Contenido creado por Gerardo Carrasco
Salud

Algo que asoma

Vivir con un megapene: hombre cuenta penas y alegrías causadas por su “calibre especial”

Desde conseguir ropa adecuada hasta ser cosificado, tener una “dotación extra” entre las piernas puede causar más problemas que beneficios.

10.10.2023 12:00

Lectura: 6'

2023-10-10T12:00:00-03:00
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Jason estaba en la cola del supermercado cuando vivió un momento vergonzante. “No puedo creer que estés excitado aquí y ahora”, dijo una voz femenina a su espalda, la mujer que lo seguía en la fila había notado una gran protuberancia en sus pantalones y creyó que se trataba de una gratuita y notoria erección. Escandalizada, salió de la fila y se dirigió a otra caja, dejando al hombre muerto de vergüenza.

Esa es solo una muestra de los sinsabores que el estadounidense Jason experimentó debido al tamaño de su pene, tema sobre el que habló en una entrevista publicada esta semana por el portal noticioso Business Insider.

Jason tiene 44 años, y ya en la adolescencia supo que una parte de su cuerpo era distinta a la del resto de los varones. En el reportaje, el hombre detalló que su pene en reposo mide casi 18 centímetros. En erección alcanza unos descomunales 25,5, “el tamaño habitual del antebrazo de una mujer”.

Tras años de probar diferentes estrategias indumentarias, el hombre aprendió a ocultar su miembro en la ropa interior y a tener relaciones sexuales de forma tal que sus compañeras sintieran placer y no dolor. También ha tenido que esquivar comentarios no deseados, tanto de extraños como de exnovias, que a menudo han hecho que Jason se sienta cosificado.

Jason, quien pidió mantener en reserva su apellido, dijo al citado medio que ha ido superando de manera autodidacta los problemas causados por su falo, a falta de bibliografía o experiencias en el tema.

“Es un tema que tiene un lado negativo, pero de eso no se habla. Existe toda esta mentalidad de ‘cuanto más grande, mejor’, a la que todo el mundo está sometido, y no quieren escuchar a ningún tipo quejarse por tener un miembro demasiado grande”, explicó.

Jason dijo que se dio cuenta por primera vez de su desmesura anatómica mientras estaba en el vestuario de su escuela secundaria.

Al mirar a su alrededor cuando todos se duchaban, notó que superaba en tamaño a todos sus compañeros, y ellos también se dieron cuenta de inmediato. Para colmo de males, un grupo de alumnas logró espiar el vestuario masculino y el chisme corrió de inmediato por todo el instituto.

Por aquel entonces todo el asunto le pareció divertido y hasta emocionante, pero al llegar a la universidad su actitud cambió.

En la entrevista cuenta que en esa época cayó en sus manos un “cuaderno secreto” de una hermandad de chicas. Allí, cada varón tenía una especie de ficha con las características más marcantes de su personalidad, y ocupaba un lugar en una “pirámide del pene”, ordenada por tamaño. Al leer, notó que sobre él no había más que la mención a las dimensiones superlativas de su entrepierna, algo que lo situaba en la cima de mencionada pirámide.

Así, comprobó que su rara condición podía eclipsar su personalidad y convertirse en un factor de aislamiento social.

Para saber más sobre el asunto, el citado medio consultó a la doctora Fenwa Milhouse, una uróloga de la ciudad de Chicago.

La profesional destacó que si una persona está demasiado dotada y no presenta dolores o disfunción eréctil, no hay tratamiento urológico a prescribir. Pese a ello, coincide con Jason en que puede resultar una experiencia aislante, pero más que atención médica podría requerir apoyo psicológico y aceptación personal.

La doctora admitió que nunca tuvo un paciente con las quejas particulares de Jason y solo conoció casos raros a través de la literatura científica. La mayoría de ellos tenían que ver con problemas de salud subyacentes, como anemia falciforme.

Milhouse enfatizó que los urólogos solo realizan una cirugía en el pene si hay un problema de desempeño sexual u otro problema funcional orgánico. Y si bien Jason nunca buscó ayuda médica, Milhouse insiste en que, de haberlo hecho, no encontraría ningún tratamiento.

¿Todo eso es suyo?

Encontrar ropa que le permitiera —literalmente— escurrir el bulto fue desde siempre un dolor de cabeza para Jason.

Recordó que durante la adolescencia el problema no fue tan grave, ya que usaba pantalones holgados muy informales o prendas deportivas. Sin embargo, cuando llegó a la universidad e ingresó al mundo laboral, las prendas formales le complicaron la existencia.

Para ocultar su eminencia, recurrió en principio a un truco quizá burdo, pero eficaz: llevaba siempre consigo una carpeta, y cada vez que conversaba con alguien se las arreglaba para sostenerla delante del pubis.

Después de investigar un poco, descubrió que podía hacer que sus pantalones de vestir se adaptaran a sus necesidades. Ahora usa unos que llevan un aditamento de tela extra cosido.

En cuanto a la ropa interior, Jason dijo que todavía está buscando una opción que le permita acomodar su pene sin arruinare la cuenta bancaria. En ese sentido, contó que una vez compró unos calzoncillos a medida que le quedaron muy bien, pero le costaron 60 dólares. Semejante precio hizo que los descartara como solución permanente.

“Los boxers prácticamente no son una opción, y menos si uso pantalones cortos. Solo me los pongo en casa, no salgo con ellos. Y los calzoncillos blancos ajustados son demasiado apretados”, enumeró.

A la hora de la intimidad

Con 25,5 centímetros de longitud y un grosor proporcional a semejante desproporción, Jason ha experimentado “problemas sexuales”. No se trata de disfunción eréctil, sino de buscar la forma de copular sin causar sufrimiento o lesiones a su pareja.

Para lograrlo, hay dos reglas que siempre sigue: mucho lubricante y ella arriba.

“A esta altura debería ser accionista de la fábrica de lubricante”, bromeó. Y agregó que un concienzudo juego previo también es fundamental antes de intentar la penetración.

Otra de las posturas sexuales aptas para Jason es la del perrito. “El trasero de la mujer funciona como un paragolpes y me impide profundizar más de la cuenta”, aseguró.

Ajustar sus opciones de ropa y sus habilidades sexuales a lo largo de los años ha ayudado a Jason a sentirse más cómodo con su “amigo”. Sin embargo, trabajar en la autoconfianza fue lo que le permitió sentirse mejor de verdad.

En ese sentido, contó que hace unos 15 años pensó en consultar a un cirujano plástico para hacerse un procedimiento de reducción de pene, una cirugía que iría a contracorriente de los que suelen pedir los hombres. Sin embargo, ya desechó esa posibilidad.

“Es una relación de amor y odio. Disfruto de tenerlo tan grande como lo tengo, pero a veces resulta frustrante. Ahora ya aprendí a lidiar con eso”, concluyó.