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Música
Lazarus

A 10 años del lanzamiento de “Blackstar”: el adiós y la vuelta a ser mortal de David Bowie

El artista británico publicó su último álbum apenas dos días antes de morir, sellando así una vida dedicada por completo al arte.

10.01.2026 15:20

Lectura: 6'

2026-01-10T15:20:00-03:00
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Por Sofía Durand Fernández
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Una estrella negra no está apagada, pero el ojo humano no puede percibir la luz que emite. Se encuentra en transición; libera energía de manera infinita.

Esta fue la última piel que David Bowie, camaleónico de profesión, eligió usar antes de dejar esta tierra. Negó ser una estrella pop, una estrella porno, una estrella de cine —aunque fue reconocido bajo casi todas ellas—, sino una estrella negra: en un radio de emisión completamente diferente, escapando de nuestra comprensión.

En 2016, el Duque Blanco revolucionó las primeras semanas del año en cuestión de días. El 7 de enero publicó el videoclip de "Lazarus", sencillo de Blackstar, álbum que lanzó al día siguiente, en la fecha de su cumpleaños. El 10 de enero se anunció su fallecimiento, a los 69 años, a causa de un cáncer.

Sucede que no se trataba solo de un álbum, sino también de su despedida.

Diez años más tarde, los ecos de su adiós siguen resonando. Este mes se publicó Lazarus: The Second Coming of David Bowie (Lázaro, la segunda venida de David Bowie), una biografía escrita por Alexander Larman que abarca desde su caída comercial con Tin Machine y las búsquedas creativas de la década del 80, hasta el golpe reivindicativo y final con Blackstar. A su vez, el 9 de enero de este año, Movistar Plus estrenó el documental David Bowie: el último acto.

Ramiro Sanchiz, escritor uruguayo y autor de David Bowie, posthumanismo sónico (2020), escribe en este libro que el artista británico asumía al yo como una ficción, y a toda biografía como una “novela polifónica”. En la actualidad, es común ver a los artistas masivos abrazar el concepto de “eras” y asumir un estilo musical y estético durante el tiempo de vida que tiene su lanzamiento más reciente. Una vez que cumple su ciclo vital, se embarcan en otra identidad, con otras reglas. Un claro ejemplo es Rosalía con Motomami (2022) y LUX (2025), dos propuestas distintas albergadas por una sola autora.

Bowie fue la vanguardia. En él convivían varios —Starman, Ziggy Stardust— con distintas búsquedas artísticas. La diferencia es que, en los tiempos que corren, la exploración de los artistas contemporáneos parece perseguir más un objetivo comercial que otra cosa, convirtiéndose casi en una obligación reinventarse de manera constante de acuerdo al producto a promocionar.

Con una vida al servicio del arte y un diagnóstico de cáncer recibido en 2014 —que fue anunciado solo después de su muerte—, el Camaleón eligió dedicar sus últimos momentos en esta tierra a Blackstar. Se vio obligado a dejar de asistir a los ensayos de Lazarus, un musical que creó junto a Enda Walsh, y en octubre de 2015 anunció el lanzamiento de su próximo álbum.

"Blackstar"

El resultado fueron siete canciones de naturaleza experimental que funcionan como una serie de diálogos sobre el duelo y la conciencia de la finitud, mientras la medicación surtía su efecto y el dolor hacía mella. “Blackstar” es el puntapié inicial: una canción de casi diez minutos que combina jazz con cantos gregorianos, con la solemnidad de una marcha fúnebre, que habla del día de ejecución y adopta un matiz más luminoso en su segunda mitad. Este sencillo fue lanzado en noviembre de 2015 junto a un videoclip donde se ve por primera vez a Bowie con los ojos vendados, aspecto que volvería a aparecer en "Lazarus". 

El resto continúa con ese juego ambivalente entre luz y oscuridad, cielo e infierno, dolor y gloria, que se transmite tanto en el ritmo como en las letras. En “Girl Loves Me”, Bowie incluso utilizó nadsat, el lenguaje que se habla en La naranja mecánica (Anthony Burgess, 1962), y polari, una jerga utilizada en los clubes gay de Londres en los años 70.

Bowie analiza su pasado y su presente, la industria musical de ese entonces y el star system; se pregunta qué tan necesarias fueron ciertas decisiones en el curso de su carrera. Conversa consigo mismo mientras construye un puente para hacerlo con su audiencia. Esto último se consagra con “I Can’t Give Everything Away”, la última canción del álbum, que funciona como una despedida, pero no suena como un final, sino como el paso hacia otra cosa. “Ver más y sentir menos, decir que no, aunque signifique que sí, eso es todo lo que siempre quise decir, ese es el mensaje que mandé”, canta, y también afirma que no puede dar todo. Aunque casi lo haya dado.

La otra imagen que Bowie adoptó fue la de Lázaro, una figura bíblica. Oriundo de Betania y amigo de Jesús, fue resucitado por este luego de cuatro días. Lázaro salió de la tumba aún atado con vendas. En el videoclip de “Lazarus”, el artista se encuentra postrado en una cama, con los ojos vendados, hasta que finalmente entra en un ropero. Toma la resurrección, pero acepta que es su hora de partir. Esto cobra aún más valor si se tiene en cuenta la línea temporal en la que se lanzó el videoclip, tan solo días antes de su muerte. El plan fue maestro y la vida del Duque, una vez más, estuvo puesta al servicio del arte.

A lo largo de su carrera, Bowie evitó todo tipo de encasillamiento. No importaba si se trataba de género, estilo o sexualidad. La androginia fue una herramienta que le permitió no limitar su creación. “Siempre tuve la repulsiva necesidad de ser algo más que un humano”, afirmó en una entrevista de los años 90.

Su mensaje final es que acepta su mortalidad y, por lo tanto, su condición de ser humano. Más allá de que en su obra siempre estuviera apuntando a otros mundos y universos, y aunque diez años más tarde Blackstar revele que no fue un álbum de su tiempo ni de este, sino de uno que todavía está por venir.

Por Sofía Durand Fernández
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