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“Emoción a cielo abierto”: un homenaje al Teatro de Verano y su memoria colectiva

Federico Lemos, director del proyecto, conversó con LatidoBEAT de cara a su estreno el 26 de noviembre.

03.10.2025 14:38

Lectura: 8'

2025-10-03T14:38:00-03:00
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Por Sofía Durand Fernández
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Patti Smith, Charly García, Noel Gallagher y hasta Chuck Berry. Los veranos montevideanos y su única constante: el Carnaval más largo del mundo. Los grandes artistas uruguayos de todos los géneros como Buitres, La Vela Puerca, o Luana. 

En sus 80 años de vida, el Teatro de Verano ha sido testigo de hitos culturales. Ha pasado por reformas y remodelaciones, pero sigue firme en sus bases, a pasos de la rambla y el Parque Rodó.

Federico Lemos siente una fascinación por los temas que evocan la memoria emotiva de nuestro país y su capital. En 2024 estrenó La otra pelota, sobre la historia del básquetbol nacional, y Jorge Batlle: entre el cielo y el infierno, que repasa la trayectoria del expresidente y político. 

Con Emoción a cielo abierto se adentra en el terreno cultural y reúne archivo documental y testimonios para transmitir la emoción quienes vivieron recuerdos memorables en el Teatro de Verano. 

El documental se estrenará el 26 de noviembre. Las entradas se pueden adquirir aquí

¿Cómo surge la idea de hacer Emoción en cielo abierto?

Desde hace mucho tiempo que me entusiasma la posibilidad de rescatar historias que tienen que ver con el acervo cultural de nuestro país, con la memoria colectiva del pueblo uruguayo y de los montevideanos en este caso. Como sociedad hay un montón de elementos que nos conectan directamente con la memoria emotiva. En ese sentido, siempre me ha parecido interesante detectar historias que nos han marcado en distintas épocas y lugares: deportivos, culturales, musicales y políticos. Mi filmografía de los últimos años tiene que ver con ese interés que me ha generado intentar acercar esas historias a los espectadores, a quienes van y a quienes habían dejado de ir mucho tiempo al cine. Es un rescate de la memoria colectiva.

Cuando se da la noticia de los 80 años del Teatro, lo primero que se me vino a la cabeza fue: ¿cuántos espectáculos pasaron por ese lugar en 80 años?¿Cuántas generaciones pasaron por ahí? ¿Cuántos recuerdos y emociones hay en un lugar que nos unió como sociedad en un montón de distintos momentos?

A partir de ahí se me disparó una necesidad de conectarme con su director, con las personas que están vinculadas, levantar la mano antes que nadie y decir: "che, hay que hacer una película de esto, hay que contar esta historia, y me gustaría ser yo quien pudiera llevar esto adelante". 

¿Cómo fue el encuentro con Cristian Calace y qué papel tuvo en el inicio de este proyecto?

Encontré una persona a la que le parecía sumamente importante esa posibilidad de recolectar todas estas historias y archivo de muchísimas épocas.

Foto: Ariel Ugolino

Foto: Ariel Ugolino

¿Cómo fue ese primer encuentro con el archivo?

El archivo siempre es un desafío, fue muy abrumador el proceso. Primero, por el archivo, segundo por la elección de las personas o los artistas para que a través de sus voces y sus relatos estuviera plasmada una historia. Imaginate la cantidad de artistas de todos los géneros que pasaron por ahí. Entonces tenemos 51 testimonios que representan quizás al menos del 1% de la cantidad de artistas que han pasado por ahí. Entonces, la decisión era tratar de que sea lo más representativo posible en cuanto a géneros musicales y disciplinas, también a la representatividad de otras cuestiones que también hacen al equilibrio de un proyecto de esta magnitud. Por supuesto muchas voces quedaron afuera, pero son parte de estos procesos de definición en el que elegís con quién vas a apoyarte para contar esas historias. Fue un trabajo de investigación y contacto con muchísimos artistas hasta depurar y llegar a la lista definitiva.

Entre la cantidad de archivo y entrevistas que hicimos, deben haber quedado por lo menos tres o cuatro películas atrás para hacer una serie de episodios. Son procesos que además de ser necesarios, hacen a la gimnasia de estos proyectos documentales para poder lograr tener esa pieza final.

Venís de proyectos como Jorge Batlle: entre el cielo y el infierno y La otra pelota. ¿En qué te ayudaron esas experiencias para este nuevo documental?

Son dos proyectos que tienen un parentesco y una similitud directa con Emoción a cielo abierto. De hecho, podríamos ponerlos como una trilogía: Jorge Batlle, La Otra Pelota y Emociona Cielo Abierto. Más allá de las diferencias enormes que existen entre los tres, todos tienen un común denominador, que es esa fascinación o obsesión por contar historias que son necesarias y reflejan la necesidad que tenemos los montevideanos, los uruguayos, por recordar nuestra historia reciente.

Tienen un mismo proceso de investigación y un proceso exhaustivo de búsqueda de archivo. Es importante que diga esto porque el archivo en nuestro país ha sido un gran problema para los realizadores. El país no se ha preocupado mucho por preservar nuestro archivo. Ahora se digitalizaron un montón de cosas, pero antes estaban los casetes y los VHS y todo se pasaba por arriba. Se borró mucho material histórico de nuestro país y hay un trabajo desde Medio y Medio Films de rescate de ese archivo. También hay un trabajo de entrevistar a personas que son referentes de nuestro país y que se están yendo. Todas estas películas son un reconocimiento en sí y un homenaje a todos sus protagonistas de estas historias.

Foto: Ariel Ugolino

Foto: Ariel Ugolino

¿Sentís que hay algún sello personal o seña particular,que hace que un espectador diga: “esto es un documental de Federico Lemos”?

Sin duda que hay algunos guiños muy particulares y un estilo. Me ha pasado que mucha gente amiga, conocidos, periodistas y colegas que vieron un documental me marquen eso: se nota que está tu mano, tu guión, tu impronta de dirección. Hay una forma de hilvanar las historias y el relato que a mí me gusta. Me gusta trabajar muchísimo desde el punto de vista de la incorporación del archivo que sostiene la historia, es un elemento fundamental.

La emoción está siempre presente y la conexión entre los personajes y el espectador. Muchas veces me han preguntado si eran actores porque esos relatos y formas de contar su vida y sus emociones atraviesan la pantalla y nos atraviesan hasta un lugar en donde perdemos la noción de que estamos viendo un documental. Hay un estilo claro y ya tiene sus años. 

Foto: Ariel Ugolino

Foto: Ariel Ugolino

¿Qué es lo que más te fascinó de este proyecto? 

A mí me fascina la posibilidad de meterme con una temática en donde la intuición me dice que es por ahí. El trabajo que vengo desarrollando hace muchos años también me indica que va a haber un interés del espectador y que hay una posibilidad real de llegar al gran público. Yo hago cine para la gente, no hago cine para mí, quiero tratar de transmitir una cercanía desde la reconstrucción histórica. Entonces, hay una definición que me marca como realizador y siempre estoy pensando en el espectador. Cuando me meto en una temática, no necesariamente conozco de memoria lo que estoy haciendo. Tengo que empezar a trabajar, investigar, estudiar. No sabía nada de un montón de cosas de básquetbol y tuve que trabajar en el proceso mientras escribía el borrador del tratamiento y el guión, empezar a estudiar y entender ese deporte.

Con el teatro de Verano fue igual; nunca fui un gran carnavalero, siempre consideré ese lugar como un lugar histórico del rock, pero sabiendo que hay una competencia entre esos dos universos, el templo del rock o el templo del carnaval. Pensé que era una temática interesante para incorporar, ponerla como un elemento para el espectador, y que desde sus vivencias personales pueda determinar si es el templo del rock, el templo del carnaval o lo que fuera de la cultura.

¿Recordás algún momento o historia puntual del Teatro de Verano que te haya impactado especialmente durante la investigación?

Encontré un montón de historias sobre sus inicios que no conocía: para qué fue hecho, la lírica y muchas cuestiones que tienen que ver con un lugar de descanso de muchos artistas.

Es un lugar en el que hay muchas cenizas desperdigadas de gente que pide que sus últimos restos descansen ahí. Artistas que vivieron una experiencia única, gente que murió en ese lugar actuando, que sufrió accidentes y momentos también oscuros de la época de la dictadura. Hay un montón de cosas que fui conociendo y que me sorprendieron. Algunas están incluidas en el documental, otras no porque a veces son difíciles de apoyar con imágenes o archivo. 

Por Sofía Durand Fernández
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