Releer las internas del Frente Amplio

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La elección interna del Frente Amplio (FA) fue un balde de agua fría para la temperatura en alza del sistema político.
(Por Daniel Chasquetti) *

17.11.2006

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En el último mes, la política uruguaya se había tornado dura, agresiva y febril. El resultado del domingo devolvió a la realidad a muchos. Los que veían al gobierno debilitado en su apoyo ciudadano se llevaron una sorpresa. Los que pensaban que los votantes de izquierda habían sido ganados por la decepción, también.

Las especulaciones previas al acto electoral sostenían que si se alcanzaba la votación del año 2002 -casi doscientos mil votos- el FA debería darse por satisfecho. Aquella cifra se había alcanzado en plena crisis, en un país en llamas. Bajo las actuales condiciones y tras veinte meses de gobierno, difícilmente se lograría el concurso de un número tan alto de votantes. El domingo a la noche, cuando los resultados extra oficiales mostraban que la meta sería superada, muchos miembros del gobierno confesaron su asombro por la señal que la ciudadanía había emitido. Y no era para menos. Uno de cada cinco votantes de octubre de 2004 concurrió a las urnas en una muestra de fidelidad inexpugnable.

Las explicaciones más recurrentes interpretaron el resultado como una señal de respaldo al gobierno. Obviamente esto fue así. Sin embargo, parece claro que hubo algo más que eso. La votación del domingo puede comenzar a comprenderse a partir del contexto en que se realizó. A lo largo del mes de octubre se sucedieron acontecimientos que modificaron las pautas de convivencia entre el gobierno y la oposición. Los partidos tradicionales acusaron reiteradamente al gobierno de violar la Constitución, se sucedieron las críticas a Vázquez por su aparente falta de apego al trabajo, fueron votadas nuevas interpelaciones a los Ministros por temas polémicos o de dudosas pertinencia, se produjo un paro por tiempo indeterminado de la patronal de transportistas, etc. Todo en menos de un mes, y en un espiral creciente de críticas y recriminaciones.

Es probable que ese mismo contexto haya influido seriamente sobre la conducta del electorado de izquierda. Es razonable creer que el clima creado por las situaciones señaladas haya tocado el nervio más íntimo del votante medio frentista. Me refiero al de la mística frentista, que observa el devenir como una sucesión de obstáculos a sortear en procura de la felicidad. De allí la rebeldía y la necesidad de manifestar adhesión y apoyo a la causa partidaria en el gobierno. Es cierto que también hubo ciudadanos frenteamplistas que votaron para influir en los equilibrios internos, buscando moderar los impactos de una buena votación de tal o cual sector. Esos votantes estratégicos existieron pero son una minoría. Lo determinante aquí es que el espíritu de movilización y asamblea que el FA siempre cultivó, terminó por primar sobre otras sensibilidades.

Ese resultado representó una señal muy nítida para todo el sistema político. Para la oposición las noticias no son muy buenas, ya que comunican que el gobierno continúa gozando de un sólido respaldo de una parte importante de la ciudadanía, situación que no disfrutaron o no fueron capaces de mantener los anteriores gobiernos. Los sondeos de opinión pública venían señalando este hecho, pero algunos prefirieron ignorarlos. Esto obligará a una reconsideración de los ritmos de confrontación y particularmente de su nivel de agresividad. La oposición deberá asumir que el prestigio de esta administración no será erosionado con tres o cuatro movidas recias. Deberá, por el contrario, aguzar su ingenio e imaginación, contenerse ante las tentaciones, y fundamentalmente, construir una agenda alternativa que la población reconozca y valore.

Para los integrantes del gobierno esta votación representa un respaldo, pero también una medida de sus responsabilidades. Esa votación supone apoyo y respaldo, pero también expresa ilusión y nuevas demandas. Con eso deberá lidiar el gobierno en el futuro. Las primeras reacciones de la dirigencia frentista mostraron cautela y moderación. La euforia se limitó a unos pocos. Incluso la espera por los resultados de la contienda interna no escapa a la tónica dominante. Saben que las cosas cambiarán poco respecto al resultado del 2004. El MPP seguirá siendo la principal fuerza. El Partido Socialista y Asamblea Uruguay disputarán el segundo lugar, y la 1001 tal vez ascienda algún puesto en el ranking. El esquema básico se mantendrá en pie.

El verdadero problema reside básicamente la vocación mayoritarista que algunos dirigentes colocados en lugares claves- han dejado entrever en estos meses. Creen que la mayoría absoluta alcanzada en las elecciones de 2004 supone un mandato que debe ser puesto en práctica contra viento y marea. Ello implica que lo importante es lo que dice el programa del FA. Los puntos de vista de los otros partidos no cuentan a la hora de la toma de decisiones. A esta peligrosa tendencia se agrega un segundo problema. Me refiero a la soberbia que trasuntan unos cuantos dirigentes ubicados en lugares de menor rango. Los buenos pero parciales resultados alcanzados en diferentes áreas alientan un entusiasmo desmedido que termina por tornarse en altivez. La combinación de mayoritarismo y soberbia, en caso de extenderse, puede transformarse en un verdadero problema para este gobierno, porque se trata de un lente nefasto que distorsiona la realidad. Algunas reacciones eufóricas el domingo dan prueba de ello. Conocido el resultado, clamaban por la reelección de Vázquez y elucubraban estrategias para el 2009. Por ahora son pocos, pero nada garantiza que ese mal se extienda.

No obstante, el timón del gobierno parece comenzar a comprender que existen otras formas de hacer política mucho más ventajosas. La semana pasada desde esta columna le pedíamos al gobierno que reaccionara y diera un paso atrás en el caso Guianze. Por suerte para todos, Vázquez actuó en esa línea y reanudó el diálogo con la oposición. Quizá en un corto tiempo tengamos un nuevo Fiscal de Corte, un nuevo Tribunal de Cuentas y una nueva Corte Electoral. Sería un éxito del sistema político y sobre todo, sería un logro del gobierno. Reconocer errores y enmendarlos también paga. La ciudadanía valora mucho ese tipo de gestos, que no son otra cosa que un signo de humildad. Existen otras materias candentes donde el gobierno debería actuar de idéntica manera (el cuestionado debate de la educación, la política de inserción internacional, seguridad pública, la controvertida gestión del INAU, etc.) No es que crea que el gobierno carece de soluciones. Por el contrario, pienso que en determinadas áreas sensibles, no sólo se necesitan las ideas del gobierno sino también los puntos de vista de la oposición. Así funcionan las mejores democracias y así debería funcionar la nuestra. De la confrontación de ideas surgen las mejores soluciones. Jamás llegan por la imposición de iluminados. El Frente Amplio repitió esto hasta el cansancio cuando era oposición. Es hora de que lo aplique siendo gobierno.

* Profesor e Investigador del Instituto de Ciencia Política de la UDELAR

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