Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose
Los Stooges se anticiparon al punk. Oriundos de Detroit, Estados Unidos, estaban conformados por James Osterberg (Iggy Pop) como vocalista, Ron Asheton en guitarra, Dave Alexander en el bajo y Scott Asheton en la batería. El término que mejor les cabía era el de proto–punk, ya que, con su estilo agresivo y destructivo, la banda que se formó en 1967 intentó abrirse paso en el mundo de la música mientras los ojos estaban puestos en el disco con la banana en la portada, el debut de los Doors , la popularización tanto del LSD como del Acid Rock y las manifestaciones por la paz y el amor libre en San Francisco.
El punk estaba lejos de ser lo que fue, una antorcha para una generación entera de desahuciados y derrotados por la finitud de la esperanza. Su postura desafiante era completamente disonante al paisaje sociopolítico de la época. Grabaron dos discos, el homónimo en 1969 y Fun House en 1970. Ninguno de los dos logró captar los elogios de la crítica ni la atención del público. Pero el tiempo hizo de las suyas, y hoy en día se les considera una banda fundamental para entender la historia del rock and roll. Un conjunto que cimentó las bases para otros grupos como los Sex Pistols, The Clash y los Ramones. Y su separación se resume también en la razón por la cual casi todas lo hacen: tensiones creativas y abuso de drogas.
Lenny Kay, miembro de The Patti Smith Group, aseguraba que Bowie veía en Iggy una especie de clon. Ambos utilizaron los medios creativos a su alcance para salir de un pozo oscuro y fulminante que estaba por arruinar por completo sus vidas. Este lazo tan fuerte y trascendental une a cualquier par de seres humanos.
Bowie partió hacia el otro lado salvaje de la vida en enero de 2016. Iggy sigue haciendo de las suyas, con su melena rubia y sus trajes rosados, girando tanto en solitario como con los Stooges de tanto en tanto. Lo que dejaron es un legado musical y vestigios de lo que fue una amistad personal, que incluso dio lugar a rumores sobre la existencia de un amorío carnal entre ambos. Bowie con sus cigarrillos Gitanes, Iggy con algo de marihuana en los bolsillos ya que, como todos sabemos, para dejar una droga hay que engancharse a otra, caminando por el Berlín del lado oeste o en el Mercedes Benz oxidado. En viajes infinitos de creatividad, esquivando los controles policiales, logrando salir de un pozo oscuro en el cual la luz no llegaría a filtrarse jamás, salvo por un destello lo suficientemente fuerte para lograr su salvación.