Sobre todo en los meses de invierno, los uruguayos disfrutan de una taza de té caliente. Sin embargo, la cultura del té y su popularidad en el país es bastante reciente. La infusión llegó de la mano de inmigrantes a finales del siglo XIX y se puede decir que recién alrededor de 1930 se empezó a hacer más común su consumo. "De los primeros lugares en vender té fue la Casa Evans, un almacén de ramos generales fundado en 1911 en Conchillas, Colonia (pueblo fundado por ingleses), donde cuando se hacían las cinco de la tarde, el pueblo se paraba para tomar el té", cuenta la experta en ceremonial y protocolo Luciana Andión. Además, "en 1921 llegó a Argentina Saijiro Tsuji, quien en 1952 inauguró la primera fábrica de vajilla de porcelana reconocida a escala mundial, que por su cercanía con nuestro país fue un hecho importante", destaca Andión.
En Uruguay, alrededor de 1930 era común que en los casamientos se le regalara a la mujer la vajilla para tomar el té, que se utilizaba en ocasiones especiales. Pero con el paso del tiempo se fue perdiendo la costumbre de hacer el ritual con la vajilla completa.
Hoy se puede ver un auge del consumo de té y sobre todo de los blends. Los uruguayos cada vez se interesan más por la cultura vinculada a esta bebida, y también existen más marcas nacionales que acercan distintas variedades al público.
Dado este creciente interés y con motivo del Día Internacional del té -que se celebró el 21 de mayo-, Galería se acercó a diplomáticos y residentes de países reconocidos por su cultura de té para conocer detalles de sus respectivas tradiciones, que van desde la hoja de té, la vajilla y el modo de servirlo, hasta el significado que tiene para ellos.
China

Liu Meicen en la residencia del embajador de China
Oler, mirar y disfrutar. Hay registros de dibujos y pinturas de diferentes modelos de tazas y herramientas que atestiguan que la cultura del té en China se remonta a por lo menos 6.500 años atrás. De ahí en adelante, el hábito de consumo de esta bebida se ha enraizado en el país y forma parte fundamental de su cultura. Beber té es una forma de arte que se vincula con el espíritu, y una ceremonia que enseña cortesía, moral, humor, estética y pensamiento.
Según explica la pintora china amante del té Liu Meicen, residente en Uruguay, existen varios pasos que conforman una ceremonia de té. Sobre la mesa se disponen varios elementos, todos ellos con una función específica.
Por un lado, se encuentran seis herramientas a las que llaman los seis caballeros: una cuchara para recoger el té, una pinza para maniobrar las tazas, una aguja para destapar la boca de la tetera, otra para separar algunos tipos de té que vienen en bloque, un filtro, la base donde van colocados, y en algunos casos también un pincel para pasar sobre la tetera (dado que algunos materiales requieren cuidados especiales).
Sobre la mesa también se disponen varios contenedores de té con diferentes variedades con el fin de que los invitados elijan cuál desean tomar. También están las mascotas, que son elementos decorativos que cumplen además la función de apoyo, por ejemplo, para el filtro o la tapa de la tetera.
A diferencia de lo que se ve en Uruguay, el tamaño de las teteras es muy pequeño y se recarga repetidas veces. Para servir el té rojo, Meicen Liu elige una tetera de arcilla morada en la que coloca las hojas. Hierve el agua a 100 grados pero el té rojo amerita 80 grados, por lo que al verter el agua eleva la tetera, para que en el camino baje la temperatura al entrar en contacto con el aire. El té rojo solo debe infusionar 15 segundos, por lo que luego de ese tiempo se traslada a la llamada jarra de justicia. El sentido de este elemento es que todos los invitados consuman un té de la misma calidad. Al ser pequeña la tetera, la dueña de casa puede recargarla con las mismas hojas hasta cinco veces y reunir todo el té en la jarra de justicia para luego servirlo.
Una particularidad es que el agua caliente con la que se llena la primera tetera no se consume, con ese té se lavan y calientan las tazas y la tetera. De esta manera los invitados pueden sentir el aroma a té en sus tazas desde el principio.
La anfitriona cuenta con varias teteras, puesto que elabora cada té en la más apropiada. Mientras que al té rojo lo prepara en una de arcilla morada, al té de flores lo prepara en una de porcelana en la que se concentra más el aroma y sabor de las flores. Hay diferentes tazas para servir los diversos tés y el dueño de casa bebe en una taza diferente a la de los invitados.
Los principales tipos de té en China son seis: rojo, verde (el más popular), blanco, negro, qing y de flores. Dentro de esos tipos existen a su vez miles de variedades. Todos tienen propiedades medicinales y algunos también cosméticas, como el té verde tibio, que es bueno para lavar la cara y reducir ojeras. Mientras que se recomienda que el té verde no tenga más de un año y medio de antigüedad, el té pu erh, en cambio, cuanto más antiguo, mejor. Y también más caro. Hay té rojo de hasta 100 años, y 375 gramos de un té pu erh de entre 30 y 50 años puede valer hasta 150.000 dólares.
En cuanto a la gastronomía que acompaña al té, todo es válido. El té se consume muchas veces en el día y puede ser con cualquier comida: carne, mariscos, pasta o dulces.
Con el té pronto y servido los pasos son tres: oler, mirar y tomar/disfrutar. La última acción tiene algunos otros pasos. Primero se pone el té en la boca, luego se concentra debajo de la lengua y se saborea y después se traga. De esa forma se moja primero la boca, segundo la garganta y tercero el corazón.
Japón

Tomoko Kubota, sensei del té y consejera de la Embajada de Japón
Caminos milenarios. La ceremonia o camino del té es uno de los rituales más importantes y con historia de Japón. Fue a través de la influencia del budismo zen, de los siglos XIV y XV, que la forma de servir el té delante de invitados se convirtió en un nuevo acto de mejora espiritual y en un hecho característico de la cultura japonesa.
Mediante esta ceremonia no solo se prepara el té verde en polvo (matcha), también se intenta conseguir el
autoconocimiento y el aprendizaje en el mundo espiritual. Para ello, quienes la desarrollan se basan en cuatro principios: la armonía, el respeto, la tranquilidad y la pureza. "La ceremonia o camino del té pone mucha importancia en la pureza", reafirma Tomoko Kubota, sensei del té y consejera de la Embajada de Japón.
Durante el ritual, ningún movimiento ocurre al azar. Todo lo que realiza el sensei está sumamente medido y calculado. Son movimientos lentos, delicados, que transmiten paz a los invitados. Lo mismo ocurre con los objetos, utensilios o el mobiliario que forman parte del proceso.
La ceremonia del té transcurre sobre una superficie llamada tatami, elaborada con un material similar al de una
esterilla (pero más firme), que cubre la zona en la que se realiza cada ritual. Sobre él puede observarse la misonodana (mesa negra laqueada) en la que se apoyan todos los elementos necesarios para preparar el té: utensilios repletos de tradición y objetos elaborados con determinados diseños, colores y técnicas tradicionales. Sobre uno de los extremos de la misonodana se apoya el mizusashi, un jarrón de agua fría que se utiliza para purificar los elementos al finalizar la ceremonia. En el centro de esta mesa está el chasen (batidor de bambú), el chawan (taza), el natsume (contenedor laqueado para el matcha en polvo) y la chashaku (cuchara de bambú para servir el matcha). Sobre el otro extremo de este mueble se encuentra la kama, una olla de hierro que sirve para calentar el agua del té, y el hishaku, un cucharón de bambú para servir el agua.
El sensei también utiliza un pañuelo de seda -conocido como fukusa- con el que limpia y da pureza a todos los
elementos que forman parte del ritual. Según dice Kubota, todos los movimientos y dobleces que el sensei hace sobre ese pañuelo no tienen explicación ni sentido lógico. Simplemente, afirma, "es para calmar la mente; para darme y darles calma". Tanto ese pañuelo como el chakin -pañuelo de algodón- son utilizados para limpiar los objetos utilizados, y reafirmar la pureza que prima en cada ceremonia.
Cada té lleva una medida y media de matcha (medida con el chashaku) aunque, según explica Kubota, eso dependerá del gusto de cada persona. "Hay muchos pasos para ofrecer un té bueno", asegura. Por eso, los secretos al momento de prepararlo son varios. Uno de ellos es la forma y el tiempo necesario de batido de cada infusión.
Una vez colocado el matcha en la taza, es momento de poner el agua caliente y luego mezclar con el batidor de bambú. El movimiento para batir es de adelante hacia atrás, en recorridos lineales, y no en movimientos circulares. Esto durante aproximadamente 15 segundos, hasta que el matcha logre esa espuma blanca que lo caracteriza y se ubica en toda su superficie.
Lo único que se come al momento de tomar el té es un dulce llamado higashi, elaborado con azúcar de Japón. La idea es consumirlo antes de beber el matcha, dejarlo en la boca y, mientras tanto, ir tomando el té para que se mezclen ambos sabores y desaparezca el amargor que caracteriza a esta infusión.
En cuanto al modo de sostener la taza, la experta cuenta que en Japón no existe ninguna restricción; se puede utilizar ambas manos para hacerlo. A su vez, cuando el té gusta mucho y es una muy buena preparación, los japoneses lo demuestran haciendo un ruido fuerte al momento de sorber el último trago.
Kubota cuenta que este no es un ritual que suela realizarse diariamente. "En la vida cotidiana es muy difícil hacerlo, porque se requiere de muchas cosas y de tiempo. Pero se puede hacer en cualquier momento. Normalmente lo hacemos al mediodía, después de almorzar juntos".
Tomoko Kubota se encuentra en Uruguay desde hace ya dos años y medio. Hoy, además de ser la consejera de la Embajada de Japón, también se desempeña como sensei del té y como profesora en Montevideo Chado. Ya lleva 20 años practicando esta ceremonia y, según dice, es algo de lo que nunca se aburrirá de hacer.
Reino Unido

La embajadora británica Faye O’Connor en el jardín de la residencia
Té negro y en hebras. Cuando se habla de costumbres de tomar el té, surge la curiosidad por saber cómo tomará el té la reina Isabel II. El exmayordomo del Palacio de Buckingham Grant Harrold contó a la BBC que la monarca prefiere las hebras de earl grey, una mezcla de té aromatizada con aceite de bergamota nombrada en homenaje al conde Charles Grey, aunque fuentes no oficiales hablan del smokey earl grey, un blend creado especialmente para ella.
Originariamente, el té llegó al Reino Unido desde China a través de la Compañía Británica de las Indias en el siglo XVII, extendiéndose su consumo rápidamente. Las variedades preferidas son earl grey y lady grey.
La embajadora británica en Uruguay, Faye O'Connor, coincide en que el té debe ser negro y en hebras, que se sirve de la tetera y se debe tener un buen colador. "Los británicos (en total) tomamos 165 millones de tazas de té al día y yo, personalmente, cinco tazas por día", dice.
La diplomática comparte los consejos de su abuelita: los saquitos de té están prohibidos y la tetera se debe templar previamente. Las hebras de té se conservan frescas en una lata, el agua se debe hervir en la cocina, nunca en el microondas, y hay que mantener las proporciones exactas. Después de templar la tetera se agrega una cucharada de té por cada taza de agua y una extra "para la tetera". Se lo deja alrededor de cinco minutos y se cubre la tetera con unas bolsitas de tela para que se conserve la temperatura.
O'Connor toma el té con leche y azúcar. Pone leche en la taza, un poco de azúcar y después el té. "La tradición de tomarlo con leche surgió en el siglo XVIII cuando el elemento distintivo entre las clases sociales era la vajilla. Las clases altas disponían de cerámicas más resistentes, por lo que las clases trabajadoras comenzaron a colocar leche tibia previamente al té, algo que se incorporó a las tradiciones", contó la embajadora. El ceramista Josiah Spode diseñó una vajilla resistente al calor, lo que permitió no tener que recurrir a la leche para evitar la rotura de la vajilla. Sin embargo, "mi abuelita me regaña si primero pongo el té y después la leche", cuenta.
Anna-Maria Stanhope Russell, duquesa de Bedford (1783-1857), impuso la costumbre de tomar el té entre las tres y las cuatro de la tarde como una merienda ligera entre el almuerzo y la cena, a la que se denominó afternoon tea y se le incorporaron pastelitos y scones. Esta práctica se extendió rápidamente en la alta sociedad británica y luego hasta la clase obrera, marcando así la costumbre de los ingleses.
El chef uruguayo Álex Capalvo fue el encargado de preparar la mesa para que la embajadora tomara el té en el jardín de su residencia el día que Galería la visitó. Puso la mesa con vajilla Spode con una estampa floral en combinación con la tetera y azucarera azul con borde en oro. Preparó scones, sandwiches de jamón crudo con rúcula y de pepino, los preferidos de O'Connor, y muffins de chocolate y naranja con mermelada de frutos de la pasión y budín. Una variante del afternoon tea sería el cream tea, en el que los scones se cortan al medio y se los unta con clotted cream o crema cuajada (ni salada ni dulce) y mermelada.
Para los trabajadores británicos, el té de la tarde debía esperar a que llegaran a sus casas después de la jornada laboral, por lo que el té se comenzó a servir con platos más suculentos que pastelitos, un menú caliente y abundante, transformándose en el high tea, por consumirse en una mesa de comedor con sillas de respaldo alto, a diferencia del té de la tarde, que se toma en sillas bajas.
Según cuenta la diplomática, hay varias anécdotas curiosas en torno al té. En las clases trabajadoras, la madre de la familia es la encargada de servirlo, pero si no estuviera la jefa de familia se debe preguntar: "¿Quién quiere ser mamá?". Y esa será la que tome la tetera y servirá a todos en la mesa. Otra anécdota es que en el norte de Inglaterra les gusta el té tan fuerte que a lo largo del tiempo se afianzó un dicho: "Es tan fuerte que se puede parar la cuchara en la taza".
El té es lo primero que se le ofrece a cualquiera que visita una casa y, además, forma parte tan importante de la cultura británica que hasta se le atribuyen propiedades sanadoras y de resolver problemas. "Mi madre dice que no hay nada que no se pueda resolver con una taza de té", cuenta.
Según O'Connor, en cualquier lugar de Londres se toma un excelente té. Sin embargo, es "difícil superar el té que se sirve en el Hotel Ritz", a donde fue con su familia y colegas después de ser condecorada por la reina Isabel en Windsor.
Rusia

Anna Komarova con Igor Gordeev, embajador de la Federación de Rusia Andrey Budaev y Vasilisa Fofanova
Una forma de ocio. "El té llegó a Rusia por primera vez a uno de los kanes mongoles en 1638 con el nombre de hierba china, de la mano del boyardo ruso Vasili Starkov, quien en una visita diplomática había recibido 64 kilos de té como forma de agradecimiento por sus obsequios", cuenta el embajador de Rusia en Uruguay, Andrey Budaev.
La bebida tuvo una gran aceptación en la corte del zar de Rusia Miguel I, y en 1679 se firmó el primer contrato de suministro de té desde China y comenzó a venderse en pequeños recipientes similares a joyeros. En un principio los rusos solían beberlo por sus propiedades medicinales. Más adelante descubrieron que además quitaba el cansancio y daba vitalidad y comenzaron a consumirlo aún más, luego de las comidas o en cualquier momento del día.
El país euroasiático también le dio su impronta al consumo de té. Las hojas se colocaban en una tetera con agua hirviendo por 10 minutos, en cada taza se servía un poco de este concentrado y se cortaba con más agua hirviendo a gusto del comensal. El agua hirviendo se servía desde el samovar, que por calentar y mantener caliente el agua facilitó los procesos de preparación de té.
Con el paso del tiempo, tomar té se convirtió en una de las actividades predilectas de los rusos y la bebida se transformó en una de las favoritas. La cultura del té se extendió por todo el país, aumentó su frecuencia de consumo y pasó a ser parte de encuentros donde se daban largas conversaciones y los presentes podían llegar a tomar hasta ocho tazas de té. Donde más se instauró el consumo fue en Moscú, mientras que en San Petersburgo, por su influencia más europea, continuaba primando el café.
"Antiguamente servir el té era un cometido del ama de casa y solo en contadas ocasiones se confiaba este proceso a la hija mayor de la familia. Las tazas, la tetera y el samovar siempre se disponían al lado de esta figura", explica Budaev. El ama de casa utilizaba un colador para filtrar las hierbas y servía a los hombres en vasos con portavasos y a las mujeres en tazas con platillos. Una de las reglas era cargar el recipiente hasta un centímetro antes del borde.
A diferencia de China, en Rusia, sobre todo en las familias más acomodadas, era muy común agregar leche, limón o azúcar a la bebida. "En las familias de pocos ingresos habitualmente se llenaban las tazas hasta el borde. Sobre esto había dos opiniones. Por un lado, que era una muestra de hospitalidad y, por el otro, que se hacía eso porque en una taza llena hasta el borde no se podía agregar azúcar, que era muy caro", relata el diplomático.
El consumo de té como forma de ocio se mantiene vigente y es común que familias y amigos se dispongan alrededor de una mesa a compartir charlas y consumir la bebida caliente. Su consumo en Rusia no se concibe por sí solo, suele acompañarse con panecillos, rosquillas, tortas, empanadillas, miel y mermelada. "En Rusia, la invitación a casa a tomar té conlleva que el huésped no abandonará la vivienda con el estómago vacío", asegura Andrey Budaev.
En cuanto a las variedades de té, si bien el primero en conocerse fue el té verde, el té negro fue el que tomó mayor popularidad. De cualquier manera, hoy en el mercado ruso se puede adquirir variedades de té para todos los gustos y los rusos suelen contar con té en sus casas.
