Documento sin título
Contenido creado por Manuel Serra
Música
The Madman of Öz

A una semana de la ida de Ozzy: epílogo para el diario de un loco bueno y amado por todos

El tiempo ayuda a hacer perspectiva de los hechos, y el adiós a la máxima leyenda del metal sigue rebotando y escribiéndose en nosotros.

29.07.2025 20:18

Lectura: 16'

2025-07-29T20:18:00-03:00
Compartir en

Por Marcelo Lluberas | @vinilicos_anonimos_schubert

Una semana pasó desde su partida al más allá con impacto mediático mundial. La Tierra gira ya sin la presencia de la leyenda Ozzy Osbourne sobre su faz. El mítico cantante, payaso por naturaleza, personaje polémico y padrino de cientos, sino miles, de bandas de rock pesado en el planeta ya estará descansando por fin en paz.

El pasado 22 de julio, John Osbourne, alias Ozzy Osbourne (nacido en Aston, suburbios de Birmingham, Inglaterra, en 1948) murió a los 76 años tras padecer un sufrido tramo final en su alocado recorrido por la vida del arte y el espectáculo. El mal de Parkinson y otras afecciones derivadas de la estela de excesos que dejó atrás, sobre todo, el alcoholismo, le pasaron la cuenta de cierre y allá se fue el denominado "Príncipe de las Tinieblas", pero seguramente no al lugar donde va la mala gente. 

Eso lo dice alguien que no es imparcial, pero que simple y objetivamente rescata un fundamento más que probado en los hechos, tanto a nivel de su carrera como de personalidad.

Diary of a Madman (1981)

Diary of a Madman (1981)

Un tesoro de legado

Ozzy, salido de la verdadera clase obrera británica en una ciudad industrial lúgubre, dejó atrás un invalorable legado musical que afecta a varias generaciones. Y eso no es desmedido asegurarlo. Junto a sus futuros amigos formaron en 1970 la banda Black Sabbath, la que, casi unánimemente, es considerada la semilla o la pionera del género que años más tarde se conocería como heavy metal. Y grabaron con ella álbumes que son considerados fundamentales y en las posiciones top de la historia del rock (chequear el debut "Black Sabbath", "Paranoid" o "Sabbath Bloody Sabbath", entre otros). No es poca cosa para un artista.

A eso hay que agregar la obra de su larga etapa solista con algunos discos memorables. Por ejemplo, Diary of a Madman (Diario de un Loco, 1981) o No More Tears (1991). Sus giras continúas salpicadas de controversias y excesos le valieron todo un prontuario, tanto frente a las autoridades como en los estratos legales, pero también la condición de semidios entre los fans del “heavy”.

Añadan al paquete, a su vez, la parte estética personal que le definió como un ser oscuro, tenebroso, así como sus aventuras alocadas y las artes visuales empleadas en sus shows y promoción propia. Puede sumársele, por último ya, su era más mediática con su popular reality show en la MTV (The Osbournes, 2002-2005) junto a su familia, que marcó una nueva era para ese tipo de ciclos, sin contar sus divertidos y reveladores libros biográficos escritos por él u otros.

En resumen: un artista que inventó un género, que fue guía de miles de bandas, vendió en torno a 100 millones de discos y fue distinguido dos veces en el infame Rock & Roll Hall of Fame, una por su obra con Black Sabbath (2006) y otra como solista (2024). Y eso, entre tantas cosas.

Todo eso define a Ozzy: era único y ya una leyenda antes de morir (basta para eso solo ver cientos de fotos publicadas en la que músicos famosos y personalidades posan junto a él). Sin embargo, hay un aspecto que creo que es vital resaltar con su muerte: se fue un gran tipo, muy querido tanto por quienes le conocieron como por aquellos que no.

All you need is love

Ozzy se fue con un respeto y un abrazo de cariño y amor casi unánime, no solo de sus fans y sus colegas del mundo musical, sino también de muchísima gente que tampoco puede decirse que le seguía.

Eso es algo realmente destacable, porque un tipo que todos –y también él mismo– consideraban un loco, que tuvo cruzadas en su contra de diversos grupos de la sociedad, de las autoridades, demandas de todo tipo y en algún momento fue despreciado por las grandes discográficas frente a las continuas polémicas, acaba recibiendo el amor incondicional de casi todo el mundo. Incluso de quienes le rechazaban. Y no es un cariño fingido.

Su infatigable esposa (y manager) Sharon Osbourne, anunció, precisamente, que se fue "rodeado de amor" por toda su familia en una mansión de Buckinghamshire y eso es lo que siempre quiso: mucho amor. Dejó seis hijos de dos matrimonios. Tal vez, un hippismo oscuro o particular era el suyo.

De hecho, muchas de sus canciones hablan de eso: amor fallido, amor imposible, amor doloroso, amor nostálgico, amor a las drogas, amor por el pacifismo, amor al diablo... en fin, amor. Y nunca le faltaron armoniosas baladas, contradiciendo su veta tenebrosa.

Esa búsqueda del amor se puede verificar escuchando temas como "Changes", "Solitude" (Sabbath), o los de solista "Goodbye to Romance", "Lay Your World On Me" o "So Tired". Ozzy era un ser pasional, con sentimientos volátiles y su vida se ve que también le dejó amargos sinsabores en este plano que transfería luego a sus letras.

Para ponerle sello, cuando le preguntaron reiteradas veces cuál consideraba su mejor momento y más recordado de la vida, era tajante: "Cuando conocí a Sharon".

Es muy firme, congruente y entendible. Su viuda fue quien, digamos, direccionó y cuidó su carrera hasta el presente, salvando de que se fuera por el retrete debido a las drogas, el alcohol y la desorientación o locura que estaban en su clímax. Eso en su peor momento. Y seguro no era fácil vivir junto a Ozzy y menos entonces. Ella fue quien le propició grabar en el pequeño sello Jet (propiedad de su padre) sus impresionantes dos primeros discos solistas en un momento que todos le cerraron las puertas.

De todas formas, algunos la acusaban de controlar al cantante, de priorizar ganancias, o defenestrar a músicos que tocaban con Ozzy. Pero los hechos están a la vista.

Se dice que Black Rain (2007) fue el primer album que Ozzy grabó absolutamente sobrio, sin un trago.

Ese amor incondicional, Ozzy también se lo transmitía a sus adorados fans. No en vano, siempre les gritaba al final de sus shows: "Love you all". Y quienes le seguían se sentían realmente queridos por el "Príncipe".

Al igual que su íntimo y difunto compinche Lemmy Kilmister –otra leyenda del rock y líder del trío Motorhead–, el oriundo de Birmingham era fanático incondicional de The Beatles. Según sus palabras, el grupo que le cambió la vida. Y lo decía siempre. No en vano versionó "In My Life" y también "Woman", de John Lennon, pero además dejó establecido que en su funeral suene "A Day In The Life", canción, precisamente, de los Cuatro Genios de Liverpool.

Y algo a recordar de estos dos colosos de la música, el metal y amantes de los Beatles, además coincidieron casualmente en otra cosa: Lemmy (en 2015, a los 70) y Ozzy murieron diecisiete días después de su última presentación en escenarios. ¿Casualidad o causalidad? Ustedes dirán.

Foto: Archivo de Ozzy y Kilmister

Foto: Archivo de Ozzy y Kilmister

Reverencia mundial

La ola de reacciones al conocerse la noticia fue cuando menos sorprendente. Un abrazo de cariño por él y a su familia. Eso muestra el nivel en el que estaba Ozzy Osbourne y cómo se había ganado el cariño y admiración de todo el mundo.

A nivel artístico, las reacciones de congoja y agradecimiento fueron desde popes de la música como Sir Elton John, Robert Plant y Sir Paul McCartney, o lo esperable de leyendas como Judas Priest y otras bandas largamente consolidadas como Metallica, Pantera, los guitarristas Jack White (White Stripes), Tom Morello (Rage Against the Machine) y Billy Corgan (Smashing Pumpkins). Hasta el líder de los insulzos ColdPlay o los reyes del "New Romantic", Duran Duran, emitieron sus respetos totales por Ozzy y Sabbath.

Incluso un tipo que genera emociones encontradas y detestado por muchos, como Gene Simmons, el frontman de lengua larga de Kiss, se deshizo en elogios y palabras de dolor por Ozzy: "Sé que millones de fans por el mundo están llorando ahora...Hubo un solo Ozzy, nunca hubo uno antes de él ni habrá. Era un tipo único". Y lo calificó de persona "sumamente generosa y adorable".

Pero ese dolor y pésame no quedaron en las notas musicales solamente. Gobiernos, parlamentarios y personalidades de diferentes países se pronunciaron ante su partida.

El Senado de México no solo hizo un minuto de silencio, sino que lanzó una salva de aplausos en su homenaje. El gobernador del estado de California manifestó que Ozzy era "un hombre de multitudes.... pero honestamente humano" y resaltó el valioso aporte que dejó a la comunidad y al mundo. El alcalde de su ciudad natal Birmingham también dio a conocer el duelo planificado como tributo y resaltó la importancia tanto de su figura como de Black Sabbath para la difusión y cultura de la urbe inglesa. De hecho, los próceres del heavy metal ya tenían allí un puente y una banqueta pública con su nombre y ahora suman un gran mural en su honor. 

Los gigantes de Iron Maiden le agradecieron por haber "forjado el camino que tantos otros siguieron". Y bandas como Mötley Crue, Def Leppard, Pantera o Korn también dieron gracias por su apoyo para trascender en el rock.

Tiempos oscuros y locos

Obviamente, todo esto es una muestra del cariño que generó y se ganó. Pero, principalmente, que eso predominó por encima de todos los pifies, locuras, excesos y polémicas que protagonizó, sobre todo en un país tan contradictorio como Estados Unidos, donde en los años 1980 las palabras “heavy metal” –el género que casi alcanzó a ser el más popular en todo el mundo por entonces– y Ozzy estaban casi que prohibidas.

Eso, obviamente, también le hizo todavía más popular, sobre todo entre los adolescentes. La censura genera muchas veces admiración, incluso difusión, en muchos casos. Como ya sabemos. Su base de fans creció exponencialmente desde entonces y hoy constituyen casi una iglesia universal.

Como hechos a recordar en ese contexto, tenemos, por ejemplo, cuando en 1982 fue arrestado borracho mientras meaba sobre el monumento a la Batalla de El Álamo (de 1836 y que marcó la revolución del estado de Texas), lo cual fue considerado una ofensa tremenda hacia los caídos.

Foto: Dr. Schubert

Foto: Dr. Schubert

Tras su deceso, el gobierno y la policía de esa localidad emitieron su pésame por su partida y hablaron de la "reconciliación" por el incidente, considerado "superado" porque el cantante volvió, pidió disculpas e incluso dio una gira informativa sobre el lugar y acontecimiento. El incidente le costó una prohibición de una década para tocar en San Antonio. Pero, al final, hasta quienes le combatieron se subieron al "Crazy Train" (uno de los temas más famosos de Osbourne).

Las cruzadas de grupos evangélicos y católicos con marchas afuera de recintos donde tocaba, la presión a las autoridades para que prohíban sus presentaciones y su música, o el continuo azote de colectivos de defensa moralista estadounidenses fueron moneda corriente en los medios durante su vida.

Quizá, la anécdota más largamente sabida y memorable fue el “incidente del murciélago”, cuando Ozzy le arrancó con sus dientes la cabeza a uno de estos quirópteros que le habían tirado al escenario. Siempre juró y perjuró que ni sabía que era real y que creyó era de goma, es decir, una broma. Muchos pasaron a considerarlo enemigo público, otros, loco de atar y sus fans, una deidad. Y el murciélago como marca registrada Osbourne.

Pero incluso la asociación defensora de los animales PETA le acabó perdonando con el tiempo y lamentó su muerte, calificándolo como un artista "gentil".

Otro de sus momentos mediáticos fue uno que no lo tuvo como protagonista y le dejó un dolor que marcó por siempre su persona. En 1982, Randy Rhoads, el "Joven Dios de la Guitarra", dotado de una virtud pocas veces vista y que él mismo había descubierto, aupado y llevado a la gloria, murió a los 25 años en un accidente de avioneta en Estados Unidos en medio de una gira. Casi se desmorona la carrera de Ozzy a poco de iniciada. Pero, no fue así. Otra vez con el apoyo de Sharon, el "Príncipe" salió de la oscuridad para afrontar la lucha y continuar su escalera ascendente al éxito impostergable.

Un gran tipo, loco... pero "común"

Yendo hacia mi historia con Ozzy, todavía recuerdo como si fuera hoy cuando lo escuché por primera vez, fuera de los ya reverenciados Sabbath, con su segundo álbum, cuando por estos lados raramente te lo topabas.

Fue en 1982, con Diary of a Madman, gracias al hijo de un diplomático amigo de unos colegas de entonces al que le caímos de visita. Sonaron varias bandas, pero, en ese momento, me estalló la cabeza y enseguida pedí que me lo grabaran. Poco después, le dije a un amigo que el padre vivía en Estados Unidos que le encargara el cassette original. Hasta el día de hoy conservo esa cinta preciada.

Ya convertido en un fiel de Ozzy, comencé a deglutir su música solista y seguir en las revistas importadas que se podían ojear o conseguir en este alejado páramo sus giras y alucinar con sus fotos… muchas, bizarras.

Fue muy gracioso al repasar los miles de videos que circulan en redes y YouTube volver a ver cuándo, en un show que dio en Jacksonville (Florida, Estados Unidos) en 1984 con una amenaza de prohibición y el asedio de manifestantes católicos, salió al escenario igual y con tono provocador.

Vestido con peluca de señora, vestido corto brilloso, maquillado y usando portaligas le dijo al entrevistador de la TV local: "No sé por qué tanto alboroto, soy un tipo común, como todos". Y luego se presentó mostrando nalgas, escupiendo sangre, con crucifijos y dedicatorias picantes.

En esa época, el principal enemigo de Ozzy y la música en general, pero sobre todo, el heavy metal, era el grupo PMRC (Parental's Music Resource Center), liderado por una mujer patricia, Tipper Gore, quien, años más tarde, entraría al círculo político estadounidense al ser esposa del vicepresidente demócrata Al Gore, reconvertido en ambientalista buena onda.

Ese grupo de monitoreo y censura de artistas por sus letras, portadas de discos o shows era ampliamente activo y de gran influencia en la política y sociedad. Forzó a que desde 1987 se pusiera el famoso sello Parentory Advice en la tapa de los discos remarcando que contenía lenguaje considerado explícito, ofensivo y violento. Gente como Ozzy lo sufrió en carne propia continuamente.

El cantante fue llevado a la justicia acusado de inducir al suicidio de un fan debido a su canción "Suicide Solution". En sus versos cantaba: "El vino está bien/ pero el whisky es más rápido/ El suicidio con alcohol es lento... / ¿Dónde esconderse? / El suicidio es la única solución...".

Pero el cantante siempre rechazó los señalamientos y dijo que la escribió como una visión crítica sobre la muerte del célebre cantante de AC/DC y amigo suyo, Bon Scott, muerto en 1980 ahogado en su vómito tras una de sus desmedidas noches de alcohol. En fin: a oídos sordos, palabras necias.

Fue una de las tantas veces que Ozzy debió afrontar querellas en tribunales por lo expuesto en sus letras, consideradas, por grupos conservadores, cristianos fundamentalistas y las autoridades, una influencia nefasta para los jóvenes.

Foto: Dr. Schubert

Foto: Dr. Schubert

Tan nefasto que uno de los consejos que le dio a uno de los tantos jóvenes que conoció y le dijo que quería seguir sus pasos musicales fue: "Sigue practicando. El secreto está en la práctica continua"… Y también que "no consuman drogas" después de dejar la juventud.

Lo cierto es que casos como esos se multiplicaron en la época y la censura estaba a la orden del día.

Pero lo que nunca se decía es que las letras de Ozzy, ya desde los años 1970, tenían una profunda conciencia social de los problemas de actualidad y visiones críticas: desde protestas contra la guerra y reivindicación del pacifismo, a la introspección del ser humano, o la hipocresía religiosa. Entre tantas otras.

De hecho, dos himnos gigantescos antibélicos de los años 1970 que marcaron época son "War Pigs" y "Children of the Grave" de Black Sabbath.

Otro ejemplo, en su tema "Miracle Man", devuelve las gentiles críticas y ataques que le hacía el predicador televisivo Jimmy Swaggart –curiosamente, hermano de la polémica estrella de rock Jerry Lee Lewis–, quien luego caerría en desgracia tras ser grabado a la salida de un motel con una prostituta y debió salir entre lágrimas a pedir perdón ante su audiencia.

Siempre también tuvo presente su propia locura (Madman era también uno de sus múltiples apodos) y la ajena, algo marcado en sus álbumes y temas como consta en Diary of a Madman (1982) o el compilatorio Memories of Madness. Pero la oda a esa condición quedó estampada en la inmortal “Crazy Train" (1980), hiperversionada y que hasta Donald Trump quiso usar en su campaña presidencial hasta que el propio cantante se lo prohibió.

Hay una diferencia, la locura de Ozzy no hacía daño real intencionado…

Cuando un amigo se va

Cuando supe que efectivamente se había muerto, se me hizo un nudo en la garganta y salió un lagrimón. Ya sabía que iba a pasar de un momento a otro, pero igual fue como si se hubiera ido un amigo, alguien de mi familia. O, al menos, muy cercano.

Resultó extraño que sintiera algo así por una persona que nunca conocí personalmente. Pero él me acompaña desde los trece años y su vida dejó una marca profunda en mi persona.

Luego, cuando empecé a ver las reacciones generales y los comentarios tanto de sus colegas como de fans en publicaciones en redes, me di cuenta que no era el único que lo sentía así. Por el contrario, eran millones los que expresaban un sentimiento similar y el común denominador de palabras utilizadas era "amigo", "cariño", "amor" y el dolor. Lo sentimos como una pérdida muy cercana. La conmoción y tristeza eran sumamente palpables y sinceras.

El agradecimiento por su legado musical y su personalidad era unánime y eso dice mucho de una persona. "Adiós querido amigo, gracias por todos esos años, nos divertimos mucho. Cuatro tipos de Aston. ¿Quién lo diría, eh?", dijo Geezer Buttler, uno de sus compañeros de Black Sabbath, sobre su muerte. Y vaya si el Príncipe se divirtió. Y también nos divirtió. Y eso dice mucho de él. ¡Hasta siempre, Ozzy! No te vamos a olvidar.