El MERCOSUR nació como un emprendimiento exclusivamente económico comercial. Así surge de los documentos firmados pero más aún de la intención y alcance que se le quería dar, por lo menos del lado oriental. La organización política de los países de la cuenca platense determinó el nacimiento de las distintas nacionalidades a través de un proceso difícil, especialmente para mi país. Las relaciones que cabe profundizar son las de integración física y comercial, la complementación industrial, la coincidencia puntual en determinados planteos internacionales como los referidos al comercio. Todas estas y muchas más son ajenas a los avatares políticos, a los cambios políticos, a la mucha o poca sintonía entre los gobiernos. Los que se relacionan son los países, sus realidades, no sus gobiernos, por definición cambiantes y pasajeros.
Nada ejemplifica mejor este punto que una referencia a las relaciones internacionales. Cada nación tiene su estrategia de acercamiento o distancia con los países que a su interés conviene. No puede generalizarse ni hacerse común ese interés. La independencia de actuación es, en este plano, vital. Veamos como ejemplo claro la intensidad con que se vincula la Argentina con Venezuela, en pleno ejercicio de su derecho a así hacerlo, de acuerdo a sus conveniencias soberanas. No puede ni debe forzarse en este, como en ningún caso, la adopción obligada de similares vínculos por parte de los demás socios mercosurianos.
Por ello reputamos un gran error el ahondar, en relación al proceso de integración económica, los vínculos políticos entre los países del MERCOSUR y muy especialmente la creación del llamado Parlamento de esa organización Nos oponemos y opondremos a la cesión de soberanía que ello implica. Como orientales no podemos ser parte absolutamente minoritaria de una estructura política regional, integrada por nuestros vecinos, porque ello afecta nuestra independencia .Pero agregamos que no convienen este tipo de vínculos a ninguno de los demás países. Todos sabemos, porque sabemos de historia y de "realpolitik" que el día que se apruebe por ese parlamento, como puede ocurrir, una resolución contraria al interés de alguno de los países grandes, la misma no se aplicará. Es así y es natural que así sea en las relaciones de poder ante las cuales cede el tenue freno del derecho. No embarcarse en asumir obligaciones de difícil o imposible cumplimiento es la mejor receta.
En cambio, en el mundo del comercio, del comprar y del vender, ajeno a los intereses políticos, siempre se logran equilibrios con mayor facilidad.
Esta situación de incumplimiento ya se ha dado en el ámbito del MERCOSUR comercial. Los laudos solicitados y las decisiones de los correspondientes tribunales arbitrales, para solucionar controversias comerciales, no se cumplen y no se hacen efectivos. Las naciones están desarmadas jurídicamente ante estas situaciones.
Creemos firmemente que el camino de fortalecimiento del MERCOSUR, pasa por un sinceramiento y un análisis crítico de su funcionamiento. Para ello es preciso retornar a las fuentes, al inicio. Se pactó una organización que fomentara y facilitara el comercio y mejorar las economías. Debemos preguntarnos en qué ha fallado, en qué aspectos no se ha hecho verdad. Desechar toda connotación política que hoy puede ser relativamente fluida y mañana, con otros gobiernos no, para tener éxito en lo que realmente importa que sea generar comercio libre y economías desarrolladas y por ende trabajo y prosperidad para todos.
Debemos ser muy sinceros. Un MERCOSUR como el que tenemos hoy no sirve a los intereses del Uruguay. Si fracasaran las negociaciones diplomáticas que sugerimos somos de la opinión que nuestro país debe de reconsiderar su actual vinculación con los socios. Hay otras formas de asociación posibles, más adecuadas a la realidad que la que hoy existe - en algunos campos – solamente en el papel.
La integración debe de beneficiar a los socios de la manera más pareja. Si no lo hace, no cumple sus objetivos.
1) La energía como objetivo.
Muchas veces pecamos por querer hacer lo mejor antes que lo bueno. Con soltura proclamamos comunidades sudamericanas o avanzamos en el papel en similares proyectos. Mientras tanto la realidad muestra carencias patéticas e inexplicables a los ojos del mundo como los problemas de generación y distribución regional de la energía .La integración europea a la que a veces, equivocadamente, apelamos como ejemplo, comenzó como la comunidad del carbón y el acero. Nosotros, nuestra región, no ha sido capaz de acordar con Bolivia un precio justo para su gas y un suministro seguro para los compradores. Si se quiere trabajar en serio por una integración, ahí está un gran tema como desafío a nuestros gobernantes, a nuestros países.
Una dificultad añadida en estas horas es el encarecimiento del gas debido a las retenciones establecidas por el gobierno argentino. Es una medida hija de la escasez, que es la raíz del problema. En abundancia y en el libre tránsito energético está la salida duradera.
2) La cuestión de las fábricas de pulpa de madera.
La situación que vivimos con la Republica Argentina por este asunto, no tiene antecedentes en cuanto a gravedad y prolongación. Respecto de la misma debemos distinguir dos aspectos y por supuesto que lo haremos con el debido respeto por los asuntos internos de la nación que hoy nos recibe. Toda referencia que hagamos a actos o a circunstancias propias de la vida interna de la Argentina, lo serán en relación con el conflicto que nos preocupa.
El problema se puede abordar desde dos puntos de vista, el jurídico y el político, que, como es habitual, son de difícil distingo y separación.
El litigio principal esta radicado en el más alto nivel internacional y solo cabe esperar la sentencia de la Corte después de un procedimiento que, más allá del fallo, cabe destacar como una prueba de la vocación pacífica y jurídica de las relaciones entre nuestros países.
Otras instancias jurídicas y políticas no han sido aceptadas, por ejemplo la consideración del tema en al ámbito del MERCOSUR o de su denominado Parlamento. Ello es prueba evidente la de la crisis de nuestra organización a la que antes aludimos.
En el plano político, el factor concreto de perturbación de las relaciones es el corte de los puentes, el impedimento de la libre circulación entre nuestros países. Cortar vías de comunicación bajo el pretexto de ejercer derechos tan legítimos como el de la libre expresión, no es de recibo en ninguna nación que viva bajo el imperio de la ley. Todos los derechos reconocidos al ser humano y al ciudadano son de similar valor y jerarquía y lo que distingue a las naciones bien organizadas es la posibilidad de que se ejerzan en forma contemporánea y armónica, bajo las mismas garantías. Protestar por parte de unos y circular por carreteras y puentes por parte de otros, puede y debe de ser posible. Impedir esa circulación es tan condenable como que se prohibiera a los disconformes protestar.
Estas cuestiones son de resorte interno de la nación argentina pero queremos creer que las decisiones a adoptar tendrán en cuenta las distintas magnitudes políticas de las dos actitudes políticas posibles: continuar tolerando los cortes o retornar a una buena relación con el Uruguay.
La Sra. Presidente Cristina Fernández tuvo, en los primeros días de su mandato un actitud abierta frente al problema, extremo que mucho apreciamos y valoramos. Lamentablemente las circunstancias que rodearon el inicio del funcionamiento de la fábrica de pasta no fueron correctas ni apropiadas. Esperamos que se pueda recrear ese espíritu.
3) Hacia una solución.
Señalábamos como un defecto principal de nuestra pretendida vocación integracionista la incapacidad para resolver el tema del gas. No podemos pecar de igual forma en el asunto que nos preocupa.
El río Uruguay ha sido frontera en todas las acepciones que el término admite, vale decir que ha sido separación e interacción. Alrededor de esta gran corriente se desarrolló gran parte del proceso formativo de las respectivas nacionalidades y fue escenario central para la acción de Artigas, precursor del federalismo argentino, a la par que Jefe de los Orientales. Entrerrianos y uruguayos hemos mezclado nuestras querellas y nuestros quereres, hemos dado amparo al refugiado de la otra costa en las horas de
persecución y hemos navegado las mismas aguas. Tres puentes y la gran represa son testimonio sólido de una voluntad de entrelazamiento que perdura.
Hacia adelante, en la profundización y ensanchamiento de la relación está la solución a la dificultad de hoy. Ante una crisis de relación fronteriza, profundizar y ensanchar la misma. La represa requiere un mejor aprovechamiento, para ello será necesario modificar sus turbinas. La represa debe de completar su función facilitando la navegación, para ello hay que terminar la obra de la esclusa. El río debe de ser mejor navegado, para ello hay que dragar. La ventaja del transporte debe de ser aprovechada, para ello hay que generar inversiones en una y otra ribera mediante un plan de desarrollo que – bajo las más estrictas medidas ambientales- traiga prosperidad a ambas naciones. FONPLATA ya existe, dotarlo de recursos es sencillo. Hace del río no un problema sino una gran solución debe de ser el objetivo central de nuestras relaciones.
En el tema ambiental, los dos países somos ambientalistas y a la vez desarrollistas, en el buen sentido de la palabra. Lograr ambas metas equilibradamente es el desafío propio de naciones civilizadas, amigas y vecinas.
4) Ante el bicentenario.
Falta poco para que ingresemos en una serie de recordaciones que deben ser algo más que un ejercicio de memoria colectiva. De los gloriosos días de 1810 deriva la revolución artiguista de 1811 y así, sucesivamente, todo el proceso formativo de nuestras naciones. En ocasión del primer centenario, ante un conflicto fronterizo platense, el Protocolo Ramírez – Sáenz Peña puso una nota de paz y comprensión mutua. No podemos llegar a las fechas aludidas en otra sintonía que no sea la de hacer de la vecindad y la raíz común una fuente de paz y prosperidad para las dos pueblos protagonistas de dos centurias de vecindad y de valores compartidos