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Cleopatra: el mito que la devoró, los hallazgos de su tumba y el documental que lo resume

“El secreto final de Cleopatra” se estrenó en 2025 y cuestionó directamente los criterios que escriben nuestra historia.

06.01.2026 13:33

Lectura: 7'

2026-01-06T13:33:00-03:00
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Por Catalina Zabala
catazabalaa

“La historia la escriben los vencedores.”

Esta célebre frase —que sigue sin ser atribuida— atormenta a historiadores y arqueólogos de todo el mundo. Evidencia que los pilares de nuestra historia no son tan sólidos como pensamos, y que la propaganda y las tergiversaciones guiaron el camino del hombre en cualquiera de sus épocas. Son parte de él.

Sobre esta idea se erige El secreto final de Cleopatra (2025), un documental de National Geographic que cuenta los últimos descubrimientos arqueológicos en torno al paradero de la tumba de la reina Cleopatra, hasta ahora desconocido. Estrenado el 25 de setiembre de 2025 y disponible en Disney+, realiza una labor clave y no tan atendida: registrar y acercar al público general los primeros pasos de uno de los hallazgos más importantes de la arqueología moderna, una rama del conocimiento que con frecuencia queda relegada a fanáticos o a estudiosos especializados. 

¿Cuántas figuras históricas conocemos realmente, y cuántas conocemos a través del resentimiento de sus enemigos? La respuesta probablemente sea más voluminosa de lo que nos gustaría. Muchas veces la historia no se escribe con lo que se sabe, sino con los huecos en el conocimiento. Cuando estos se presentan, se dilatan otras ideas, se asumen cosas, se sacan conclusiones, y el grande se come al chico.

"Cleopatra’s Final Secret" (2025), Alex Kiehl

En este caso, la preservación del imperio más imponente de la historia devoró la imagen de una mujer capaz y, por ende, peligrosa para la posición de poder en la que se encontraba.

Sarcófagos malditos que no deben ser abiertos, la vida después de la muerte y los faraones, dioses terrenales. Nuestro imaginario colectivo del Antiguo Egipto nos lleva al misticismo, al ocultismo, a las momias y a las más de 2.000 deidades que adoraban. Todo esto fue real, pero el desconocimiento y el miedo hacia lo que no se comprende termina haciendo sus estragos en la verdad. La teoría conspirativa de que los alienígenas construyeron las pirámides pisó muy fuerte durante muchos años, el misterio de lo exótico y el atractivo que generaba le quitó atención a lo que la ciencia ya sabía: que tenían un indiscutible conocimiento matemático, medicinal, arquitectónico y de agricultura.

Algo muy similar pasó con Cleopatra: la bruja mística le ganó a la estratega con educación y muy bien preparada que hoy los estudios históricos consideran que fue.

"Cleopatra’s Final Secret" (2025), Alex Kiehl

Pero, como enuncia el profesor Indiana Jones en la saga infantil que protagoniza, “la arqueología es la búsqueda de hechos, no de la verdad”. Este icónico personaje ficticio dejó entrever la complejidad de la reconstrucción histórica per se. La facilidad de saltar a las primeras conclusiones. Esto es lo que pasó con la historia de Cleopatra.

Kathleen Martínez es una abogada penalista de República Dominicana que se obsesionó con la reina egipcia, y es la protagonista del documental. Convencida del potencial de ciertas áreas inexploradas y enfrentándose a varias barreras previas —una mujer latina con formación en Derecho que decía conocer el paradero de la tumba—, se interna en Taposiris Magna, un templo muy poco explorado hasta la fecha por su aparente irrelevancia y falta de información.

El secretismo de la tumba de Cleopatra responde a la preservación desesperada del propio honor. Una virtud constantemente amenazada y difícil de preservar en aquellos tiempos, cuando la supremacía absoluta y la fuerza bruta arrolladora del Imperio Romano destruía todo a su paso. Una bruja oriental que hacía maleficios, un atractivo sexual como única herramienta eficiente, una mujer que engatusaba a los hombres poderosos y que había seducido a Julio César y a Marco Antonio —figuras eternas de la historia clásica— y que amenazaba con provocar la caída de Roma.

"Cleopatra’s Final Secret" (2025), Alex Kiehl

Todo eso decía de Cleopatra la propaganda de Octavio —que adopta el nombre de Augusto en el 27 a. C.—, el emperador romano de aquel entonces. Pero la mayor parte de nuestras fuentes escritas sobre la reina antigua son, justamente, los testimonios romanos. En plena guerra civil entre Octavio y Marco Antonio, quien tenía una relación con la reina egipcia, nada calzaba mejor para la narrativa de Octavio, quien permanecía en Roma, que mostrar a Cleopatra como la amenaza absoluta para el Imperio. Lo dice Kathleen de manera directa en su entrevista: para hallar la tumba era necesario “separar el mito de la mentira”, comprender quién residía debajo del nombre de Cleopatra realmente. Qué adoraba, qué pensaba, y a quién le temía.

Para contar la historia, el documental optó por un formato bastante clásico. Imágenes reales de Kathleen en las áreas de excavación, siendo grabados los momentos más icónicos de sus descubrimientos, y varios testimonios de voces conocedoras del tema: la propia Kathleen y su testimonio, Zahi Hawass, renombrado egiptólogo y antiguo Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, y el gran conocimiento de Bob Ballard, un arqueólogo marino de renombre que descubrió el naufragio del Titanic y que trabajó codo a codo con Kathleen en esta investigación.

A partir de ahí, los descubrimientos que van apareciendo y que se relatan en el documental responden a la hazaña de Kathleen de mirar desde otro lugar. De desprenderse de los prejuicios que perseguían al cuerpo arqueológico hasta la fecha. Para Kathleen, la respuesta sobre la tumba estaba en dos lugares: en la diosa Isis —con quien Cleopatra se identificaba profundamente— y en el agua. Túneles que conectan templos con el mar Mediterráneo, imágenes de la reina enterradas bajo este templo. Edificaciones y restos de vida humana a kilómetros dentro del fondo marino. Estos son algunos de los últimos hallazgos de la investigación y que figuran en el documental, que cuenta con actualizaciones hasta 2025.

"Cleopatra’s Final Secret" (2025), Alex Kiehl

Los romanos de aquel entonces capturaban a sus rivales caídos y los exhibían en sus plazas públicas. Los torturaban, humillaban y asesinaban. Se cree que, para escapar de este destino y preservar su dignidad y su cadáver —fundamental para la religiosidad del Antiguo Egipto, que le daba mayor valor a la vida después de la muerte y que seguía procesos de momificación—, Cleopatra se quitó la vida con una cobra del desierto en el año 30 a. C. Pero su tumba debía estar tan oculta que ningún hombre de ninguna época pudiera profanarla. Según los estudios más recientes, y como expone el documental, la respuesta está en el mar.

Pero Cleopatra es solo un misterio de tantos que persigue la osteoarqueología: Marco Antonio, Gengis Kan, Alejandro Magno, Atila. Todos estos son apenas algunos nombres que marcaron la historia antigua y cuyo cuerpo no dejó ni rastro, representando metas cada día más urgentes para la arqueología moderna. La muerte vuelve eterno a un nombre, y la ausencia de sus restos lo mitifica. Le da algo sobrenatural. Oculta las marcas físicas de lo perecedero, lo aleja de nosotros y lo hace inalcanzable.

"Cleopatra’s Final Secret" (2025), Alex Kiehl

Y cuando falta material, los huecos se llenan de una forma u otra. Como consecuencia de las preguntas llegan las respuestas, sean estas verdaderas o no, porque pocos tienen el poder de desmentirlas.

Gran parte de la historia del mundo antiguo se perdió tras el incendio de la Biblioteca de Alejandría. Si nos vamos a un conocimiento científico más general, solo el 5% del océano fue explorado de manera directa. La tumba de Cleopatra y las falsas creencias que la rodearon durante siglos dejan en evidencia los problemas estructurales a los que se enfrenta no solo el estudio de la historia, sino el conocimiento de nosotros mismos. Y son problemas que asustan, preguntas que uno no se quiere hacer. Nos preocupemos por la historia del mundo o no, el dilema puede trasladarse a cualquier ámbito vital, porque es un dilema que arroja luz sobre la propia limitación humana. Esa que la ciencia tanto se empeña en erradicar. La angustia de saber que nunca vamos a conocerlo todo, y de que la equivocación es parte de nosotros. Y la pregunta sobre quién escribe la historia seguirá siendo un problema mientras la humanidad siga siendo humanidad.

Por Catalina Zabala
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