Badam, cubierta por un largo velo que sólo deja entrever sus ojos, no tiene el carisma de Malala, la niña prodigio que sobrevivió de milagro a un atentado de los talibanes. Pero tanto ella como la adolescente militan por la misma causa: la educación.
Con la esperanza de dar un empujón a su lucha, Badam decidió presentarse como candidata independiente a las elecciones paquistaníes del 11 de mayo en Bajaur, uno de los siete distritos tribales semiautónomos del noroeste del país en la frontera con Afganistán. Algo nunca visto.
Las zonas tribales son las regiones menos desarrolladas de Pakistán y las más afectadas por la "guerra contra el terrorismo", con la presencia de los insurgentes talibanes y los disparos de aviones pilotados por control remoto (drones) estadounidenses.
Sobre 1,7 millones de votantes en estas zonas recónditas, sólo 600.000 son mujeres, o sea un tercio de los inscritos, el índice más bajo en el país. Y lo que todavía es peor: las zonas tribales no cuentan con ninguno de los 60 escaños reservados a las mujeres en la Asamblea Nacional.
Esto significa que Badam se presenta como candidata frente a los hombres con el propósito de dar a las niñas la formación que ella no tuvo. "No he sido instruida, fui a la escuela del pueblo uno o dos años, y luego mi familia presionó para que abandonara los pupitres", contó a la AFP en pashto, la lengua de los pashtunes, un pueblo afincado en el norte de Pakistán y el sur de Afganistán.
"Me falta instrucción y por eso soy candidata a las elecciones, para promover la educación de las niñas, de las mujeres y también de los hombres", explicó Badam, casada con un profesor. "El distrito de Bajaur carece de todo, de colegios para las mujeres, de hospitales, de electricidad, de carreteras", enumera.
En las últimas elecciones generales, en 2008, los candidatos debían demostrar que tenían un diploma universitario, pero este requisito desembocó en el escándalo de los "falsos diplomas", ya que muchos políticos presentaron certificados falsificados.
"Badam sabe escribir su nombre, pero no es capaz de leer los periódicos. Sin embargo hablamos mucho de política (...) la semana pasada me preguntó si podía participar en las elecciones y le contesté que sí", cuenta su marido, Mohamad Sultan.
Como las autoridades renunciaron a exigir diplomas, el matrimonio presentó el pasado fin de semana la candidatura de Badam a la comisión electoral, que le dio su visto bueno, confirmaron las autoridades.
Un tabú en las zonas tribales
En los últimos meses, islamistas radicales paquistaníes destruyeron numerosos colegios para niñas y mataron a profesores. Pero Badam no recibió amenazas.
"Nadie me amenazó", asegura Badam, quien lleva a cabo su campaña con pocos medios pero el apoyo de su marido y de su familia.
"No podré organizar mítines; me voy a centrar en el puerta a puerta", adelanta. Sin medios financieros ni el apoyo de partidos políticos, Badam tiene pocas posibilidades de resultar elegida. Con todo, ya puede cantar victoria.
"Simbólicamente hace estremecer un tabú, pero no lo destruye. El hecho de que una mujer se levante para decir que puede representar a la población mejor que los hombres y que otras mujeres es un gran cambio", estima Ijaz Jan, profesor de la Universidad de Peshawar, ciudad del noroeste de Pakistán cercana a las zonas tribales.
Y este cambio parece ser del agrado de los hombres de Jar, la capital de Bajaur. "Su candidatura permitirá dar otra imagen, moderada, de nuestra región. Desde hace años se nos asocia, sin razón, a los insurgentes, a los terroristas y a los atentados, esto permitirá demostrar al resto del país que no somos así", explicó Bahadur Jan, de 48 años.
En un bazar local, Sultan Zeb, un comerciante, asiente: "Los parlamentarios de Bajaur no lograron resolver nuestros problemas, quizá una mujer lo consiga".
Fuente. AFP