Biografía de la pelota
PRETEXTOS. POR JAVIER ZEBALLOS
De trapo o con cinco medias, como la de chiquillada que cantaba El Sabalero.
De plástico, como aquellas de mi infancia que se pinchaban enseguida, de
goma o de cuero, como las que soñábamos tener y que, con suerte, nos la
traían lo reyes magos, la pelota ha rodado en el tiempo.
(Por Javier Zeballos)
02.06.2006
Mucho ha cambiado desde el supuesto origen en la China del siglo IV, hasta el mundial gobalizado que está a punto de comenzar para que el planeta quede hecho pelota.
Para los uruguayos, estemos o no en un mundial, ausencia recurrente en los últimos 30 años, no es necesario explicar nuestro romance con la redonda. Antes se decía que, más que con un pan debajo del brazo, nacíamos con una pelota. Frase hecha que aludía al ícono de Obdulio en Maracaná discutiendo con el juez y demorando el reinicio del partido luego del gol brasileño, sin saber una palabra de inglés. En el manejo simbólico de la mitología futbolera que el Uruguay elaboró post-Maracaná para explicar la victoria, alimentado en cada una de las sucesivas derrotas, ese romance con la pelota se fue convirtiendo en divorcio. Antes éramos los que la llevaban y traían mágicamente para asombro de muchos, luego pasamos a ser los que la corríamos casi sin tocarla. El partido con Holanda en Alemania 74 fue la contracara de la imagen que seguíamos mitificando, pero aquella derrota, en vez de sumergirnos en la realidad, nos hundió más en el mito. Lo curioso es que en esa relación con la pelota, dejamos de jugar con ella. Pasamos de salir a jugar a la pelota en la calle o el campito, a ir a practicar o a aprender a la escuelita de futbol.
Recuerdo un libro que perdí, en el que un sociólogo español cuyo nombre no recuerdo, analizaba, allá por fines de los años 70, las transformaciones del futbol. Decía algo así como que la batalla del futbol posmoderno por borrar los resabios feudales y agropecuarios, se podía rastrear a través de una suerte de biografía de la pelota. Y describía el tránsito desde aquel balón marrón, casi un bulbo extraído de la tierra, con gajos y un piripicho a manera de raíz cortada, hasta la pelota blanca, hermética, cerrada, de esferidad perfecta y matemática, hija del laboratorio tecnológico y no de la tierra labrada que, sin embargo, aún aparece en el palimpsesto de los surcos arados que representarían las franjas que a menudo matizan el verde de las canchas. No es casual que en las canchas europeas, el verde parezca un billar y en las nuestras remita directamente a pasto, como un resabio del futbol agropecuario en oposición al futbol tecnológico.
Aquel sociólogo explicaba que el balón marrón de los partidos de antes, era más bien un producto hortícola, fuertemente sexuado y rebelde. Se erraban goles por golpear sobre su protuberancia o se convertían por dar casualmente en ella. Argumentaba que aquel balón antiguo tenía personalidad, corporiedad y peso, se ofrecía como un fruto jugoso a ser partido y celebrado, pues tenía gajos. Mientras aquel balón expresaba los valores de la nutrición, la nueva pelota refleja la anorexia. Mientras aquél simbolizaba al sol y se disputaba como sagrado, la nueva pelota es asociable a la imagen especular de la luna y su inaprensión calórica. Frente a la sensualidad del balón-sol, la pelota-luna sólo es un reflejo de luz. Lanzada al aire ya no tiene nada que ver con al fragor natural del sol sino que su referente es la luz del mercurio frío y halogenado de los partidos nocturnos.
Agregaba que la pelota antigua tenía sus partes bien notorias, un adentro inflado, en los comienzos a puro pulmón, y un afuera de cuero al que se le dispensaban cuidados revitalizadores, embadurnándolo con grasas y dejándolo secar al sol. En la nueva pelota, el cuero ha sido disuadido tras el ahogo de un baño líquido impermeable y ha sido abolido el color. Antes tenía corporiedad, ahora la pelota blanca es un concepto abstracto inscrito en las leyes de la geometría con su circularidad exacta. Su modificación, a través del diseño de dibujos en negro, ha reflejado diferentes características de la cultura de cada país anfitrión de la cita mundial. En Italia 90 fue la pelota Adidas Etrusco. En argentina 78 lo había sido Adidas Tango. El cambio había comenzado en la racionalista Alemania del 74 donde nació la pelota dado con sus hexágonos blancos y pentágonos negros que quebraban su circularidad en aras de una mayor geometrización del balón. Sin embargo, los holandeses, a muchos, se la hicieron ver cuadrada.
Ahora llega el momento de "Teamgeist" que significa "espíritu de equipo" en alemán. Luego de tres años de esfuerzo conjunto, Adidas y Bayer MaterialScience idearon el nuevo balón de fútbol para la Copa del Mundo de Alemania 2006. El objetivo fue crear una pelota perfecta: más redonda, más exacta y más resistente. Para éste mundial, descartaron usar la pelota inteligente, esa que posee un microchip que un sensor detecta y con la que se acaban las discusiones de si fue gol o no, ya que se puede saber su exacta posición, algo que le hubiera venido muy bien a los alemanes, pero cuarenta años atrás, cuando en la final del 66 los ingleses les festejaron un gol que nunca pasó la línea.
La espuma de la pelota Teamgeist está compuesta por microesferas llenas de gas. Esto da al balón una inigualable capacidad retráctil, que hace que vuelva rápidamente a su forma original luego de cada golpe, recuperando su forma esférica y manteniendo una aerodinamia perfecta en su vuelo a la red o a la tribuna. Sobre la capa de espuma, el balón tiene una cubierta que lo protege de las influencias externas como la humedad, y le da una elasticidad excepcional. El resultado es que, incluso bajo condiciones de fuerte lluvia, el balón apenas aumenta el peso. Es el primer balón mundialista sellado térmicamente y sin costuras. Además, tiene una revolucionaria configuración de 14 piezas, en vez de las 32 que se utilizaban habitualmente. La novedad tecnológica, desarrollada en la Universidad inglesa de Loughborough durante los últimos tres años, es el sellado térmico que, según afirma el fabricante, "le aporta características únicas que no se consiguen en una pelota tradicional".
Adidas calcula que batirá todos los records de venta del balón mundialista y superará por primera vez los diez millones de unidades vendidas. Hasta ahora, los modelos más exitosos fueron el "Fevernova", del Mundial 2002, y el "Roteiro", de la Eurocopa 2004, con seis millones de pelotas vendidas. La Teamgeist es el accesorio más vendido de cara al Mundial de Alemania. Bien se podría decir que con esta pelota, Adidas hace un tuya y mía, pero no tocando en corto sino con un gran pase largo, ya que encargó la Teamgeist a un fabricante de balones japonés, la empresa Molten, cuya principal factoría se encuentra en Tailandia. En la fábrica que lo hace, ubicada en Sriracha, trabajaron en la zafra del mundial, unos mil empleados, en su mayoría mujeres jóvenes, que apenas cobraban 3,8 dólares al día y no llegaban a los 115 dólares al mes, menos que el costo de una sola de esas pelotas al ser vendida en muchos países del mundo.
Con algunas de esas pelotas se jugarán los partidos del mundial que está a punto de comenzar. Todos menos uno. La final del mundial de Alemania tendrá un balón propio. La pelota será diferente a la que se usará en resto de la Copa del Mundo. El dorado será el color predominante y por primera vez llevará los nombres de los equipos participantes y la fecha del partido. El propio Beckenbauer, Presidente del Comité Organizador, declaró que tocar ese balón no será una misión fácil, habrá que vencer en seis partidos y ser los mejores de la Copa. Solo unos privilegiados lo podrán tener en sus pies. Alguna trabajadora la tendrá en sus manos durante el proceso de fabricación, pero ellas, en la lejana Tailandia de los tigres del sudeste asiático, no conocen demasiados privilegios.
[email protected]
Para los uruguayos, estemos o no en un mundial, ausencia recurrente en los últimos 30 años, no es necesario explicar nuestro romance con la redonda. Antes se decía que, más que con un pan debajo del brazo, nacíamos con una pelota. Frase hecha que aludía al ícono de Obdulio en Maracaná discutiendo con el juez y demorando el reinicio del partido luego del gol brasileño, sin saber una palabra de inglés. En el manejo simbólico de la mitología futbolera que el Uruguay elaboró post-Maracaná para explicar la victoria, alimentado en cada una de las sucesivas derrotas, ese romance con la pelota se fue convirtiendo en divorcio. Antes éramos los que la llevaban y traían mágicamente para asombro de muchos, luego pasamos a ser los que la corríamos casi sin tocarla. El partido con Holanda en Alemania 74 fue la contracara de la imagen que seguíamos mitificando, pero aquella derrota, en vez de sumergirnos en la realidad, nos hundió más en el mito. Lo curioso es que en esa relación con la pelota, dejamos de jugar con ella. Pasamos de salir a jugar a la pelota en la calle o el campito, a ir a practicar o a aprender a la escuelita de futbol.
Recuerdo un libro que perdí, en el que un sociólogo español cuyo nombre no recuerdo, analizaba, allá por fines de los años 70, las transformaciones del futbol. Decía algo así como que la batalla del futbol posmoderno por borrar los resabios feudales y agropecuarios, se podía rastrear a través de una suerte de biografía de la pelota. Y describía el tránsito desde aquel balón marrón, casi un bulbo extraído de la tierra, con gajos y un piripicho a manera de raíz cortada, hasta la pelota blanca, hermética, cerrada, de esferidad perfecta y matemática, hija del laboratorio tecnológico y no de la tierra labrada que, sin embargo, aún aparece en el palimpsesto de los surcos arados que representarían las franjas que a menudo matizan el verde de las canchas. No es casual que en las canchas europeas, el verde parezca un billar y en las nuestras remita directamente a pasto, como un resabio del futbol agropecuario en oposición al futbol tecnológico.
Aquel sociólogo explicaba que el balón marrón de los partidos de antes, era más bien un producto hortícola, fuertemente sexuado y rebelde. Se erraban goles por golpear sobre su protuberancia o se convertían por dar casualmente en ella. Argumentaba que aquel balón antiguo tenía personalidad, corporiedad y peso, se ofrecía como un fruto jugoso a ser partido y celebrado, pues tenía gajos. Mientras aquel balón expresaba los valores de la nutrición, la nueva pelota refleja la anorexia. Mientras aquél simbolizaba al sol y se disputaba como sagrado, la nueva pelota es asociable a la imagen especular de la luna y su inaprensión calórica. Frente a la sensualidad del balón-sol, la pelota-luna sólo es un reflejo de luz. Lanzada al aire ya no tiene nada que ver con al fragor natural del sol sino que su referente es la luz del mercurio frío y halogenado de los partidos nocturnos.
Agregaba que la pelota antigua tenía sus partes bien notorias, un adentro inflado, en los comienzos a puro pulmón, y un afuera de cuero al que se le dispensaban cuidados revitalizadores, embadurnándolo con grasas y dejándolo secar al sol. En la nueva pelota, el cuero ha sido disuadido tras el ahogo de un baño líquido impermeable y ha sido abolido el color. Antes tenía corporiedad, ahora la pelota blanca es un concepto abstracto inscrito en las leyes de la geometría con su circularidad exacta. Su modificación, a través del diseño de dibujos en negro, ha reflejado diferentes características de la cultura de cada país anfitrión de la cita mundial. En Italia 90 fue la pelota Adidas Etrusco. En argentina 78 lo había sido Adidas Tango. El cambio había comenzado en la racionalista Alemania del 74 donde nació la pelota dado con sus hexágonos blancos y pentágonos negros que quebraban su circularidad en aras de una mayor geometrización del balón. Sin embargo, los holandeses, a muchos, se la hicieron ver cuadrada.
Ahora llega el momento de "Teamgeist" que significa "espíritu de equipo" en alemán. Luego de tres años de esfuerzo conjunto, Adidas y Bayer MaterialScience idearon el nuevo balón de fútbol para la Copa del Mundo de Alemania 2006. El objetivo fue crear una pelota perfecta: más redonda, más exacta y más resistente. Para éste mundial, descartaron usar la pelota inteligente, esa que posee un microchip que un sensor detecta y con la que se acaban las discusiones de si fue gol o no, ya que se puede saber su exacta posición, algo que le hubiera venido muy bien a los alemanes, pero cuarenta años atrás, cuando en la final del 66 los ingleses les festejaron un gol que nunca pasó la línea.
La espuma de la pelota Teamgeist está compuesta por microesferas llenas de gas. Esto da al balón una inigualable capacidad retráctil, que hace que vuelva rápidamente a su forma original luego de cada golpe, recuperando su forma esférica y manteniendo una aerodinamia perfecta en su vuelo a la red o a la tribuna. Sobre la capa de espuma, el balón tiene una cubierta que lo protege de las influencias externas como la humedad, y le da una elasticidad excepcional. El resultado es que, incluso bajo condiciones de fuerte lluvia, el balón apenas aumenta el peso. Es el primer balón mundialista sellado térmicamente y sin costuras. Además, tiene una revolucionaria configuración de 14 piezas, en vez de las 32 que se utilizaban habitualmente. La novedad tecnológica, desarrollada en la Universidad inglesa de Loughborough durante los últimos tres años, es el sellado térmico que, según afirma el fabricante, "le aporta características únicas que no se consiguen en una pelota tradicional".
Adidas calcula que batirá todos los records de venta del balón mundialista y superará por primera vez los diez millones de unidades vendidas. Hasta ahora, los modelos más exitosos fueron el "Fevernova", del Mundial 2002, y el "Roteiro", de la Eurocopa 2004, con seis millones de pelotas vendidas. La Teamgeist es el accesorio más vendido de cara al Mundial de Alemania. Bien se podría decir que con esta pelota, Adidas hace un tuya y mía, pero no tocando en corto sino con un gran pase largo, ya que encargó la Teamgeist a un fabricante de balones japonés, la empresa Molten, cuya principal factoría se encuentra en Tailandia. En la fábrica que lo hace, ubicada en Sriracha, trabajaron en la zafra del mundial, unos mil empleados, en su mayoría mujeres jóvenes, que apenas cobraban 3,8 dólares al día y no llegaban a los 115 dólares al mes, menos que el costo de una sola de esas pelotas al ser vendida en muchos países del mundo.
Con algunas de esas pelotas se jugarán los partidos del mundial que está a punto de comenzar. Todos menos uno. La final del mundial de Alemania tendrá un balón propio. La pelota será diferente a la que se usará en resto de la Copa del Mundo. El dorado será el color predominante y por primera vez llevará los nombres de los equipos participantes y la fecha del partido. El propio Beckenbauer, Presidente del Comité Organizador, declaró que tocar ese balón no será una misión fácil, habrá que vencer en seis partidos y ser los mejores de la Copa. Solo unos privilegiados lo podrán tener en sus pies. Alguna trabajadora la tendrá en sus manos durante el proceso de fabricación, pero ellas, en la lejana Tailandia de los tigres del sudeste asiático, no conocen demasiados privilegios.
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