El concepto de palimpsesto sintetiza nuestra relación con el pasado. Del latín palimpsestus derivado de su origen griego, alude a un manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior, ya sea una tablilla, un rollo de cuero, un papiro, pergamino o cualquier otro soporte material de un texto. Palin, en griego, significaba de nuevo, y unido al verbo psao, que quiere decir raspar, frotar para borrar lo antes ya escrito, termina definiendo el emerger de un texto anterior por sobre lo que estuvo escrito arriba. En la antigüedad, y sobre todo en el medioevo, una práctica común en los monasterios era reutilizar pergaminos antiguos, generalmente con textos paganos, borrándolos y escribiendo encima, lo que ha permitido recuperar textos de enorme valor que lograron sobrevivir como palimpsestos. En la actualidad, no sólo se restringe a textos sino a todo fenómeno que implique un resurgir por sobre los intentos de borrarlo, ignorarlo, esconderlo o negarlo.
Luego del caso Judas, que atrapó la atención hace pocos días, hay que recordar que no es la primera vez que se suscita una conmoción en torno a las escrituras neotestamentarias y la vida de Jesús. Hace más de treinta años salía a luz una interpretación basada en una misteriosa carta encontrada en un monasterio de Israel, que dejaba traslucir un Jesús gay. 
En 1973 también hubo revuelo en el ambiente científico y religioso, cuando Morton Smith, Profesor de Historia Antigua de la Universidad de Columbia, publicó un libro sobre el Evangelio Secreto de Marcos. Según el prestigioso académico, había descubierto un fragmento durante una visita en 1958 a la biblioteca del antiguo monasterio ortodoxo de Mar Saba, en Jerusalem. Una parte de ese evangelio desconocido se hallaba en forma de cita en una carta de Clemente de Alejandría, un importante sacerdote que vivió cerca del año 200 en la famosa ciudad egipcia sobre el Mediterráneo. La carta, desconocida hasta esa fecha, estaba dirigida a un tal Teodoro. Esa carta había sido copiada por una mano anónima, presumiblemente en el siglo XVIII, dado su caligrafía, en unas hojas en blanco de un libro sobre Ignacio de Antioquia escrito por de Isaac Voss en 1646. El Profesor Smith logró fotografiar el texto manuscrito de la carta insertada en el libro pero, lamentable y misteriosamente, el libro desapareció del monasterio y nadie lo ha vuelto a ver. Parece haber constancia del traslado a otra biblioteca ortodoxa desconocida y sólo se revelaron otras fotos que logró tomar un antiguo bibliotecario.
En la epístola, Clemente explicaba a Teodoro que en Alejandría circulaba una copia del Evangelio Secreto de Marcos falsificada por la secta de los Carpocracianos. Una secta gnóstica semipagana de los seguidores de Carpócrates, un culto que mezclaba concepciones pitagóricas y platónicas junto con la adoración de Jesús como un maestro en comunión con lo divino. Clemente alertaba a Teodoro de no tomar en cuenta tales fantasías heréticas pero, en una vuelta de tuerca insospechada, y como prueba de la falsificación, citaba dos fragmentos del verdadero Evangelio Secreto de Marcos, que él aseguraba conocer perfectamente. Clemente de Alejandría no cuestiona la existencia de una redacción de Marcos diferente de la conocida versión canónica que, junto a la de Mateo y la de Lucas, conforma los evangelios llamados sinópticos del Nuevo Testamento, que se diferencian del evangelio de Juan con el que conforman los cuatro aceptados. Clemente daba por sentado que una cosa era el evangelio para el común de los creyentes, y otra, la versión que el mismo Marcos había compuesto para los iniciados. Versión que contenía algunas doctrinas que Jesús reservaba para sus más selectos seguidores. El texto citado por Clemente como verdadero del Evangelio Secreto de Marcos dice:
"Y llegaron a Betania, y allí había una mujer cuyo hermano había muerto. Llegó, se postró de rodillas ante Jesús y le dijo: Hijo de David, ten piedad de mí. Pero los discípulos la reprendían. Jesús se enfadó y se fue con la mujer hacia el jardín donde estaba la tumba. Y al instante se oyó desde el sepulcro una gran voz; y acercándose Jesús hizo rodar la piedra de la puerta de la tumba. Y enseguida entró donde estaba el joven, extendió su mano y lo resucitó. Y el joven, mirando a Jesús, sintió amor por él y comenzó a suplicarle que se quedara con él. Y saliendo de la tumba, se fueron a la casa del joven, pues era rico. Y después de seis días le dio Jesús una orden y cuando cayó la tarde vino el joven a Jesús, vestido con una túnica sobre el cuerpo desnudo. Y permaneció con él aquella noche, pues Jesús le enseñaba el misterio del reino de Dios. Y saliendo de allí se volvió a la otra ribera del Jordan".
Según Clemente, el agregado que hacían los carpocracianos era el siguiente: "estando desnudo con desnudo" Clemente no aclara dónde, pero el único lugar posible es luego de "...y permaneció con él aquella noche" insinuando inequívocamente una cierta práctica homosexual por parte de Jesús como parte de ciertos ritos iniciáticos que impartía sobre los misterios de Dios. Clemente rechaza horrorizado semejante interpretación, que según él, no se hallaba en el Evangelio Secreto de Marcos, del que reconoce su existencia. El examen de la caligrafía de la carta arrojó la conclusión de su pertenencia al siglo XVIII. Si fue escrito en esta época, una falsificación tan perfecta no habría sido posible, pues implica un conocimiento exhaustivo de la literatura cristiana primitiva que estaba lejos de haberse alcanzado por entonces. A su vez, es coherente con lo que se conoce del cristianismo primitivo, incluyendo la referencia a los carpocracianos, secta de la que hay numerosas menciones de otros autores. En cuanto a los rasgos estilísticos y de vocabulario comparativos con la obra de Clemente de Alejandría, parece apuntar que la carta es auténtica. Es decir, es una carta autentica escrita en el siglo XVIII que transcribe un texto del siglo II que concuerda con Clemente de Alejandría, que aparece como su autor.
En el excelente libro Fuentes del Cristianismo, tradiciones primitivas sobre Jesús, editado por la Universidad Complutense de Madrid, el Profesor Antonio Piñero, en el Capítulo 10 titulado Los evangelios apócrifos, recrea la polémica desatada a mediados de los años 70´ y se adentra en sus implicaciones. Expone que, frente a semejante hallazgo, primero implicaba dilucidar si la carta era auténtica o no. El Profesor Smith alegaba que concuerda con elementos de lenguaje, estilo e ideas presentes en Clemente de Alejandría, olvidando, sin embargo, que el uso de frases preposicionales con acusativo fue un fenómeno muy detectable con posterioridad a la época de Clemente, al que corresponde una construcción en dativo. Algunos autores se mostraron favorables a los argumentos de Smith pero otros expresaron opiniones en contra, como la de E. Murgia, que la catalogó como "un sello de autenticidad...fabricado por un hábil falsificador que pretendía rodear de un entorno auténtico los fragmentos de un presunto evangelio secreto". Antonio Piñero expresa que, más allá de las serias dudas, se puede ver en tales pasajes, restos de una antigua tradición, por cierto, expresada en el lenguaje de Marcos, del que aclara que existen pruebas de antiguas reelaboraciones de su evangelio canonizado, como por ejemplo, las mismísimas versiones de Mateo y Lucas, que tendrían como fuente a Marcos, citando la argumentación de H. Koster en Ancien Christian Gospels, donde afirma que existió una versión de Marcos más breve que la canónica, que fue utilizada por Mateo y Lucas, puesto que coinciden en sorprendentes omisiones que explicarían el empleo de Marcos como fuente. Además, que la versión más larga, canonizada, fue escrita por la misma mano que redactó el evangelio secreto, el que supone muy antiguo porque, como lo atestiguaría este pasaje de la resucitación del joven encontrado por Smith, faltan los joanismos, el estilo de Juan, que sería el evangelio más tardío de los cuatro sinópticos canonizados, por lo que esta narración se emparentaría con las tradiciones narrativas anteriores, más cercanas a la época de Jesús.
Pero luego expone la fundamentación de Merkel, que dice que el citado fragmento es una reescritura de la resucitación de Lázaro, abreviada y retocada por alguien que imitaba muy bien el lenguaje de Marcos. Y aclara que uno de los motivos para la duda es, precisamente, que ese lenguaje parece ser demasiado igual al de Marcos, donde muchas de sus características estilísticas aparecen en el fragmento, tan juntas y pronunciadas, como no lo hacen en el resto de su obra conocida. Entrando en el contenido del texto, y concediendo el beneficio de la duda, Piñero se pregunta ¿Qué información nueva aportaría el Evangelio Secreto de Marcos? Entre otras, se centra en la fundamental, el amor del joven por Jesús y la orden de éste de que, luego de seis días de enseñanza, se someta a una suerte de iniciación durante toda la noche. Y agrega: "Debemos confesar que de ser cierto el fragmento, tenemos una información interesante y novedosa. Jesús impartía enseñanzas secretas y privadas a ciertas personas que consideraba aptas sobre el contenido profundo del reino de Dios"
Pero luego expone las importantes opiniones de Reginald Fuller respecto a estas novedades, quien afirma que la enseñanza secreta y la iniciación son sospechosas de anacronismo para el momento histórico de Jesús, pues encajan demasiado bien con la gnosis secreta y mística que reinaba en Alejandría en el siglo II. Con las prácticas de las sectas gnósticas, de las que se han encontrado algunos papiros denominados Los Evangelios Gnósticos, y que son una corriente cristiana que reivindica una concepción mística del cristianismo. Ni que hablar lo que implica la versión interpolada por los carpocracianos acerca de ese rito "desnudo con desnudo" rechazado tajantemente por Clemente, que encaja muy bien con sus heterodoxos ritos. Aunque hay que aclarar que el movimiento gnóstico no se debe reducir a éstos ya que es mucho más heterogéneo.
Según Zeferino Gonzalez en su Historia de la Filosofía, para los carpocracianos, el alma racional pertenece al mundo superior y no al cuerpo, en el cual se halla como prisionera; pero conserva las aspiraciones propias de su naturaleza espiritual y divina. En virtud de este principio, algunos hombres, elevándose sobre las leyes de la naturaleza y humanas, excitando y vigorizando la reminiscencia de la felicidad que gozaban en su vida superior anterior, llegan a la unión gnóstica, a la unión íntima e intuitiva con el Ser Divino. Es la gnosis perfecta, en la que desaparecen la diferencia de cultos y religiones, la distinción entre lo justo e injusto, entre el vicio y la virtud. Todo es lícito al gnóstico que ha llegado a ese estado de iluminación, ni las pasiones ni el pecado pueden mancharle. San Irineo afirmaba que Carpócrates enseñaba que, para librarse de la transmigración, era preciso entregarse a todo género de acciones y experimentar todos lo placeres, que en los carpocracianos conduce lógicamente a la abolición de toda ley moral y a la práctica de las orgías que la historia atribuye a estos sectarios. El Profesor Smith argumentaba que el texto ponía en evidencia que Jesús practicaba ciertas artes mágicas, y agregaba que una cierta tradición libertina entre los primeros cristianos pudo tener origen en el propio Jesús, dando por sentado que esos ritos tenían un componente físico, que el liberarse de las leyes del heterodoxo Jesús llevaba a que se complementara la unión espiritual con la unión física del iniciado con el maestro y con Dios. Piñero aclara que tal información aportaría una novedad sobre Jesús que no se halla en los evangelios aceptados, y en casi ningún otro, pero ni aun aceptando la autenticidad de la carta, hay asidero para semejante opinión.
Hay que recalcar que el cristianismo, tanto en sus orígenes como en todo su desarrollo histórico, es un impresionante sincretismo cultural. En el, la imagen de Jesús ha sufrido transformaciones constantes, como lo reseña A. Kalthoff; "Mostrará ya los rasgos de un filósofo griego, ya los de un César romano, ahora los de un señor feudal con el que se hace Cristo Re o los del maestro de gremio, los de un atormentado campesino vasallo o los del libre burgués. Todos perviven por el hecho de que las más variadas y opuestas fuerzas sociales ya operaban en la época de Jesús, cada una de las cuales puede tener una proyección y semejanza con las de otros tiempos y con las de la a actualidad. Estas contradicciones llevan a que su imagen retenga los rasgos de antiguos profeta o de los santos pero también los del moderno líder de los trabajadores, incluso los de un jefe guerrillero."
No es casual que el considerado como El Mesías, salvador de la humanidad, refleje los más variados contrastes que animan la vida moderna y que asuma, o se le haga asumir, los caracteres y rasgos de los modernos despreciados y marginados de hoy y de siempre.
La polémica desatada hace más de treinta años por la extraña carta y el misterio de la desaparición del libro que la contenía, pone de relieve que sobre el cristianismo, y en especial sobre vida y enseñanzas de Jesús, se ha dicho mucho y seguramente hay mucho por decir; y no es la primera vez que aparecen o resurgen documentos que aluden a detalles desconocidos y reñidos con la interpretación oficial elaborada durante siglos.
Tales documentos, como los famosos Manuscritos del Mar Muerto, los más de setenta Evangelios Apócrifos o el removedor Evangelio de Judas encontrado en Egipto en los años 70´ y difundido internacional e intencionalmente en vísperas de la semana santa, exponen la diversidad teológica existente en los primeros siglos vividos por las comunidades cristianas que se llamaban a difundir las enseñanzas de Jesús. Una diversidad contraria a la unicidad férrea con la que catolicismo dominante se empeñó en adoctrinar a los fieles. Una diversidad que jamás pudo ser silenciada o destruida y que se empeña en recordarnos, pese a quien pese, el viejo palimpsesto de toda cultura humana.
Javier Zeballos. Sydney, abril 19 de 2006.
[email protected]
Vea el artículo en el blog de Zeballos
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