiencia; tenemos un año muy difícil por delante: en Brasil tenemos elecciones. Estoy empezando de la mejor manera, llenándome de la buena vibra de este lugar.
Hace un tiempo estoy en una pelea por hacerle entender a Brasil que es un país latino y que tiene que juntarse con el resto de América Latina. En Brasil, la gente de mi generación escucha mucha música nacional, pero mucha más de Estados Unidos que de otros países latinoamericanos. Ahora, por el reggaetón, ha cambiado un poco y la gente está más interesada, pero hace tiempo que estoy con esta pelea y creo que por eso me invitaron al festival.
¿Creés que la barrera idiomática tiene algo que ver?
Creo que es una cuestión cultural; nosotros tenemos una mentalidad muy colonizada. La lengua puede ser una barrera, pero el portugués es una lengua más parecida al castellano que al inglés. Para mí, que soy gaucha, que crecí en la frontera y cuyo intercambio cultural es próximo en Rio Grande do Sul, nunca fue un problema. Siempre consumí música, cine y literatura latinoamericana. Para el resto de Brasil es distinto, tal vez no para los estados fronterizos, ya que hay un vínculo con ritmos latinos más tropicales y están más arraigados. En el centro, la gente no sabe tanto lo que pasa en el resto de los países.
¿Qué artistas de la música uruguaya escuchás?
Rubén Rada y Juli, su hija, también. Hice un concierto con ella en Montevideo en 2016. Los tres Drexler; Jorge, para mí, es un dios. Hugo Fattoruso me encanta, Eduardo Mateo, y aquí pude conocer un poco más de la obra de Cabrera. En noviembre estuve en Uruguay, en un camp creativo al que me invitó la UBC (União Brasileira de Compositores) para compositores latinoamericanos. Había gente de Guatemala, Perú, Chile, Ecuador y México, y ahí también conocí a muchos artistas de mi generación, nuevos, como Florencia Núñez y Meri Deal.
Duda Brack
Proibido Não Gostar, tu último álbum, mezcla varios géneros latinos. ¿Lo grabaste con esta pelea en mente?
Fue desafiante, porque tengo una escucha musical amplia: voy desde Timbalada, que es axé brasileño, a Paco de Lucía en el mismo día. Mi playlist es una locura. Intenté juntar todo lo que me interesa en mi música, pero a mi manera. Tuve fases diferentes en mi carrera; hace un tiempo estoy con esta pelea de la música latina y de hablar de este asunto musical, cultural y político. Mi último álbum fue una búsqueda con el fin de acercar ritmos diversos latinoamericanos a los brasileños y llevarlo todo al centro del pop. A mí me interesa que la gente escuche cumbia, salsa, bachata, pagode baiano, axé y otros tantos. Fue una búsqueda antropológica también: cuando voy de viaje a lugares nuevos me interesa saber cómo vive la gente, lo que come, lo que piensa, lo que escucha.
Como artista, imagino que es difícil poder servirse de géneros diversos sin ser acusada de hacer apropiación cultural.
Lo sería si yo estuviese reivindicándome como una representante de la cumbia. Nunca lo seré, pero como artista latinoamericana que escucha eso puedo tocarla a mi manera, con respeto y con investigación, pero sin definirme como la nueva chica de la cumbia. Yo solo soy la Brack, sin ninguna intención de ser la nueva vaca sagrada de la MPB, la nueva estrella del rock o la nueva diva pop. No me interesa ninguno de esos lugares: yo quiero ser Duda Brack, haciendo música que me toca. Mi lengua es la música y la música es una ronda. Hoy, con el mercado capitalista, los algoritmos y la individualidad, nos olvidamos de que la música es una ronda ancestral y un idioma universal. Puedes no entender las palabras, pero las sentís.
Mucha gente intenta separar la música y el arte de lo político.
Todo es político; vivir en sociedad es político. Y no me refiero a una institución o a un partido, es algo mayor. No hay manera de que un artista no sea político una vez que expresa cosas desde lo individual y que van a resonar en lo colectivo. No hay cómo distinguirlo ni apartar la cuestión política de la artística. No hablar de eso es posicionarse. La cultura es el reflejo de la sociedad y la música es una herramienta.
Hace unos años incursionaste en la actuación, ¿cómo se relacionan esos dos aspectos artísticos en tu carrera?
Mi carrera como actriz vino por la música. Siempre quise actuar; cuando decidí que iba a cantar no sabía si iba a dedicarme a eso o si iba a convertirme en una actriz que cantaba. Si pienso en mis juegos como niña, estos se acercaban más a la actuación que al canto. La música llegó después, pero cuando lo hizo fue muy fuerte. Cuando grabé mi primer álbum, no paré más, pero siempre tuve la certeza de que en algún momento la actuación llegaría a mi camino, y así fue.
En 2020 hice un solo concierto y fue un productor de Globo. Luego del concierto me dijo que era muy potente en el escenario y que la cámara me quería mucho, porque mis videoclips le parecían increíbles. Me ofreció hacer una audición para una novela que estaba produciendo y le dije que sí de inmediato. Era un personaje muy grande, una villana. Fue una experiencia muy intensa y desafiante, pero me abrió muchas puertas. La música es mi prioridad porque llegué a este lugar como cantante, pero uso a mi favor que soy artista: traigo un bagaje y una experiencia considerable. Una disciplina potencia a la otra. Cuando estoy con mi banda traigo mucho de la performance y el cuerpo en escena; creo una dramaturgia a través del movimiento y la música. Hay un storytelling: no voy a cantar canciones solamente.
¿Este año tenés planeado volver al estudio o querés seguir girando?
Las dos cosas al mismo tiempo. En 2025 trabajé mucho y viajé; fui a lugares que no conocía, incluso dentro de Brasil. Hice bastantes conciertos, algo que a mí me encanta, pero ahora estoy con muchas ganas de hacer un álbum nuevo y sé que necesito dedicarle más tiempo al proceso creativo para comprender hacia dónde quiero ir. Tengo muchas ganas de hacer, pero sin prisa. Todavía tengo una buena agenda para este año. Cuando tenga que salir, va a salir. A veces el timing del mercado, con todas las plataformas musicales, te exige que lances un álbum por año. Eso no condice con el tiempo real; nos distanciamos un poco del tiempo real que toman las cosas.
Ahora estoy queriendo respetar más mi tiempo interno y el tiempo que una obra lleva para que nazca. Mis últimos procesos fueron un poco movidos por la necesidad de hacerlos, por la necesidad de lanzar cosas para trabajar. Ya tengo una obra de diez años, entonces puedo relajarme porque tengo cosas hechas. Como artista independiente, no tengo una discográfica subsidiando mi carrera, lo que me da más motivo para hacer las cosas con tranquilidad, aunque también necesito ocuparme de buscar recursos para hacer música.
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