Por Nicolás Medina
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Las teorías conspirativas siempre tuvieron algo de relato fundacional. Una mitología para tiempos de wifi y confianza frágil. Prometen orden donde hay caos, villanos donde hay estructuras, y una épica íntima donde la realidad apenas ofrece notificaciones. En ese terreno —donde el mundo se explica mejor como una trama secreta que como una suma de contradicciones— Yorgos Lanthimos encuentra el hábitat natural para seguir haciendo lo que mejor sabe: incomodar, reírse cuando nadie está del todo seguro de si corresponde hacerlo o no, y mirar al ser humano como si fuera una especie fascinante y, al mismo tiempo, ligeramente defectuosa.
Con Bugonia (2025), el director griego vuelve a un territorio que parece hecho a su medida: la frontera borrosa entre la paranoia y la lucidez, entre la sátira y la tragedia. Es, también, otra estación en su etapa estadounidense, que empezó con The Favourite (2018) y siguió con Poor Things (2023) y Kinds Of Kindness (2024), después de haber construido en Europa una filmografía que ya es canon del cine incómodo contemporáneo: Dogtooth (2009), The Lobster (2015), The Killing Of A Sacred Deer (2017). Hay dos Lanthimos, entonces: el europeo, más austero y cruel, y el americano, más expansivo, más lúdico, con estrellas, presupuestos más grandes y una ambición formal que se permite coquetear con el espectáculo sin abandonar la rareza.
Kinds Of Kindness quedó como una pieza menor dentro de ese segundo período: un ejercicio de estilo interesante, sí, pero más cercano a la anécdota que al golpe. Bugonia, en cambio, se siente como un regreso a la idea de película “grande”. No solo por su esquema de producción, sino por su voluntad de pensar algo más amplio que una situación o un experimento formal.
La premisa parte de una adaptación muy libre de Save The Green Planet! (2003), la película surcoreana de Jang Joon-hwan que ya jugaba con la idea de la conspiración como motor narrativo y moral. Acá, Teddy (Jesse Plemons) está convencido de que Michelle (Emma Stone), una poderosa ejecutiva con una presencia casi marcial, es en realidad una amenaza para la humanidad. Junto a Don (Aidan Delbis), su aliado y eco, construye un relato donde ella deja de ser una persona para convertirse en una idea, un símbolo, un “alienígena” al que hay que neutralizar.
Plemons, en un registro que combina fanatismo, vulnerabilidad y una convicción casi infantil, entrega probablemente el mejor trabajo de su carrera. Aunque el calendario de premios sea caprichoso y la película llegue con un perfil más bajo que Poor Things, no sería descabellado imaginarlo compitiendo en la conversación del mejor actor de los Oscar de este año.
La historia se despliega como una comedia negra, pero también como un estudio sobre cómo se fabrica el miedo. Desde el montaje inicial —que contrapone la rutina casi amateur de los dos hombres con el entrenamiento físico y la vida profesional de ella— la película establece una distancia social, simbólica y emocional que no hará más que agrandarse. Lo que se juega no es solo una trama conspirativa, sino la imposibilidad misma de diálogo.
Hay, aparte, una imagen que Bugonia deja suspendida por encima de sus teorías, sus secuestros y sus diálogos: la de las abejas. Aparecen al comienzo y regresan al final, no como un tema en sí mismo, sino como una presencia que mide lo que está en juego. En la vida real, su desaparición no es una anécdota ecológica, sino una amenaza directa a la posibilidad misma de sostener la humanidad tal como la conocemos: sin polinización no hay alimentos, sin alimentos no hay sociedades. Lanthimos convierte ese dato casi científico en un gesto poético y político a la vez. Mientras sus personajes buscan enemigos en el cielo o en los pasillos del poder, la película sugiere que la verdadera fragilidad está en otra parte, en ese equilibrio mínimo y esencial que nadie ve hasta que empieza a faltar. En ese zumbido persistente, Bugonia parece decir que la catástrofe no siempre llega como invasión, sino como desgaste.
Y en ese cruce entre sátira, paranoia y comentario social, LatidoBEAT conversó con Yorgos Lanthimos, el compositor Jerskin Fendrix, el guionista Will Tracy, y los protagonistas Emma Stone y Jesse Plemons, para pensar Bugonia desde adentro: su tono, su humor, su escala y su forma de mirar un mundo cada vez más cómodo con explicarse a sí mismo a través del delirio.
"Bugonia" (2025), Yorgos Lanthimos
La película hace pensar mucho en las teorías conspirativas. ¿Ustedes las ven como una forma de relato? ¿Las ven como una manera que tiene la gente de darle sentido al caos, como hacen los personajes en Bugonia?
Yorgos Lanthimos (Y.L.): Sí, creo que son una forma de intentar darle sentido al mundo. Entiendo la necesidad que tienen algunas personas de pensar que hay algo más allá de lo que se les dice o de lo que se les presenta. Supongo que ahí aparece el aspecto conspirativo.
Pero también creo que hay un espectro enorme dentro de eso, y que es muy importante qué parte de ese espectro uno decide explorar.
Will, cuando decidiste adaptar Save The Green Planet! en Bugonia, ¿qué elementos de la película original eran innegociables para vos y cuáles sentiste que podías reformular libremente?
Will Tracy (W.T.): Intenté darme total libertad en todo el proceso. Nunca había adaptado material previo y estaba bastante nervioso por eso.
No quería sentir que la película original estuviera “colgando” sobre mí ni que tuviera que serle fiel de ninguna manera. De hecho la vi una sola vez, de forma deliberada, y todavía sigue siendo la única vez que la vi. Ni siquiera la recuerdo muy bien.
Quise ponerme en una situación en la que tomara algunas notas, algunos puntos narrativos y, básicamente, la premisa, pero después escribir diálogos completamente nuevos, escenas nuevas, y trabajar con temas muy contemporáneos y muy estadounidenses, que es lo que yo veía en esa premisa.
Son cosas que en 2003, en Corea, no podían haber previsto: que esta idea tuviera una relevancia tan actual, no solo estadounidense sino quizá global, en un mundo post-COVID atravesado por internet.
Sentí que quería escribir esa película. Y si en algún momento me trababa o no sabía cómo seguir, me imponía la regla de que no podía volver a consultar la película original: tenía que generar la solución por mi cuenta.
No fue por falta de respeto al film original, al contrario. Sentía que la mejor forma de honrarlo era no intentar imitarlo. No tiene sentido rehacer algo si no vas a tomarte libertades reales con ello.
Trabajar con Yorgos, en general, implica abrazar un tono y un mundo muy específicos. ¿Cuál fue tu proceso para asegurarte de que el guion pudiera ser retorcido y surrealista, pero sin perder un núcleo emocional coherente?
W.T.: Fue, sinceramente, un accidente muy feliz. Yo escribí el guion un año o un año y medio antes de que el nombre de Yorgos Lanthimos apareciera siquiera como posibilidad.
No lo escribí pensando en él, y lo que terminó filmando no es muy distinto de ese primer borrador que le mostré.
La parte afortunada es que nuestras sensibilidades resultaron ser muy compatibles, creo que nos gusta el mismo tipo de comedia. Nos interesa una narrativa tensa y contenida, sobre subculturas o ideas también contenidas, y observar cómo se comporta el ser humano dentro de esos límites.
Hubo que hacer algunos ajustes: muy pocos días de trabajo sobre ciertas partes del guion para hacerlo un poco más filmable o más cercano a su lenguaje cinematográfico.
Pero no se trató de cambiar diálogos ni el tono del humor, sino cosas estructurales: mover una escena de lugar, usar otra como transición. Ajustes de ese orden más que otra cosa.
Nunca tuve que modificar el tono o el humor para que encajara con lo que hace Yorgos.
Jerskin Fendrix y Yorgos Lanthimos en entrevista con LatidoBEAT
Cuando leyeron por primera vez el guion de Bugonia, ¿en qué momento pensaron “esto no es solo una película sobre teorías conspirativas, sino sobre nuestro miedo real al otro”?
Jesse Plemons (J.P.): La historia va evolucionando y transformándose todo el tiempo. Se te va dando cada vez más información y tu perspectiva cambia constantemente, incluso sobre a cuál de estos dos personajes podés confiarle algo —si es que podés confiar en alguno— dentro del relato que están construyendo.
Pero muy temprano, en el propio inicio, en ese relato sobre la historia del mundo y la condición actual tal como Teddy la ve y se la describe a Don, para mí ya estaba todo muy cargado.
Había muchas afirmaciones que Teddy hacía que me parecían muy certeras, y otras que eran mucho más disparatadas.
Así que desde muy temprano, en esa primera lectura, sentí que la película estaba operando en muchos niveles al mismo tiempo.
Emma Stone (E.S.): Coincido. Incluso muy al principio del guion, en ese montaje inicial donde se ve la vida de ellos en contraste con la de ella. Pasamos de verlos a ellos haciendo ejercicio en el piso a verla a ella entrenando combate, y eso delineaba de una forma muy clara y hermosa la enorme distancia entre sus experiencias cotidianas. Así que sí, estoy totalmente de acuerdo.
Will, pensando en tu trabajo previo, The Menu (2022) esta profundizaba mucho en el poder, el privilegio y la complicidad colectiva. En Bugonia eso parece escalar hacia una paranoia de alcance nacional. ¿Qué te interesaba explorar en ese pasaje, de una sátira en un espacio cerrado a algo que abarca a toda una sociedad?
W.T.: Es curioso, porque tanto The Menu como Bugonia son películas que, en gran medida, transcurren en una sola habitación. Son historias muy contenidas.
Pero es cierto que en Bugonia, especialmente en el tercer acto, de algún modo se derriban las paredes de ese espacio.
Sin entrar en spoilers, el final se abre; el encuadre se amplía, y de pronto uno entiende la verdadera escala de lo que trata la película. Ya no es solo esa habitación, ni esas dos personas, ni siquiera Estados Unidos.
Empieza a sentirse más como un comentario amplio sobre la civilización humana, la condición humana y nuestra relación con el planeta.
Ese siempre fue el plan, llevar la historia a esa escala. Algo que The Menu, por su propia naturaleza, no podía hacer.
Emma Stone y Jesse Plemons en entrevista con LatidoBEAT
¿El ritmo de la película nació en el guion o fue tomando forma a lo largo del proceso y a través de la música?
Y.L.: Ambas cosas. Había una idea de ritmo muy específica ya en el guion, pero después, al filmar, con la forma en que los actores interpretaron, luego con el montaje, y más tarde con la música de Jerskin y el diseño sonoro de Johnnie Burn, el resultado final se fue modificando.
¿Usaban música en el set?
Y.L.: A veces, sí. No necesariamente la música que terminó en la escena, sino algo para crear cierta atmósfera o marcar un ritmo, como mencionabas.
Will Tracy en entrevista con LatidoBEAT
¿Cómo encuentran ese punto en el que la ironía —tan presente en sus películas— se transforma en una emoción genuina?
Jerskin Fendrix (J.F.): Creo que Yorgos y yo compartimos una perspectiva: cosas como la ironía, el humor o distintos enfoques que a veces se interpretan como si estuvieran restándole peso a algo, en realidad son lentes muy importantes.
En una película como Bugonia, ese tipo de mirada no busca trivializar nada. Al contrario, es una herramienta artística muy poderosa para volver a evaluar y reconsiderar cómo estos temas existen en el mundo real.
Y.L.: Sí, creo que compartimos ese tipo de perspectiva.
Suele decirse que la comedia vuelve lo incómodo más digerible, pero también más difícil de ignorar. ¿Cómo calibraron el humor para que no socavara el horror de las creencias de los personajes?
W.T.: Es gracioso, porque quizás por venir de escribir en este terreno —también por Succession (2018) y otras cosas—, mientras escribía Bugonia no estaba pensando que estaba escribiendo una comedia. Dentro de una escena, no estoy regulando perillas del tipo: “esto es un 30% gracioso, pongamos otro chiste para llegar al 50%”. No pienso así en absoluto.
Lo que hago es conocer muy bien a los personajes, ponerlos en situaciones extremas —que por su propia naturaleza pueden volverse absurdas o graciosas— y escribir cómo creo que esas personas hablarían y reaccionarían de forma realista dentro de ese mundo.
La comedia surge porque la situación es demencial y porque los personajes, como todos nosotros, se justifican, se contradicen, son hipócritas. Mi intención siempre es jugarlo en serio, jugarlo recto, incluso cuando la situación es extrema.
Creo que Yorgos siente lo mismo. El peligro con este tipo de comedia es cuando alguien —un actor o un director sin tanta experiencia en el género— piensa: “Ah, comedia. Por fin voy a mostrarle al mundo que soy gracioso”, y entonces exagera, fuerza el chiste, va demasiado lejos.
En cambio, la clave es interpretarlo como si fuera una tragedia seria. Y creo que eso es exactamente lo que hicieron.
Michelle se convierte en una especie de “alienígena” a los ojos de los otros, no por lo que es, sino por lo que proyectan sobre ella. ¿Cómo exploraste esa idea de ser malinterpretada, temida o deshumanizada a partir del relato que los demás construyen?
E.S.: Es una pregunta complicada de responder sin entrar en detalles de la película, pero creo que, justamente por lo extremo de la situación —por el lugar que ella ocupa en el mundo, su trabajo, lo que representa, y también por lo extremo del punto de vista de Teddy— todo se vuelve muy claro.
El guion de Will funciona como un ejemplo microcósmico muy potente de lo que ocurre cuando se vive completamente dentro de una lógica de pensamiento en blanco y negro.
Hay muy poco espacio para el matiz o el gris entre ellos dos, y creo que eso es muy representativo del diálogo cultural actual: cada uno se aferra a su línea ideológica, el otro a la suya, y no hay mucha escucha. Hay mucho hablarse encima.
Me pareció muy interesante ver cómo se explora eso: cómo convencer al otro de que lo que te está adjudicando no es verdad, cuando está tan convencido de su posición que se vuelve un objeto inamovible.
Él no cede; insiste en que ella miente, en que es una impostora, y no hay nada que Michelle pueda hacer para demostrar lo contrario. Me pareció que la exploración de ese extremo es una de las cosas más interesantes de la película.
"Bugonia" (2025), Yorgos Lanthimos
Yorgos, ¿alguna vez empezás una película con la intención de provocar o incomodar, o la incomodidad es simplemente una consecuencia natural de tu curiosidad como cineasta?
Y.L.: No creo que sea lo primero que tengo en la cabeza, no es el punto de partida.
Pero de forma instintiva, siento que las decisiones que tomo en cada parte del proceso —desde elegir el tema, escribir el guion o sentirme atraído por un guion, como en este caso— llevan implícita la idea de provocar.
Si no cuestionás la percepción que la gente tiene sobre las cosas, si no mostrás algo bajo otra luz para generar una sensación distinta, a mí no me resulta muy interesante. Tampoco me resulta estimulante como espectador.
Así que, sin que sea una fórmula, creo que cada elección que hago genera algún tipo de provocación frente a nociones preconcebidas.
Bugonia tuvo su estreno en la 82° edición del Festival Internacional de de Venecia. En Uruguay se estrenó a principios de diciembre, luego de un preestreno en el Festival de Terror y Sangre organizado por Life Cinemas en octubre, y aún puede verse en salas comerciales y Cinemateca. Podés ver todas las funciones en nuestra cartelera.
Por Nicolás Medina
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