Pese a que no logró la mayoría simple requerida de 61 votos en el Parlamento (Kneset), sus dos contrincantes en la puja por la Presidencia, a saber Reuvén Rivlin, por el Likud, y Colette Avital, por el Partido Laborista, retiraron sus candidaturas, lo que ha sido interpretado por los analistas como "todo un gesto" hacia el veterano estadista.
Con su elección Peres ve así culminada su última aspiración política paradójicamente como aspirante del partido de centro Kadima, fundado por su otrora enemigo Ariel Sharón.
Su último intento en llegar a la Presidencia del Estado, en julio del 2000, le valió una sonada derrota en el Parlamento, pues contra todo pronóstico el aspirante del Likud, Moshé Katzav, hoy denostado por escándalos sexuales, logró la mayoría de votos.
La Presidencia israelí es una institución meramente representativa sin poder ejecutivo alguno, pero con gran responsabilidad para maniobrar, e incluso influir, entre los tres poderes del Estado y el pueblo. "El presidente no tiene muchos poderes, pero tiene la autoridad para hacer obras positivas y transmitir fe "en los proyectos y retos nacionales", comentó recientemente.
Con todo, y desde hace décadas es una figura reconocida en la esfera internacional y suele participar en encuentros regionales y de los países ribereños, donde representa de facto a Israel ante sus vecinos árabes.
Pese a que durante el proceso de Oslo (1993-2000) Peres ha sido visto como una "paloma" de la política israelí tras el estallido de la última Intifada se alió con el carismáticos líder de la derecha Sharón (un "halcón"). Su reputación internacional como pacifista apenas se vio afectada.
Agencias