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“Agua invadida”: el documental que revela la amenaza de la pesca ilegal en Uruguay

La directora uruguaya Carolina Sosa advierte que esta práctica daña la biodiversidad marina y afecta la economía uruguaya.

12.08.2025 21:29

Lectura: 13'

2025-08-12T21:29:00-03:00
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Por Sofía Durand Fernández
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Nuestras costas son una parte esencial de la identidad nacional. Las playas, el mar y la rambla están presentes en el día a día de una gran parte de los uruguayos. Sin embargo, ¿qué tan consciente somos de los peligros que amenazan a los recursos marítimos del país? 

Carolina Sosa estaba trabajando en un documental en México sobre la pesca ilegal. Tiempo después, un investigador uruguayo con el que había entrado en contacto le dijo que nadie estaba haciendo nada al respecto de esta misma problemática en Uruguay. Con la ayuda de la National Geographic Society, una organización sin fines de lucro, pudo llevar a cabo Agua Invadida, un documental que no solo busca visibilizar, sino también generar un cambio. Recientemente fue declarado de interés por el Ministerio de Educación y Cultura. 

"¿Cuál es el mar uruguayo que le vamos a dejar a nuestros niños?", se pregunta Andrés Milessi, biólogo marino e integrante de la organización Mar Azul Uruguayo, en el tráiler. Carolina trabajó en conjunto con ellos y con la Armada, participó en las misiones de búsqueda y captura de barcos extranjeros que practicaban pesca ilegal. Incluso se presentó en el Parlamento para exponer los hallazgos de su investigación. "Ojalá que el público también se sume y motive a estos tomadores de decisiones para que presten atención a esta problemática", dice en entrevista con LatidoBEAT

Agua Invadida se proyectará este 17 de agosto en el Auditorio Nelly Goitiño. Las entradas se pueden adquirir aquí

¿Cómo entraste en contacto con la problemática de la pesca ilegal, y cómo lograste el apoyo de National Geographic Society?

Yo hago documentales y trabajo como productora, esta es mi segunda película. Por lo general, trabajo para otras empresas, y en uno de estos proyectos en los que estaba trabajando, que era una serie sobre conservación de vida marina para un canal europeo, fuimos a filmar a México y una de las historias era sobre pesca ilegal. Me pregunté si también pasaba en Uruguay, ya que somos un país marítimo: tenemos más mar que tierra. Ya en Uruguay, National Geographic vino por primera vez a hacer una expedición marítima a nuestro país y yo quería sumarme a la misión. Todavía no había trabajado para National Geographic, pero era mi sueño, quería viajar por el mundo haciendo documentales de conservación.

Cuando vinieron, busqué en una nota de El País a los uruguayos que formaban parte de esa expedición y los contacté. Uno me respondió y me dijo que la misión ya estaba cerrada, pero si me interesaba hacer documentales de conservación, él tenía un tema que estaba pasando en Uruguay y del que nadie hablaba: la pesca ilegal. Ahí empecé a investigar yo y, luego de mucho tiempo, apliqué a un fondo de National Geographic Society que apoya proyectos documentales alrededor del mundo. Vas pasando por etapas, una preselección con envío de documentos. Luego de un año, a finales de 2023, me avisaron que me habían dado el fondo. Ahí inmediatamente te convertís en explorador de National Geographic. Además del fondo, los recursos y mentorías, se te abre una puerta para entrar a la familia de exploradores y ahora puedo aplicar a otros fondos y oportunidades. Participan más de 1,000 personas alrededor del mundo, y de Latinoamérica eligieron seis. Ahora participé de otro programa en el que te entrenan para trabajar para ellos y eligen a diez exploradores al año.

Durante la realización documental, el tratamiento inicial puede variar muchas veces hasta llegar al producto final. En este caso, ¿qué cosas cambiaron sobre la marcha? 

Yo fui con una idea bastante clara de lo que quería. Agregué más personajes porque cada vez que hablaba con una persona, me sugería que también hablara con alguien más. Los personajes en los que pensé inicialmente se mantuvieron. La idea del documental siempre fue tratar de filmar la captura de pescadores ilegales, de cómo es el proceso con la Armada y lo difícil que es. Lo que me pasó fue que estuve desde abril de 2024 hasta enero de 2025 intentando ir con la Armada a buscarlos y perseguirlos con mi equipo en tierra, que hacen monitoreo satelital. Lo que pasó fue que solo capturaron uno. Yo estaba en un barco patrullando con ellos y el equipo de Mar Azul Uruguayo, que son los biólogos marinos Andrés Milessi y Agustín Loureiro. Ellos fueron los que le dieron la alerta a la Armada: buscaron a través de monitoreo, y había un barco sospechoso de bandera taiwanesa en nuestro mar. La Armada quiso mandar nuestro barco, pero iba a demorar un día en llegar, porque el mar es muy grande y los barcos de la Armada son muy lentos, no tenemos la capacidad de respuesta rápida. Entonces decidieron mandar un helicóptero. Yo no estaba y tampoco nadie de mi equipo, porque salió de Punta del Este. Logré contar la historia igual, pero como documentalista fue bastante frustrante no poder estar en ese momento. Encontrarlos es muy difícil porque es como encontrar una aguja en un pajar, y si los encontrás, también es difícil mandar a un avión o un barco antes de que ellos se vayan.

Agua Invadida (2025), Carolina Sosa

Agua Invadida (2025), Carolina Sosa

Adoptás un rol participativo durante el documental, ¿fue una decisión que tenías clara desde el principio? ¿Te sentiste cómoda o te viste obligada a ejercerlo? 

Filmé con un plan A y un plan B desde el principio. Me filmé a mi misma formando parte de la historia, pero sin querer ser parte, lo tenía como un plan B en caso de que a la hora del montaje funcionara mejor. Originalmente quería que solo fuera acción, pero como no logramos capturar, tuve que hacer entrevistas y contar la historia por otro lado. A raíz de esto, discutimos mucho con Lucía Blánquez, la asistente de edición, si era realmente necesario que apareciera o no. A todos los que les contábamos y les preguntábamos decían que era crucial que yo estuviera. Incluso en el corte original aparecía menos, pero se la mostré a diez personas antes del corte final y todos me dijeron que tenía que aparecer más. Entonces lo reedité para que se notara que yo estoy presente todo el tiempo, por más de que no esté en cámara, mi voz siempre está, y la realidad es que funciona mejor.

En cierta manera me vi obligada, pero no fue una sorpresa, desde el inicio pensé que era una posibilidad. Aunque no me gusta, porque soy consciente de que estoy en pantalla, es una buena manera de entender como documentalista lo que le pasa a los entrevistados. A veces es muy fácil contar una historia cuando es de otros: vas y les preguntás, esperás que esa persona se abra contigo y te cuente todo. Para vos es fácil porque lo editás y es la historia de esa persona, pero cuando sos vos quien está frente a la cámara, es un momento de humildad.  

¿Cómo estaba constituido el equipo de grabación? 

Fue un equipo bastante reducido. Hubo un momento de rodaje en el que fuimos a filmar entrevistas y a seguir personajes por 15 días consecutivos, pero después había mucho de estar al pendiente con la Armada. Porque aparte los operativos de captura son secretos, si informás que estás yendo a buscarlos, estás brindando esa información y se van a ir. Es una cosa muy del día a día y no todos tienen esa disponibilidad, entonces el equipo fue bastante flexible, por lo general éramos dos, tres o cuatro. Yo lo dirigí, lo produje y también fui camarógrafa. Había otro camarógrafo, pero cuando yo aparecía en cámara lo necesitaba. Los sonidistas se fueron turnando por días. Yo lo edité, pero también tuve una asistenta de edición. Me involucro desde el desarrollo hasta la distribución, me gusta estar en todo el proceso. Cuando trabajo para otras empresas trabajo como productora, pero también a veces filmo y edito. Me gusta usar muchos gorros de distintas tareas para no aburrirme y para ser más creativa y práctica.  

Agua Invadida (2025), Carolina Sosa

Agua Invadida (2025), Carolina Sosa

¿Cómo se cuidan las cuestiones técnicas y estéticas en este tipo de situaciones límite? 

Por un lado el barco te marea, estás mirando a la pantalla de la cámara y si el barco se está moviendo mucho, te empezás a marear, hemos vomitado varios de la crew. De por sí, hay una especie de dificultad de tu cuerpo, estás durmiendo en un barco durante cuatro días. En el operativo en el que logramos capturar un barco de pesca ilegal yo la pasé mal, vomité tres días seguidos. Siempre buscás los mejores planos y la hora mágica. Por más de que tienen que hacer su trabajo, siempre tratás de pedirle a la gente si pueden repetir tomas. Buscás coordinar que los momentos de acción sean en horarios más lindos y no a las 12 del mediodía, pero a veces no podés porque es lo que está sucediendo. Ahí es cuestión de saber manejar la tecnología que tenés para buscar la mejor luz y los mejores planos posibles. Filmamos bastante bajo el agua y el mar en Uruguay tiene baja visibilidad, además las temperaturas son muy altas. Eso también influye: a veces querés filmar el delfín, el agua no se ve nada y está marrón; a veces el agua está hermosa y el delfín no está ahí. Cuando querés filmar naturaleza donde hay un tema de clima y fauna que no controlás, es bastante complejo. Pero a mí me gustan los documentales en los que hay una aventura. No es que me gusta que no sea fácil, pero sí el hecho de tener desafíos y aprender en el camino.

¿Qué descubriste sobre la pesca ilegal en Uruguay realizando este documental y su investigación correspondiente?

Aprendí mucho porque no solamente hable con un sector. Cuando hago una investigación, intento agarrar la mayor cantidad de perspectivas posibles, me gusta buscar la verdad desde muchos lados. A veces, lo que para uno es la verdad, para otro desde otro punto de vista no lo es. Hablé con los pescadores que están afectados por la pesca ilegal de banderas extranjeras porque se roban el recurso y eso afecta a la economía local, y también con los pescadores uruguayos que hacen pesca ilegal. Hablé con las ONG que se dedican a trabajar para buscar soluciones, con el director de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA), que es el organismo que se ocupa de fiscalizar la pesca ilegal. Hablé con la Armada, que se ocupan de atraparlos y una vez que lo hacen lo derivan a la DINARA. También hablé con periodistas y con personas que no terminaron dentro del documental, incluso con gente off the record que sabía que no iba a aparecer en cámara, pero quería que me dijeran la verdad desde su punto de vista.  

Lo que pude entender es que tenemos un problema muy grave. Estamos destrozando nuestro ecosistema marino, ya no hay las mismas especies que habían antes, no hay control. Necesitamos más recursos, pero no solo humanos y económicos, también necesitamos una mejor gestión de ellos. Hay una falta de comunicación entre los organismos, cada uno tiene sus propios intereses. Hay una comisión de pesca ilegal que existe hace 12 años y nunca se juntaron, la primera vez que se reglamentó fue el año pasado y, hasta ahora, ni la Armada sabe quiénes pertenecen a esa comisión. No puede ser que a nivel político exista tanta carencia.  

Agua Invadida (2025), Carolina Sosa

Agua Invadida (2025), Carolina Sosa

¿Cuáles son puntualmente las consecuencias ambientales de la pesca ilegal? 

Que vengan países a sacar nuestros recursos y llevárselos es un atentado a nuestra soberanía alimentaria. Las redes de arrastre no solo arrastran a los peces que se quieren llevar, sino que a otros animales como tortugas, lobos, delfines, rayas y tiburones. A su vez, la pesca de arrastre rompe los suelos del fondo del mar y eso es el alimento de otros peces, hay peces que no vuelven porque no tienen alimento. Hay otros animales que tal vez que no quedan atrapados en las redes, pero que dependen del alimento a partir de estos peces. Es un ecosistema. Cuando le robás el ganado a otra persona es abigeato, es un crimen porque es propiedad privada; los peces son de todos, pero de nadie en específico, entonces hoy por hoy no es delito.

Si no hacemos nada pronto, no vamos a tener nada. Los brasileros son los que más entran a pescar ilegalmente a nuestro país porque ya en el suyo no ven la misma cantidad de recursos que tenían antes, entonces tienen que ir a otros lugares a agarrarlos. Lo mismo ocurre con los barcos chinos. El barco que agarraron era de Taiwán. Imagínate todo el gasto que implica venir desde China hasta acá para pescar y volver a su país. Ganan tantos millones de dólares de lo que están pescando en nuestro mar que queda justificado.

¿Qué cambios esperás que genere este documental?  

Sabía que quería hacer un documental con un mensaje social y que fuera una herramienta de cambio o, al menos, una herramienta de visibilidad de algo que necesita cambiar. Cuando apliqué al fondo National Geographic, lo propuse de esa manera. Las "tres E" son: entretener, educar y la tercera, que no todos pueden, es elevar. No solamente entretenés y educás a la otra persona, sino que lográs conmoverla y así también un cambio. No sé si voy a lograr esa parte, pero ojalá al menos haga pensar a muchos.

Junto a Andrés Milessi y la organización Mar Azul Uruguayo, además de ir a buscar a los pescadores ilegales, fuimos al parlamento, les mostramos a los diputados que están más relacionados con el tema de la pesca ilegal lo que está pasando y los últimos datos que tenemos de nuestra investigación para que estén al tanto y puedan cambiar la situación. Lo que buscamos con el documental es cambiar la ley de la pesca ilegal y que sea un delito. Hoy por hoy, es una sanción: pagás una multa irrisoria, muy baja, y seguís con tu vida. Eso es si te atrapan, y la realidad es que te atrapan muy pocas veces. Si fuera un delito con multas millonarias, por un lado le daría más accionar a la Armada para poder frenar estos barcos y por otro haría que los pescadores piensen dos veces si quieren pescar ilegalmente porque si los atraparan podrían ir presos o la multa sería muy alta.  

Ahora volvimos a ir al parlamento el 3 de julio a presentar el documental. La idea es proyectarla en el parlamento y seguiremos yendo a otras comisiones a mostrarle a todas las personas necesarias para que estén más al tanto. Ojalá que el público también se sume y motive a estos tomadores de decisiones para que presten atención a esta problemática.  

Por Sofía Durand Fernández
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